20 septiembre, 2007
Reloj Biológico
¡Anda! Se me paró el reloj antes de que sonase la alarma...
(Escrito por ella desde Xi´an, provincia de Shanxi, China, en el día de su trigésimo sexto cumpleaños, 20/09/2007)
19 septiembre, 2007
La Ciudad y la Plaza Prohibidas
La segunda, es un refugio de exclusividad imperial, con un acceso vedado durante siglos a los extranjeros y a la mayor parte de los chinos. En esta jaula dorada residieron los sucesivos monarcas que decidían (o eran utilizados para decidir) el destino del país. Emperadores de las dinastías Quing y Ming no abandonaban el gigantesco recinto salvo que no tuvieran más remedio y eso no ocurría demasiado a menudo, pues la Imperial Voluntad era casi todopoderosa.
El acceso a través de las dos primeras puertas es gratuito pero no hay nada que ver aparte de puestos de venta de recuerdos y bebidas. Traspasar la tercera, y entrar en el grueso del conjunto que alberga el mayor y mejor preservado grupo de edificios antiguos en China, tiene un precio claro, 60 yuanes. Si queréis contar con una audio-guía, su alquiler son 40 yuanes, dejando 100 de deposito.


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A ambos lados de nuestra ruta principal, encontraremos un laberíntico complejo de edificios de


Desandando mi sinuoso camino, abandono la Ciudad Prohibida saliendo por el acceso que está bajo el enorme retrato que todos conocéis y voy paseando, por un acceso peatonal subterraneo, los pocos metros
En un extremo de Tiananmen se encuentra la entrada a la Ciudad Prohibida, con el retrato de Mao colgando sobre la principal arcada, la que era uso exclusivo del emperador y por donde yo he salido del recinto. En medio de la plaza, el Monumento a los Héroes del Pueblo, un obelisco de estilo también grandioso y soviético, detrás el mausoleo de Mao (que durante mi estancia en Beijing se encontraba en obras y el camarada no recibiría más visitas hasta el 20 de Septiembre) y detrás de este, en linea y separadas ambas por una carretera, dos reconstruidas y altas puertas de una ya desaparecida muralla. El kilómetro 0 de las autopistas chinas está precisamente a los pies de una de ellas.
Como en una escena de película o sacada del día a día de rodar en zonas conflictivas del mundo, se me acerca un policía uniformado de verde y me tapa el objetivo con la mano sin miramientos.
Algo ha estallado dentro de mi cerebro. No se quien es el hombre de blanco ni que es lo que reclama (¿democracia? ¿libertad de expresión? ¿que el Ejercito Chino y el Partido Comunista abandonen el Tibet y cese la política de genocidio cultural?) pero quiero volver a fotografiarlo, quiero captar la imagen de quien se atreve a desafiar un sistema cruel y corrupto, viviendo rodeado de su hediondez. El título oficial de las fuerzas armadas chinas es ''Ejercito de Liberación del Pueblo'' pero a los chinos solo los liberan de la carga de pensar por si mismos y de tomar decisiones en libertad. Hipócrita y criminalmente, una minoría asentada en el trono dorado, amparados por Marx y Lenin, usando la figura de Mao y el nacionalismo, tiene a sus pies a mil millones de esclavos. Eso no es justo. En esta vida hay muchos tonos de gris y pocas cosas que sean solo blancas o negras. Pero el gobierno de China y su doble rasero son color ala de cuervo.
Como si yo no me hubiera enterado de nada, levanto la cámara para una foto más. El policía vuelve, acompañado de una colega de azul uniforme, y ella, con cara de pocos amigos, me dice ''No pictures''.
Y entonces por fin me asalta la cordura y el razonamiento de que yo no soy ningún periodista ni tengo inmunidad diplomática y que esto, como Cuba o Corea del Norte, es un País Comunista, que si rascas la superficie (como yo estaba haciendo) encuentras la paranoia y actitudes fascistas que imperan desde que Lenin empezó a leer y que no tengo ganas de que mi cámara acabe en una comisaría china. Sobre todo, conmigo al otro lado de la correa. Así que me retiro para sacar fotos desde mas lejos.
Nunca sabré contra qué protestaba el hombre de blanco porque no habrá ningún articulo en los periódicos o mención en los programas de noticias. La ultima vez que le veo es cuando nueve uniformes del miedo le conducen a un coche de policía.
Nota: Recientemente los medios de comunicación se hicieron eco masivo de la retirada de juguetes, fabricados en China, de los mercados de varios países porque su pintura contenía plomo. No es un caso aislado. Varias personas me han comentado ya otros escándalos que reflejan la falta de escrúpulos, la corrupción, el favoritismo y el culto al dinero (bajo el paraguas de Marx para los dirigentes del Partido) que son endémicos en el país. Una dictadura con un barniz de ideología que justifica y ampara desigualdades como las que no hay en ningún país del criticado y demonizado Occidente.
Una serie de muertes por malnutrición llevo a descubrir que una fabrica de comida para bebes estaba distribuyendo un producto que carecía de valor nutricional alguno. Los pequeños eran alimentados con diligencia y regularidad por sus madres pero ellos, literalmente, se morían de hambre.
En el afán por dar cobijo a una población siempre creciente, la carrera por construir viviendas e infraestructuras tiene un perdedor claro, la seguridad. A veces los constructores usan cemento de baja calidad que convierten la probabilidad de un derrumbamiento en una certeza, siendo la única duda el número de años que tardará en producirse. Hace unas semanas, un puente nuevo se derrumbaba unos días antes de su inauguración mientras se retiraban los correspondientes andamios.
Lo peor del capitalismo y lo peor del comunismo imperan aquí, soportados por la tradicional estoicidad y vida sencilla de mucha gente, auqnue el descontento es patente en los campos.
He visto gente tocando la guitarra en el interior del metro. Hay pobres mendigando en las estaciones y los vagones. En todas partes verás a alguien apostado cerca de una papelera dispuesto a coger la botella de plástico que tú vas a tirar. La juntará con otras y las venderá después, ganando así un magro dinero. En los pasadizos peatonales subterráneos, hay gente que pasa la noche tumbada sobre unos cartones en el suelo por carecer de vivienda. Si estás enfermo y no tienes dinero, estás condenado a muerte, pero rodar una película propagandística (que no un documental) sobre esa tragedia no hace crecer aún más la cuenta corriente, el ego ni el diámetro de la barriga a nadie.
(Escrito por el desde Beijing, China, el 29 de agosto de 2007)
La cabeza que todo lo ve
Por si acaso, al cabo de un rato de viaje, pongo en marcha el Plan B. Otra vez mi anonadado amigo tendrá una historia original que contar a sus compañeros mientras se echan un cigarrillo y comparten una taza de te de sus termos (con una tapa en la que juegan con las imágenes como en los brillantes cromos de mi infancia: según el ángulo con que la mires puedes ver las torres gemelas o una mezquita, la Ópera de Sidney o el Taj Mahal). Les podrá contar la anécdota del turista que saco su portátil y como fondo de pantalla tenía unas instrucciones, en chino e inglés, con un detallado plano a mano alzada para llegar a su destino.
Pero funciona. Al cabo de unos quince minutos llego a un vallado conjunto de edificios con cuatro guardias de seguridad en la puerta principal, en un puesto de control y enfrente del mismo, que me dirigen al bloque correspondiente. En cada portal hay una chica joven que franquea el paso a los inquilinos. Excepto a mí, claro, a quien no conoce. Llamo al portero automático pero no funciona y Stefi baja a abrirme. Ahora que la chica que ejerce de portera nos ha visto juntos, en lo sucesivo cada vez que me acerque al portal sera ella quien me abra sin que yo tenga que hacer ni siquiera el gesto de sacar la tarjeta que realiza la apertura automática.
Me prometí a mi mismo que no me compraría nada en China hasta pocos días antes de abandonar el país, así que ya me he comprado algo. Si para los nazis su Libro Sagrado era ''Mein Kampf'', para los chinos es el pequeño Libro Rojo que tengo en mi bolsillo con citas de mensajes de Mao. Y en español. Me pedían originalmente 85 yuanes pero la regla aproximada (porque depende del producto y de la ubicación) es conseguir 1/3 del precio de salida y de esa manera, ni se tima al comprador ni se sangra al vendedor. Dos minutos y tres intentos por mi parte de abandonar el puesto callejero mas tarde, el precio que ambos acordábamos eran unos razonables 30 yuanes (aunque sospecho que pagué el doble de lo que deberia). Después Stefi me lleva (siempre en Metro, ésta es una gigantesca metrópolis donde no se puede ir andando a ningún sitio porque nada esta cerca) a la Plaza de Tiananmen, y, enfrente de ésta, el acceso a la imperial Ciudad Prohibida. Como una anacrónica reliquia de otros tiempos, un retrato del fallecido dictador despide sonriente a los que salen por la Puerta Norte. Me hago la inevitable foto con Mao a mis espaldas, compartiendo ese gesto con algunos turistas y muchos, muchísimos, chinos. Después cruzamos el paso subterráneo y salimos a un triste y maquillado símbolo de la libertad oprimida, la Plaza de Tiananmen.
En los vagones de ricos también se fuma. Y el humo también llega a todas partes. Hay que joderse con el respeto a los demás. Con la inestimable
La Ciudad Prohibida
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Entrada meridional a la Ciudad Prohibida. La puerta central estaba reservada al uso exclusivo del emperador y, excepcionalmente, al de la emperatriz, en el día de su boda.
El capitán no podría haber soñado con mayor prestigio y honor que el de entregar la mano de su hija al emperador, por lo que pronto quedaron rotos los sueños de Xiao Lan y de su prometido Jung Lu. Con dieciséis años y el corazón partido, Xiao Lan entró a vivir dentro del recinto amurallado de la Ciudad Prohibida.
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Pronto quedó embarazada, dando al emperador su único hijo varón. Habiendo dado a luz al futuro heredero del trono, Xiao Lao ascendió a concubina de primer rango y su nombre fue cambiado por el de Cixi (Santa Madre). Sin embargo, nunca consiguió el afecto de su esposo, el cuál no manifestaba sentimientos más que por Li Fei, su predilecta concubina.
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Pese a su mano de hierro, Cixi terminó cediendo a la presión de las fuerzas aliadas occidentales y aplicando medidas reformistas para la modernización china. Se construyeron líneas de ferrocarril y escuelas, se penalizó el consumo de opio, y se abolió la pena de muerte por desangramiento (la pena de los mil cortes), amén de otros profundos cambios sociales.
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09 septiembre, 2007
¿Ya...? ¿Cómo que ya...?
¿Cómo que treinta y seis?

(Escrito por él desde Ulaan Baatar, Mongolia, el domingo 9 de Septiembre de 2007 - porque el jueves 6 estaba en Xongor, donde hay muchas dunas pero no ordenadores - después de que su trasero y huesos hayan sobrevivido a todos los baches imaginables en un desierto)
06 septiembre, 2007
Ruta Sur
1. La opción más popular y menos económica consiste en deslizarse por las aguas del río Li, en dirección a Yangshuó. Por un precio oscilante entre 350 y 500 yuanes (de 35 a 50 euros, dependiendo de que el crucero incluya comida y guía angloparlante), puedes disfrutar de unas cuatro horas de belleza kárstica. Eso sí, prepárate para un buen madrugón.
2. La opción cutre, por la que me decanté, consiste en subirse a uno de los frecuentes autobuses locales que por el módico precio de 15 yuanes (1 euro y medio) te deja en el centro de Yangshuó en cosa de una hora. Una vez allí, puedes elegir entre varias excursiones fluviales por el río Yulong, ya sea en barco, kayak o balsa de bambú.
Yangshuó, con una población de 300.000 habitantes, se ha convertido en una de las principales mecas del mochilero. Numerosos cafés, pizzerías y bares, ofrecen diversión y descanso para el viajero cansado de comer arroz y sopa de fideos. Pese a que la globalización y el desarrollo turístico le hayan restado gran parte de su genuinidad, Yangshuó sigue ofreciendo innumerables encantos: puentes de piedra, parques, lagos recubiertos por flores de loto, montañas calizas, cuevas, búfalos de agua bañándose en el río, terrazas de arrozales...
No os despidáis de Yangshuó sin haber disfrutado de:
1. Sus aguas. Un paseo en barco os permitirá gozar de la belleza escénica del río, sin hacer el más mínimo esfuerzo.
2. Sus alrededores. Un paseo en bici por las afueras de la ciudad es rito obligatorio para todo viajero que se precie de explorador. Preparaos para sudar. De camino a “Moon Hill” (Colina de la Luna), podéis hacer paradas para visitar varias cuevas y un árbol centenario (“Big Banyan Tree”).
3. Su espectáculo de luz y sonido,“Impressions Liu Sanjie”. Impresionante. Todas las noches, de ocho a nueve, 600 artistas dirigidos por el cinematógrafo chino Zhang Yimou, interpretan piezas de ópera china sobre un escenario de agua, con doce picos iluminados como telón de fondo. No lo dejéis para el último día, ya que el espectáculo puede verse cancelado por inclemencias del tiempo. No vayáis a quedaros con la miel en la boca, como me pasó a mí. Quince minutos después de iniciarse el espectáculo, la música se detuvo y una voz anunció la mala noticia por megafonía. En chino, claro. Una estudiante, que estaba sentada a mi lado, me ofreció la traducción: el río Li, cuyo caudal lleva más de dos días nutriéndose de persistentes precipitaciones, fluye demasiado rápido para que pueda proseguir el espectáculo.
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Dali, a 1900 metros de altitud, es la primera ciudad imperial del Yunnan. La ciudad cuenta con 110.000 habitantes, distribuidos entre la zona nueva (Xiaguán) y el antiguo casco amurallado. La estación de trenes se encuentra en Xiaguán y el taxi hasta el casco histórico viene a costar unos 30 ó 40 yuanes, según vuestras artes de regateo.
La ciudad amurallada se encuentra al sur del Erhai Hu, un lago alargado cuyas dimensiones exceden los 30 kilómetros de largo por seis de ancho. Mucho ánimo para aquellos que deseen circunvalarlo, aunque me consta que es posible. Conocí a un israelí, curtido ciclista, que se jactaba de haber superado el reto en aproximadamente seis horas (hago eco de sus palabras, pero no doy fe de su veracidad).
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Una de las particularidades de la sociedad Naxi consiste en su aceptación de las parejas de hecho. El sistema “azhu” (traducido como “amigo”) permite relaciones sexuales entre hombres y mujeres sin obligación a casarse ni a establecer una residencia común. Típicamente, la pareja mantiene relaciones sin abandonar el hogar parental. Los hijos nacidos de tales uniones pertenecen a la mujer. El hombre no tiene obligación de aportar su apoyo económico y, generalmente, lo hace sólo mientras perdure la relación.
Pese al carácter matriarcal de los Naxi, sólo los hombres ejercen como chamán o “Dongba”. Los Dongba custodian la tradición escrita Naxi, cuya milenaria escritura pictográfica sigue todavía en uso.
Nota: para aprender más acerca de la cultura Naxi, os recomiendo que visitéis el Instituto de Investigación Dongba, en el parque del “Black Dragon Pool” (30 yuanes).
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Nota: en Lijiang, os recomiendo que durmáis en uno de los tres hostales “Mama Naxi”. En el“Mama Naxi 3”, abierto hace tan sólo cuatro meses, mama Naxi ofrece suculentas y abundantes cenas por el módico precio de diez yuanes. La cena se sirve puntualmente a las seis de la tarde y sin pedidos “à la carte”.
En Shangri-La, a más de 3400 metros de altitud, se empieza a respirar el aire del Tíbet. Los arrozales han dejado paso a las montañas, los búfalos de agua a los yaks, los templos chinos a los monasterios tibetanos, los pueblos de piedra a los de madera, y el calor al frío.
Durante los tres días que he pasado aquí, no me he quitado el gorro más que para ducharme. Hace un frío que pela y, peor aún, no ha parado de llover (menos mal que el monzón terminó, teóricamente, el mes pasado). Otro detalle que me hace pensar que estoy más cerca del Tíbet que de China, es la ausencia de espíritu empresarial por parte de los “shangrileses”, a los que no se les ha ocurrido poner estufas en las habitaciones ni secadoras en las lavanderías. Y esto último sí que es un problema, porque a fuerza de pasearse (y dormir) con toda la ropa puesta, pronto se le acaban a uno las camisetas y calcetines limpios. Llegados a esta crítica coyuntura, uno se tiene que enfrentar con el siguiente dilema: volver a ponerse la ropa apestosa o darla a lavar, con el consiguiente riesgo de pasar el resto de la semana llevando ropa húmeda.
Yo he optado por compartir mi tufillo con el resto de la humanidad. Afortunadamente, en esto no estoy sola. Una de mis compañeras de viaje, Yael, sostiene la teoría de que la ropa sucia, dejada de lado durante unos días, vuelve a estar limpia como por arte de magia. Menudo notición. Tanta publicidad para vendernos polvos quita manchas y lavados ultra blancos, cuando resulta que la mierda y los malos olores, ¡con el tiempo se evaporan! (Junior, no te emociones, que te veo venir: no, insisto, no, Juni, no, los platos de la cena NO se friegan solos por mucho que los dejes a remojo).
Otros viajeros parten de Shangri-La hacia Chengdu, en lo que se conoce como la ruta de la “puerta trasera” o “back door”. Consiste en recorrer las carreteras de montaña en autobuses locales, durante cinco o seis días, haciendo escala en varios pueblos tibetanos: Xiangcheng, Litang y Kangding.
Nota para Junior, que hoy, día seis de Septiembre del 2007, cumple 36 añitos de nada (de acuerdo con su último email, que recibí hace cinco días, José está ahora recorriendo el desierto de Gobi en compañía de tres veinteañeras finlandesas, ¡el pobrecito!): JUNI, cuidadito con la leche de yegua fermentada, que me han dicho que produce tremendas resacas...
(Escrito por ella desde Shangri-La, provincia de Yunnan, China, 06/09/07)
01 septiembre, 2007
Sin noticias de José
Si bien lo ultimo que publiqué era sobre Shanghai, después de esa ciudad visite Beijing, la Gran Muralla, la Ciudad Prohibida y la Plaza de Tiananmen (donde tuve un breve encuentro con la larga mano de la policía china).
La semana pasada, el miércoles, cogí un autobús nocturno a una ciudad fronteriza china (Erlian/Erenhot) a la que llegué a las 6 de la mañana. Tardé 4 horas en atravesar la frontera en un Jeep y, en el lado mongol, me tocó esperar en un pueblo hasta las seis de la tarde en que un tren nocturno me llevó a Ulaan Bataar, la capital de Mongolia, a donde llegué a las nueve de la mañana del viernes. Para que veais que lo del viaje complicado no era ninguna broma.
Mañana, domingo, madrugo para irme a recorrer, durante 7 dias/ 6 noches, el Desierto del Gobi. Obviamente no todo, claro, sino un circuito que (merced a una media de seis horas metido en un Jeep a diario) ofrece lo mejor de este paraje. E incluye cada noche dormir en un tradicional ger y disfrutar de una cena típica nómada (que ya me se los platos, porque los he probado en U.B. y no os imaginais lo que supone para un estomago delicado).
Pero todo es parte de la aventura...! Y eso incluye la diarrea que me atacó en Beijing y que sólo ahora empieza a remitir. O que mi cámara se haya estropeado. Otra vez.
Sergi, ya me dirás como hicisteis tu y Roisin para que no os pasara nada!!!! David, tu me dirás como hiciste para que en poco mas de cuatro meses te pasara de todo!!! Dani, ya me dirás como te lo estarás pasando en el veranito de España!!!
En fin, entre la ausencia de acceso a Internet a la sombra de las dunas, lo complicado de la vuelta a China (porque el Trans Mongolia no sale mas que los sábados), y lo cansado que voy a estar en Beijing, a lo mejor las siguientes noticias mías las escribo bajo la congelada mirada de los guerreros de terracota.
(escrito por él desde Ulaan Bataar - la capital mas fría del mundo -, Mongolia, el 1 de Septiembre de 2007...a 5 días de la fecha clave)