27 agosto, 2007

Arte, copas y sexo en Shanghai

Mi primer día en Shanghai no es precisamente corto. Con una hora de retraso hemos llegado a la estación y nuestro equipaje es olfateado por perros policía (como no llevo chorizo ni jamón, no hay problema). Al igual que en el aeropuerto de Hong Kong y en la terminal del ferri procedente de Macao, hay detectores de la temperatura de los pasajeros (cámaras térmicas) para identificar posibles casos de SARS.

La salida a la calle es precedida del habitual apelotonamiento y en el exterior me reciben con fuerza el sol y la muchedumbre que se agolpa en sentido contrario al mío, buscando esforzadamente un hueco para entrar en el edificio. Me cuesta un poco orientarme con tanto letrero en mandarín pero afortunadamente en el metro (ditie, señalizado por un cartel de fondo azul con una D blanca, en el interior de un semicírculo del mismo color) me encuentro con carteles en ingles, aunque el pronunciar en chino el nombre de la estación de destino me resulta difícil. Llego sano, salvo, sudoroso y cansado a casa de Sierra que, muy maja ella, me ha dejado una nota en la puerta y una llave escondida en la maceta, bajo su ventana. Al abrir la puerta, dos bolitas de pelo negro se me quedan mirando con sus enormes ojos gatunos. Los siguientes días, esté donde esté dentro de la casa, ellos encontrarán una manera de jugar a mi alrededor (coincidiendo con mi llegada, descubrieron como abandonar el encierro de la cocina y acceder al salón - y yo no tuve nada que ver en el asunto)

Esta tarde llegarán Meneleos, Eva y Mikaelos, los tres griegos que me toman el relevo en casa de Sierra. Nos vamos todos a cenar a un sitio caro, moderno, pijillo (no hay mas que ver las flores y velas en el baño). Demostramos que cuando queremos, podemos y se acaban pidiendo cuatro platos de pasta y una ensalada César (para Sierra, aunque lo descompensa bebiendo un batido de chocolate). Claro que hay postre, y todo aquí gira en torno al chocolate. A mi se me cae en el plato una cosa negra, enorme, a la que llaman Chocolate Therapy. Hace un rato que pensaba reventar pero increíblemente encuentro hueco para el monstruo. ¿Un paseito para hacer la digestión? Mientras los otros tres vuelven a casa, Meneleos me acompaña al Bund, a hacer fotos nocturnas. No sé cuando ni desde dónde hicieron las suyas los de Lonely Planet pero sólo hay un edificio iluminado y nada espectacularmente. El verdadero espectáculo está en la orilla, con la correspondiente torre de comunicaciones, media docena de rascacielos y una pantalla gigantesca en la fachada de uno de los edificios con algo que parece un anuncio (¿publireportaje?) sobre la naturaleza, a juzgar por la de pajarillos que salen en él. También hay espectáculo en esta orilla, humano. Por un lado, son legión los turistas que hacen fotos nocturnas de lo que tenemos delante, incluso con flash, en un alarde de ignorancia, fe o tecnología fotográfica que desconozco. Por otro, donde hay algo que fotografiar hay siempre alguien que quiere vender algo. Viscosos muñecos que se estampan contra la pared y el suelo recuperando su forma original. Fuera de temporada, y parece ser que es un éxito entre los niños, aros para la cabeza con un par de cuernos rojos. Iluminados. Increíblemente horteras reproducciones de la torre de comunicaciones de unos doce centímetros, incrustadas en un bloque de plástico. Iluminadas. Con varios colores. A la vez. también esta el que no tiene ingenio, ganas, o interés en vender algo y directamente se limita a pedir limosna. También en la variante que incluye a un niño en brazos. Y son todos tremendamente insistentes.

Por la mañana tengo dos tareas: conseguir dinero y dar dinero. Primero a buscar un cajero en que funcione mi estúpida Visa Diez del BBVA (''no, gracias''). No tengo suerte en el primero, pero en el segundo se me alegra el día (pese a los mas de 35 grados de temperatura). Saco 2000 CNY, otros 2000 CNY y, por si acaso, otros 2000 CNY. Casi 600 Eur, una fortuna aquí. Con eso debería tener para Shangahi, Beijing, el tren a Mongolia, el visado e incluso para Mongolia, aunque allí buscaré un ATM otra vez. En el que funcione mi tarjeta. Teniendo en cuenta que me quedan varios viajes en tren, la cantidad no es tan exagerada, aunque no me gusta llevar tanto efectivo encima. Pero gracias a esos inútiles de BBVA Responde, no hay más remedio. Encuentro la oficina de venta de tickets que me había comentado Sierra y compro mi billete a Beijing. No quedan hard sleepers así que tendré que darme el lujo de ir en soft sleeper. Si no hay mas remedio... Después de mi doble felicidad, me auto premio con un completo menú en Burger King por dos euros (¿no estaréis pensando que todo iba a ser fideos y arroz?). Entro en el Parque del Pueblo y una chica sentada me pregunta en inglés que de dónde soy. Al oír mi respuesta, un señor sentado cerca me saluda con un ''Hola'' en español. Curioso. El parque es un remanso de tranquilidad rodeado de rascacielos. Cuenta con un pequeño lago en el que hay un restaurante nada barato.


Al salir del verde pulmón de la ciudad, esperando en un paso de cebra, una chica y un chico se paran a hablar conmigo. Son estudiantes de empresariales y quieren saber de dónde soy, qué me parece Shanghai, cuanto llevo aquí, si he ido ya a Beijing, cómo es mi ciudad, etc. El semáforo se pone verde dos veces antes de que me despida de ellos. No se si esto es normal.

Luego, paseando en dirección al Bund me paro a hacer una foto y se me acercan dos chicas. Una es tímida y de Shanghai, la otra no tanto y es la que mas habla conmigo. Son estudiantes y me preguntan de dónde soy, qué me parece Shanghai, cuanto llevo aquí, si he ido ya a Beijing, cómo es mi ciudad, etc. Luego dicen que si vamos a tomar algo, un café o una cerveza. Esto ya me suena, así que me excuso diciendo que acabo de comer y no me apetece tomar nada. Me despido amablemente de ellas.

Continúo mi paseo hacia el Bund y una chica se me acerca y me pregunta de dónde soy, qué me parece Shanghai, cuanto llevo aquí, si he ido ya a Beijing, cómo es mi ciudad, etc. Es una estudiante de arte de provincias y ha venido con algunos compañeros y profesores a exhibir sus obras aquí. Se le une una compañera suya. Hace dos días que trasladaron sus obras al edificio que tenemos enfrente y me invitan a visitar la exhibición. Acepto encantado (siempre hay tiempo para el arte local) y subimos en ascensor varias plantas hasta una pequeña habitación cuyas paredes están cubiertas de trabajos sobre rollos de seda. Hay otros tres extranjeros escuchando las explicaciones de otros estudiantes mientras las chicas que me han acompañado me muestran sus obras. En cierto momento oigo a uno de los otros turistas decirle a una chica que en este país nada es gratis. Empiezo a comprender de que va esto, pero siguen las explicaciones de mis dos guías. Al cabo de un rato, la otra pareja no china dice que ellos viajan con un presupuesto ajustado y que no se lo pueden permitir. Se confirma. Cuando hemos recorrido toda la habitación me preguntan cúal es mi obra preferida y yo digo que todas son preciosas, que no puedo decidirme por una en concreto. Me preguntan por la temática que me gusta más y yo les digo que todas las representadas lo están muy bien. Finalmente me dicen que en China la educación es muy cara, que las familias son pobres, que cuesta mucho mandar a alguien a estudiar y que les compre alguna obra. No puedo hacerlo, porque aún me queda subir a Beijing, dos semanas en Mongolia, volver a Beijing, de alli a Xian...no pensaba hacer mis compras en China el segundo día, sino poco antes de irme al Tibet. Además, las obras son bonitas pero ninguna me ha dicho ''cómprame''. Son más de cinco minutos los que dedicamos a pedir que les compre algo y yo a decirles con firmeza que no. Las pinturas eran bonitas y estaban bien hechas. Fueron interesantes las explicaciones sobre los símbolos que allí se representaban (los caballos al galope en dirección a uno son un presagio de éxito, un tigre subiendo una montaña es buena fortuna...especialmente si va en dirección opuesta a la tuya) y las pinturas, insisto, eran guapas (al menos para un profano). Nos despedimos sin mayores problemas pero aquí he aprendido en persona la primera y triste lección del viajero en China. Desconfía de quien se te acerca. Unas veces solo querrán practicar su ingles o ver de primera mano a un extranjero. Pero otras acabarán pidiendo dinero.

Nota: Esa noche, durante la cena, Sierra me ha explicado un par de cosas sobre mi repentina popularidad y mis encuentros. Las razones que llevan a un chino o china a parar a un extranjero son principalmente:

Practicar inglés. Los domingos en la Plaza del Pueblo es el día del inglés.Cualquier ''lao wai'' que se acerque por allí sabe que enseguida se vera rodeado por ansiosos estudiantes que desean practicar el idioma. Aunque su nacionalidad sea alemana, francesa o, como es mi caso, española. Es solo divertido al principio y un poco cansado al final el ser el foco de tanta atención. Pero son inofensivos.

Vender algo. Aparentemente, China está lleno de estudiantes de arte que no tienen dinero y que venden sus obras de arte gracias a la gentileza de las autoridades locales, que les ceden una oficina en un edificio donde también hay oras empresas. Te abordan en la calle y te dicen que son de provincias, que han estado sus obras expuestas en un museo y que ayer las cambiaron de sitio a una nueva ubicación, donde, sin pagar entrada, tu podrás verlas con ellas ejerciendo de guías. Y ten en cuenta que es el ultimo día, que no puedes dejarlo para mañana. Al final, insisten en que les compres algo, aunque solo sea por lástima. Pueden ser muy pesados y, en realidad, China no tiene tantos estudiantes de arte genuinos.

Que les invites. Es otro de los motivos para acercarse a un extranjero. Charlan contigo un rato, pasean a tu lado, te proponen ir a tomar algo y te encuentras con que, a la hora de pagar, ellos no llevan dinero encima (por cierto, cuando después llegué a Beijing, visité la Ciudad Prohibida dos días seguidos y la misma chica que se me acercó a la salida en el primero, lo hizo también en el segundo: no debería tener muchos ''objetivos'' españoles porque con mis primeras respuestas se percató de su error...así que rápidamente se trajo a otra amiga a la que ''empujó'' a darme la misma conversación de la víspera). Sirve para una cerveza de 12 CNY o un menú de 120 CNY. Generalmente es una chica la que entabla conversación, te lleva a un sitio que escoge ella y puedes recibir la cuenta de media docena de amigas que ya estaban allí. No es inofensivo en absoluto, te deja con mal sabor de boca y una aversión al siguiente hijo de Confucio que se te acerque sonriente y te sugiera tomar algo juntos.

Tener novio. ¿Que ilusión y que bonito, verdad? Sobre todo si incluye que te regalen joyas, paguen cenas y te lleven a clubes. Ademas, miel sobre nata sobre tarta de queso, una boda les puede permitir salir del país y de la situación de pobreza y dictadura.. De todos modos, el sexo no tiene que llegar necesariamente la primera cita porque sino, ¿qué les queda a ellas para atraer al novio? Eso no quita para que haya chicas chinas muy modernas que comprendan y participen del concepto ''one night stand'' (¿''sexo de una noche'' en español?). Olvidaos de Europa del Este y veníos aquí a buscar novia. Aunque os saldrá caro, y no me refiero al coste del viaje.

(Escrito por él desde Beijing, el 11 de Septiembre de 2007)

Un dragón de tres cabezas

Como si de un legendario y poderoso dragón se tratara, China tiene tres cabezas que controlan este magnífico monstruo. Una de ellas es Hong Kong, la otra Shanghai y la restante es Beijing (anteriormente conocida como Peking o Pequín).

La cabeza que se encuentra mas al sur es Hong Kong. Durante más de cien años, colonia británica de facto y oficializada en 1897, cuando también se acordó que la soberanía volvería a manos chinas en la entonces lejana fecha de 1997. Llegó ese momento y, mediante la fórmula que ya en otro texto he mencionado de ''Special Administrative Region'' y el mandarín adagio ''un país, dos sistemas'' , Beijing puso un pie en la isla. Inicialmente acogido con temor y preocupación, los diez años transcurridos desde entonces no han mermado ni un ápice la tremenda potencia económica de este conglomerado de islas y península en el que conviven la alta tecnología, las elevadas y masificadas torres de viviendas y la extraña sensación de estar en un reducido Londres asiático. Merced a una moderna y eficaz red de metro (MTR) y una extensa serie de líneas de autobús, nunca se está a más de 20 minutos del centro (excepto en hora punta, claro, para el transporte de superficie)

Pasear por sus calles es encontrarse con autobuses de dos pisos que circulan flanqueados por rascacielos y altos edificios de los que cuelgan anuncios de todo tipo de productos y negocios. Si nos apartamos hacia un callejón secundario, nos asaltan los familiares olores de especiada comida que recordamos de Kuala Lumpur o Vientiane. En los comercios no es ningún problema dirigirse a un dependiente en inglés, ya sea para ordenar un sencillo menú o para adquirir una complicada cámara SLR Digital de último modelo (y entre un 20 y un 50 por ciento mas barata que las mejores ofertas online de Europa).

Es una ciudad que nunca duerme. Sus centros comerciales abren hasta medianoche, su puerto no deja de recibir mercancías y a cualquier hora es posible encontrar un establecimiento de comidas en el que recuperar fuerzas con una sopa de fideos o un plato de pato asado con arroz. Según los estándares asiáticos, que no europeos, el alojamiento aquí no es barato pero los precios de un desayuno, comida o cena son comparables a los de Bangkok. Aunque, si uno quiere, también se puede gastar cientos de euros en una opípara comida con un servicio impecable y con unas estupendas vistas a la bahía. Si lo hace a las ocho de la tarde, disfrutara además de un espectáculo de música y luz en el que los intérpretes son rascacielos. Coordinadamente, al compás de melodías clásicas, se encienden luces en las fachadas de distintos y emblemáticos edificios a ambos lados de la franja marina. Es gratuito y dura unos veinte minutos. Mi recomendación es verlo desde la Avenida de las Estrellas, en Kowloon, pues mas lejos (como en el mirador del Monte Victoria) no llega el sonido y la acción es menos espectacular.

Menos espectacular es también la otra cabeza del dragón. Mas al Norte, a un día de viaje por tren, se encuentra su gran rival, Shanghai, con sus fábricas, caos circulatorio, comercios y cerca de dieciocho millones de habitantes. A los ojos de los burócratas y altos cargos del Partido Comunista, ésta es la ciudad que desean se convierta en el nuevo motor económico de China. A diferencia de Hong Kong, la titularidad de la misma nunca estuvo en manos extranjeras y su occidentalización ha sido impulsada, como la del resto del país, por los a veces pragmáticos dictadores que gobiernan por decreto desde Beijing. Rolex, Ferrari, Maserati, Armani son, entre muchos otros (como los omnipresentes KFC y McDonalds) los signos evidentes del fervor con que la China post-Mao se reinventó a si misma tras el previsible colapso del comunismo en Europa del Este. Con banderas rojas y estrellas doradas, con uniformes verdes y muros de silencio, con carros de combate y cámaras de seguridad, se vigila que el capitalismo no arrastre a las masas hacia la democracia.

Dadles teléfonos móviles, canales de televisión, coches y ropa de lujo. Construid rascacielos y urbanizaciones lujosas. Abrid casinos en Macau y que vengan en masa a fotografiarse (de espaldas al arquitectónicamente ecléctico pero histórico Bund) frente a las esferas de la torre de comunicaciones de Shanghai. Cambiadlo todo para que nada cambie, parecen pensar los jerarcas comunistas.

Pero eso provoca el descontento en los campos, con protestas y violentamente reprimidas manifestaciones pacificas, y crea la inmigración ilegal dentro del propio país. No es ninguna peculiaridad, sino algo que es sintomático de cualquier régimen comunista, como China o Cuba. En la difunta URSS existía un pasaporte interno para los que deseaban viajar entre una de las repúblicas y otra. Obtenerlo era someterse a un proceso largo, complicado y en el que la vida propia y de la familia eran sometidas a un detallado escrutinio. En China, cuando alguien quiere mudarse, por ejemplo, de Xiian a Beijing, tiene que obtener la conformidad de las autoridades del lugar de origen y también de las del deseado destino. Pero en el destino pueden rechazarle y esa mudanza no llevarse a cabo nunca. ¿Os imagináis que el Ayuntamiento de cualquier ciudad española le negara el empadronamiento a alguien que viene de otra ciudad?. Tal vez esto podría servirle a Michael Moore como argumento para su próximo publireportaje propagandístico, aunque nunca aceptaría el reto.

Ante la perspectiva de una vida de miseria y pobreza en el campo, muchas son las polillas atraídas por las luces de la gran ciudad.


Nota: Cuando yo subía a Beijing, ellos bajaban desde allí, pero no puedo dejar de mandarle un saludo a Meneleo, Mikaelos, Eva (con los que compartí dos días y una noche bajo el mismo hospitalario techo) y Cosme, a quien conocí en una cena de CouchSurfing. Y, por supuesto, a mi anfitriona y sus dos preciosos gatitos, que nunca se estaban quietos y descubrían en mis playeros, mochila o yo mismo, un nuevo campo de juegos. Sierra solo lleva tres semanas en el país, aprendiendo mandarín a marchas forzadas rodeada de vecinos chinos y dando clases de Historia en un colegio internacional, pero a esta oriunda de Vermont no le arredran los desafíos (como el de hospedar a un español de insaciable curiosidad que no deja de preguntarle por distintos aspectos de la vida cotidiana en China).


(escrito por él desde Beijing, China, el 27 de agosto de 2007, la vispera de iniciar un largo y complicado viaje hasta Ulaan Baator, Mongolia)

18 agosto, 2007

El blog, censurado

No es ningún tratamiento especial. Nos está ocurriendo a nosotros pero sólo somos una mínima parte de las personas afectadas, que se cuentan por millones en todo el mundo. A nosotros, como a ellas, nadie les puede leer en China. Automóviles, coleccionismo de sellos, mariposas, pensamientos superficiales y profundos, traumas de adolescente, relatos eróticos, noticias y política. Los textos sobre esas materias y muchas otras que ahora no se me ocurren, no son accesibles para los mas de mil trescientos millones de habitantes de este país. Con la callada complicidad de Google , aquí no se puede acceder a ninguno de los blogs alojados en blogspot, otra de las empresas propiedad del influyente buscador.

Si un internauta que se conecte desde cualquier punto de China continental, teclea en su navegador la dirección de nuestro blog, al cabo de unos segundos obtendrá el siguiente resultado (el subrayado es mio y la captura de pantalla proviene de mi portátil):


'El servidor esta tardando demasiado en responder''

Y tanto que tarda. Sea la hora que sea, del día o de la noche, es imposible acceder a cualquier página cuya dirección sea loquesea.blogspot.com Ni las luchas con la inmobiliaria de mi loco Shamisenn, ni los textos de Daedaluss o los mas recientes de quien le escribe a la luna. Ninguna de esas páginas que he incluido como enlaces amigos de nuestro blog son accesibles para mí, para nosotros, para nadie en este país. Curiosamente, el dominio www.blogger.com en sí no está bloqueado, por lo que uno puede entrar en el menú de su página y subir textos pero NO leer comentarios ni ver el resultado en pantalla de lo que ha publicado. Así, una persona en China puede crear un blog pero ninguno de sus compatriotas podrá leerlo.

He buscado por Internet (corrección: por la parte de Internet que es accesible desde China) y he encontrado una solución, gracias a PK Blogs, para poder ver los textos que publicamos y engañar parcialmente a la censura. No podremos leer los comentarios, por ejemplo, pero podremos seguir publicando, hasta que los comunistas censuren también el acceso a esa pagina, los muy hijos de Marx.

Para nosotros esto es solo una molestia. Los que viven bajo un puño de acero envuelto en suave seda, sufren consecuencias mas dramáticas.

El Gobierno Chino (me permito recordar que aquí solo hay un Partido político, el Comunista) bloquea el libre acceso a la informacion para los ciudadanos y turistas que se encuentran en esa paranoico gigante. También ejecuta a los ladrones, condena a los disidentes, manda a la cárcel a quienes expresan pacíficamente su opinión, alberga la mayor concentración de presos políticos del mundo, reprime abiertamente las opiniones y manifestaciones religiosas externas, comete un genocidio nada disimulado en el Tíbet, detiene a menores de edad por manifestarse contra la polucion crea un megaproyecto orwelliano para controlar a sus ciudadanos...Y organiza los Juegos Olímpicos de 2008.

¿Por qué no, Cuba 2016? Vamos, Sr. Frutos , apueste por ello.


Nota: Con referencia a la actitud de China hacia disidentes y periodistas, podéis consultar estos recientes artículos (y, por supuesto, la pagina de Reporteros Sin Fronteras o la de Amnistia Internacional a las que yo no puedo acceder)

Nota a pie de pagina

Para los que nos siguen con regularidad y para los que entraron por casualidad. Para los viajeros de mochila y para los de sillón. Para la familia y los animales de compañía. Para ese señor calvo que siempre se sienta cerca de la puerta. Para todos los que nos leéis, por la presente, proclamo que nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar, que es el morir, como decía el poeta. Los ríos son caprichosos y a veces se separan en varios caudales y en otras reciben las aguas de distintos afluentes que se mezclan en uno solo.

Y cuando desde su nacimiento hasta su desembocadura atraviesan extensos y variados territorios, a veces se da la circunstancia que sus aguas se bifurcan. Y eso es lo que ha pasado con los dos viajeros que crearon y mantienen este blog. No es la primera vez que se separan, ya ocurrió cuando Isabel decidió quedarse varias semanas en Chiang Mai haciendo un curso de masaje. Por esas fechas, José se fue a Australia y la isla norte de Nueva Zelanda. Se volvieron a reunir en Wellington y recorrieron juntos la isla sur y Australia. Volaron juntos a Hong Kong y allí no pudieron reconciliar sus intereses: él quería subir inmediatamente a Shanghai, Beijing y cruzar la frontera con Mongolia mientras ella prefería internarse en el Sur de China. Sin tragedias griegas ni malentendidos, nuestros caminos se separan.

Así que no os sorprendáis si desde ahora las crónicas son individuales y desde destinos lejanos (para vosotros y entre ellos).



(Escrito por José desde Shanghai, China, el 17 de Agosto de 2007)

Literas, noodles y un país por comprender

La China que veo pasar fugazmente al otro lado de la cerrada ventanilla está llena de verde y rojo. El primer color es el de sus campos, cultivados casi en su totalidad, y el segundo no es por la bandera, sino por los ladrillos. No hay un solo pueblo de los que vuelan alejándose de mi mirada que no presente uno o dos edificios en distintos estados de construcción. Las estructuras rectangulares parecen un fruto más de la tierra, a juzgar por su continuada y preferida presencia. Este país es un gigantesco mercado, un complicado puzzle de mayorías y minorías étnicas, aspiraciones no satisfechas, corrupción generalizada y un nada oculto deseo de obtener prosperidad personal y de mostrarlo ostentosamente.

Bajo la bruma de la mañana, el tren numero T100 avanza en dirección a Shanghai mientras el especiado olor a ''noodles'' (fideos) y el masivo ruido de sorberlos se propaga por el vagón. Ocasionalmente también lo hace el humo de algún cigarrillo, pues aunque no se puede fumar en la zona de los compartimentos, si está permitido hacerlo en cada extremo del vagón, una vez pasados los baños. Y todas las ventanas están cerradas.



El compartimento número 7 y arriba a la derecha, mi cama, la número 14. Tres literas a cada lado y en el medio una pequeña mesa bajo la cual hay un termo de agua caliente. Se aprecian dos cosas, la luz de lectura individual y cómo se reduce el espacio entre literas desde la de abajo hasta la de arriba. No se nota la altura de la última litera, unos dos metros, ni que la luz individual está tan cerca del colchón que esa noche me golpeé la cabeza media docena de veces.



Me decía ayer John (un profesor de ingles oriundo de Canterbury y que había estado enseñando su idioma natal en, ¡que pequeño es el mundo!, la capitalina Oviedo, con el que entablé conversación durante el viaje) , que antes era mucho peor pues se fumaba en todos los rincones, incluyendo los pasillos de la zona de literas (cuyos compartimentos carecen de puertas). Una nube gris lo cubría todo y el aire era irrespirable, sin que a nadie pareciera importarle lo mas mínimo. Y todas las ventanas estaban cerradas.

Me ha prevenido contra algo que yo había leído y que el me ha confirmado como una realidad y no un estereotipo, aunque haya disminuido en ciudades como Beijing. Se trata de la generalizada costumbre de escupir, sin importar donde se está o a quien se tenga al lado. Cuestión de cultura y de educación, aunque los gérmenes no entienden ni de lo uno ni de lo otro. El caso mas ''sonoro'' me lo he encontrado mientras hacía cola para comprar el billete de metro, en el interior de la estación, cuando el carraspeo del chino que tenia al lado terminó en una blanca masa salivosa que dejó caer al suelo con la mayor naturalidad. Y eso que está prohibido. Lo que no lo está, y se hace también abiertamente y en público, es eructar ruidosamente tal y como comprobé ayer después de la hora de cenar y hoy tras el desayuno.


En esta fotografía se puede apreciar la distancia entre la litera de arriba y el techo del compartimento, bastante mayor que la existente en el caso de los ferrocarriles vietnamitas (como el Hanoi-Sapa). Mis mochilas, a un lado, y parte del equipaje de los otros viajeros, bajo la rejilla del siempre encendido aire acondicionado. No se pierdan el detalle de mis cómodos calcetines verdes.



Y aun así las ruedas de la milenaria china conducen a este país hacia el siglo XXI, queriendo confirmar todos los análisis que la consideran la futura potencia mundial. Y los engranajes de esas ruedas de vez en cuando requieren ''grasa'' para su correcto funcionamiento. El viscoso material se presenta en forma de billetes bancarios, para acelerar o garantizar una resolución administrativa o agilizar un tramite burocrático. Dado que los sueldos son bajos (incluso los de profesores universitarios o directores de sucursales bancarias), cualquier ingreso no ordinario suele ser bienvenido. Después de todo, cuando un funcionario de bajo nivel ve que muchos multimillonarios, propietarios de fabricas, casinos y hoteles resultan ser familiares directos de altos cargos del corrupto Partido Comunista, como van a rechazar ellos lo que sus jefes y líderes han abrazado directa o indirectamente?

Otro estereotipo que me confirma John es el del racismo de estas tierras. Los negros, por ejemplo, son poco mas que animales, aunque los blancos somos distintos, tal vez por la potencia económica de Europa y la militar de Estados Unidos, amén de nuestros siglos de Historia con descubrimientos científicos y exploraciones a lo largo y ancho del globo.





El vagón número 5 del tren T100. A un lado del pasillo, los compartimentos con 6 literas cada uno. Al otro, unos pequeños asientos plegables y sus correspondientes mesas de reducido tamaño




No relacionado con lo anterior, pero superando el nivel de anécdota para llegar al de tragedia surrealista, es el proceso para contraer matrimonio. Primero es necesario conseguir un permiso administrativo para, a continuación, someterse ambos y futuros cónyuges a un reconocimiento medico. En el caso masculino, eso incluye un recuento de espermatozoides y un estudio de su motilidad. En el caso femenino, se certifica si la novia es o no virgen y el novio puede rechazarla libremente en caso de que no lo sea. Si el amor triunfa sobre las connotaciones del rasgado hímen, entonces pueden comenzar los preparativos para solicitar el matrimonio civil.


En los servicios encontramos una práctica redecilla para depositar el móvil mientras estamos...agachados. El recipiente de plástico que vemos en la fotografía se llena de agua y se vierte en la taza, cuando hemos terminado, aunque en realidad no hay taza, sino un agujero en el suelo.


Nota: La ruta Beijing, Shanghai, Hong Kong está
perfectamente comunicada por vía ferroviaria. En lugar de dirigirme directamente hasta la capital china, opté por tomar el tren hasta Shanghai, donde pasaré unos días y luego cogeré otro expreso en dirección a la antigua Pequín. Hay dos clases básicas de compartimentos, ''hard sleeper'' y ''soft sleeper'' conforme a su designación anglosajona, litera dura y litera blanda seria la traducción al español. El segundo es el mas cómodo, con sólo dos literas a cada lado y lujos como pantallas de televisión. También es el más caro, con casi el doble de precio. El primero, el más barato y el único que se pueden permitir la mayoria de los chinos, tiene tres literas a cada lado, variando de precio (disminuyendo) desde la de abajo hasta la de arriba. Por razones de estatura y comodidad, ellos prefieren la primera o la de enmedio. Los extranjeros (que van con el presupuesto ajustado) y los que compran a ultima hora son los que acaban en la de arriba. Para los billetes infantiles, lo que cuenta es la estatura de las criaturas ya que según midan menos de 110 o de 140 cm pagarán una cantidad distinta (gratis en el primer caso, la mitad del billete en el segundo, y el billete completo si se supera esa altura).

En la estación (y hablo por la de Hong Kong) hay que presentarse unos 45 minutos antes de la hora de salida para pasar el control de aduanas (si no se tiene previamente la visa para China, no se embarca). A la hora de salida (con diez minutos de retraso en nuestro caso), una asistente pasa recogiendo los billetes y entregando en su lugar una tarjeta de plástico con la información de vagón y litera. Antes de llegar a Shanghai, pasará a recogerlas y volverá a entregarnos nuestro billete original. En los compartimentos (11 en cada vagón, con 6 personas en cada uno) hay una mesa y bajo ella un termo con agua caliente para poder preparar el te. Con cierta frecuencia, la asistente (una por cada vagón) pasara rellenándolos. también a primera hora de la mañana aparece el correspondiente empleado con un carrito para el desayuno de los que quieran comprarlo y consumirlo mismo (también hay un vagón restaurante, donde se acaba jugando ruidosamente a las cartas hasta altas horas de la madrugada). Un estuche con fideos y carne y un bol con una especie de grumosa sopa de arroz serán la primera comida del día para algunos. Como en cualquier parte del mundo, hay gente que se trae su propia comida y como estamos en China esa suele ser un recipiente con fideos instantáneos, así que hay un deposito de agua hirviendo para añadírsela. Se cierra la tapa, se esperan dos minutos y ya tiene usted listos para servir unos deliciosos ''noodles'' sabor a pollo o a ternera.

Por cierto, a las siete de la mañana vuelve a sonar la música en los altavoces, por si alguien no se había percatado de que es hora de levantarse.

Y a las doce del mediodía, con unos cincuenta minutos de retraso, llegábamos a esa gigantesca y bochornosa urbe que es Shanghai, donde ahora me encuentro.


(Escrito por Él parcialmente desde las alturas de la litera 14, compartimento 7, vagon 5 y finalizado en casa de Sierra, Shanghai, China, el 15 de agosto de 2007)

16 agosto, 2007

Test (Actualizado)

Lo explicare mas adelante pero si podéis leer correctamente este texto, por favor mandad un email a:

elyellaonthetrail@gmail.com

No hace falta que escribáis nada en el cuerpo del mensaje, con que pongáis en el asunto algo como ''Blog: leo el texto'' o similar, basta.

Gracias por vuestra colaboración y, como he dicho, lo explicare dentro de unos días!

Saludos desde Shanghai!

(intentado publicar por el desde Shanghai, China, el 16 de agosto de 2007)

Update: Gracias a los que habeis contestado y a Kike por confirmar mis temores. Dentro de unos días os explicare de que va todo esto, aunque ya os lo podéis imaginar...

10 agosto, 2007

Esperando a Pabuk

Tras quedarnos atrapados varios días por temporal de nieve en Wanaka (Nueva Zelanda), parece que la historia se repite. Esta vez en Hong Kong, atrapados en una habitación de hotel de la calle Paterson, mientras esperamos que el tifón Pabuk se nos eche encima a unos 63 km/h.

Hace dos días, subíamos a la cumbre del monte Victoria para hacer unas fotos panorámicas de la bahía, cuando nos encontramos con el primer cartel de advertencia: amenaza de tifón, alerta uno. No nos pareció demasiado inquietante, pero por si acaso, decidimos posponer nuestra excursión a Macao para el día siguiente (en teoría hoy).

Esta mañana, el crepitar de la lluvia nos despertó antes de que lo hiciese el despertador, y un Junior con ojos semicerrados me susurró al oído: “Pichu, ¿qué tal si dejamos lo de Macao para mañana?”. La verdad, estábamos divinamente acurrucados y calentitos bajo la colcha: “Vale cielo, durmamos otro poquito más”.

Como me decía ayer Junior, la pereza es madre de todos los vicios y, como madre, hay que respetarla. En esta ocasión, la pereza ha sido buena consejera, porque de habernos ido a Macao ahora estaríamos atrapados allí, calados bajo la lluvia, sin alojamiento ni posibilidad de regresar a Hong Kong y con todas nuestras pertenencias aquí. A las dos y media de la tarde, el observatorio de Hong Kong declaró estado de alarma ocho y , para las tres, se habían cancelado todos los ferris. ¡De buena nos hemos librado!

Para los que seáis bisoños en tema de ciclones tropicales (nosotros, después de pasar cinco días esperando a que amaine la lluvia en Hong Kong, ya somos expertos), las alertas de tifón están graduadas en una escala de cero a diez. Con una alerta ocho, la velocidad del viento oscila entre 63 y 117 km/h (de momento, estamos en la franja baja del peligro, menos mal) y se recomienda no salir a la calle.

Acabamos de enterarnos a través de un pequeño flash informativo (la televisión nos bombardea con “Typhoon Specials” cada 30 minutos) que una alarma de nivel ocho no se había dado en Hong Kong desde hacía tres años. Por supuesto, nosotros no podíamos dejar pasar una ocasión así…

Mamá, no te preocupes, estamos bien. Seguimos a rajatabla las recomendaciones del observatorio para estas circunstancias. Hace un rato salimos a comprar provisiones y ahora mismo tenemos la nevera llena de embutido, queso, yogures y chocolate. Incluso tenemos una botella de vino blanco y otra de Martini, del mismo color. Así que estamos preparados para pasar largas horas en la habitación. Nuestra ventana, además, da a un patio interior, así que estamos totalmente fuera de peligro (eso sí, nuestra habitación está en el piso 13, pero no vamos a ser supersticiosos, ¿verdad?). Nos enteraremos del tifón por las noticias y por la página web del observatorio (mientras nos dure el internet).

Nota: José dice que no te preocupes, pero que por favor llames a su madre para decirle que la quiere mucho y que, pase lo que pase, recuerde ante todo que su hijo la quiere mucho, mucho, mucho. ¡Que no, boba, que es broma! Eso sí, si hablas con ella, dile que no se preocupe por su hijo. Que se ponga como se ponga, yo no le dejo salir de la habitación para fotografíar escenas dramáticas del tifón, ¡aunque para ello tenga que usar todas mis armas de mujer!

(Escrito por ella desde Hong Kong, 10/08/07)

El ojo del huracán

En realidad debería decir ciclón o tal vez tormenta tropical porque incluso la información del Observatorio Meteorológico de Hong Kong no es muy clara al respecto. En el último texto que publicaba yo, hacía referencia a la llegada del Pabuk como una curiosidad pero hoy ya es una preocupación para la ciudad y para el FC Barcelona que se queda sin jugar un partido amistoso.

Esta mañana hemos ido bajo la lluvia, a la oficina de correos de
Causeway Bay con el objeto de enviar a Avilés y Castellón un par de paquetes con ropa y objetos que hemos comprado en Oceanía. Estaba cerrada, pese a que a la hora en que llegamos las puertas deberían haber estado abiertas y tendría que estar operando con normalidad. Pero la normalidad ha ido desapareciendo paulatinamente conforme el nivel de alerta pasaba primero de T1 a T3 y alcanzaba hoy el T8 (en una escala del 1 al 10) por primera vez en tres años.

Se esperan vientos con una velocidad minima de 63 Km/h y se recomienda cerrar puertas y ventanas, usar cinta adhesiva en los cristales para reducir el daño en caso de rotura de los mismos, aparcar el coche donde sea menos probable que pueda resultar afectado por objetos que caigan sobre él, no permanecer cerca de las ventanas y no salir al exterior si no es necesario. A las tres de la tarde se suspendieron todos los servicios de
ferri con Macao y y los vuelos en el aeropuerto internacional de Hong kong pueden estar afectados. La televisión emite regularmente boletines informativos ("Typhoon Special") con las noticias de última hora respecto a la evolución de Pabuk, que avanza a 8 Km/h en dirección a Guandong (China continental).

Se ha suspendido la sesión de la Bolsa, los comercios están cerrando, hay masas de gente intentando volver a sus casas en M.R.T. (el "metro") y abalanzándose sobre los pocos autobuses que aún circulan por las calles. Nosotros hemos ido rápidamente al supermercado (
Wellcome) que tenemos al otro lado de la calle y había grandes colas en todas las cajas, con gente intentado hacer compras y preparándose para un día o tal vez dos encerrados en casa.

De momento tenemos Internet, televisión, aire acondicionado, comida y vino, así que sólo nos queda esperar cómodamente a que pase lo peor, algo que no nos es nuevo desde que quedamos aislados por un temporal de nieve en Wanaka.

(Desde nuestra habitación del piso 13 del Paterson Building en Paterson Street, CausewayBay, Hong Kong S.A.R., informó nuestro reportero Junior , el 10/8/2007)

08 agosto, 2007

Un país, dos sistemas

Lo bautizaron con el laosiano nombre de Pabuk. Ha llegado hoy a Hong Kong al mismo tiempo que el FC Barcelona aterrizaba en la ciudad para el tercer y último partido de su gira por Asia, y tiene a toda la isla afectada. No es un cantante de rock o un popular actor, sino la primera tormenta tropical severa que la afecta en lo que va de año. De hecho el Observatorio de Hong Kong nos ha puesto en alerta T1 (tal vez esta noche suba ya a T3), y esa "T" es de "Tifón" no de "tormentilla" después de dejar cuantiosos daños materiales y varias víctimas mortales en Viet Nam, Taiwan y las Filipinas). Y a nosotros puede que nos impida viajar mañana a Macao si se suspende el transporte por barco.
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Después de salir del duro y crudo invierno de Brisbane, con su cielo despejado y el sol brillando orgulloso, otorgándonos 24 grados centígrados a diario, volvimos al pegajoso calor asiático que tan bien conocemos y donde la humedad ambiente rara vez desciende del 85%. Otra vez un idioma desconocido con un alfabeto ininteligible y una población local en la que nuestros rasgos caucasianos nunca nos harán pasar por unos simples ciudadanos mas. Hong Kong, con sus siete millones de habitantes, es el tercer centro de negocios mundiales y la cosmopolita puerta de entrada a la milenaria China. Hace ya diez años que este territorio dejo de ser colonia del Reino Unido para volver, mediante la fórmula de "Región Administrativa Especial" (R.A.E.)junto con la ex portuguesa Macao, a los brazos de la China continental. Una década no ha cambiado demasiado la fachada de esta urbe que se ha acogido con gusto al lema acuñado en Pequín (Beijing) de "un país, dos sistemas". Y no le ha ido mal, porque su economía sigue siendo boyante y la calidad de vida no se ha visto mermada por la reunificación, pero se debe fundamentalmente al bilateralmente acordado periodo de gracia de diez años durante el que el Gobierno Central "solo" se ocupara de las competencias de Defensa y Asuntos Exteriores. El sistema monetario, de aduanas, inmigración y legal se mantiene independiente de lo que decida el Partido Comunista. Al menos en teoría y abiertamente.
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Y aquí estamos nosotros, en un minúsculo apartamento (Sra. Trujillo, no se pase por aquí que se le ocurren ideas que luego sufrirán nuestros compatriotas) del "Hong Kong Hostel". Es básicamente un dormitorio-salón con nevera y cuarto de baño. Pero tiene tres características que le hacen especialmente atractivo:
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1) Es barato. 350 HKD (unos 32 EUR) por noche son más que adecuados en esta ciudad en que el alojamiento no es precisamente asequible.
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2) Tiene Internet gratis. Para los mas pobres, dos ordenadores en el tercer piso. Para nosotros, más pudientes, WiFi que disfrutamos con nuestro constante Fede y mi recién adquirido Pep (eso ya lo contare mas adelante).
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3) Nos permite observar las idas y venidas de los vecinos cómodamente tumbados en la cama. Así es, nos hemos convertido en cotillas del canal 8 donde se retransmite en vivo y en directo la imagen de tres cámaras de seguridad, una en cada uno de los dos ascensores y la tercera en el vestíbulo, con su silencioso conserje incluido.


Nota: Este es mi primer texto desde China y lo publico ahora para intentar mantener la menor distancia cronológica entre aquello que vivo y lo que escribo. No, no me olvido de Kangaroo Island ni de nuestro maravilloso viaje por el "Outback" (el desierto) australiano y publicare un par de textos sobre eso, pero será más adelante y os avisare debidamente, para que nos os los perdáis, sepultados bajo los artículos de esa rápida máquina de escribir que es Isabel.
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(Escrito por él desde Hong Kong R.A.E., China, el 8/8/2007 exactamente a un año de la ceremonia inaugural de los JJOO Beijing 2008)

06 agosto, 2007

Adiós Oceanía

Después de tres días del más absoluto relax (por culpa del sofacito rojo), nuestra breve visita a Brisbane culminó ayer con una suculenta barbacoa al más híbrido estilo austro-australiano, gracias a Uwe y Monika, que nos recibieron en su casa a cuerpo de rey. Vielen Danke! Qué rico el pescado barramunda, el canguro asado en su punto, el postre de Monika y esos vinitos del país con los que nos agasajasteis, casi tan exquisitos como vuestra compañía.
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Lo único malo de la velada fue volver al hotel a media noche, con el cuerpo cansado y el alma risueña, para enfrentarnos a la misión imposible de hacer que toda nuestra ropa y suvenires vuelvan a caber en las mochilas…



Hay que ver lo rápido que pasa el tiempo. Ya hemos pasado el ecuador de nuestro viaje y estamos cerrando el capítulo de Oceanía. Después de un par de meses a caballo entre Australia y Nueva Zelanda, no sabría decir cuál de estas islas me ha gustado más. Las comparaciones son odiosas pero, en este caso, es muy difícil no hacerlas con dos países que no sólo tienen similares banderas, divisas e historia, sino que además comparten el mismo aislamiento geográfico, el mismo idioma y hasta la misma reina.

En cuanto a ciudades y fauna, para mí, gana la mano Australia. Sin embargo, en la categoría de hostales y paisajes, no logra rivalizar con Nueva Zelanda. En lo demás (simpatía de la gente, calidad de transportes, gastronomía, etc.), yo diría que se marcan un empate. Claro que ésta es una opinión subjetiva y algo infundada, pues no podemos presumir de haber ahondado en todas las facetas de su oferta turística. Por ejemplo, con nuestro presupuesto ratilla, nuestras experiencias gastronómicas han sido más que limitadas y mi evaluación de empate está basada en un estudio comparativo de los restaurantes McDonalds a lo largo y ancho de ambas islas…

Por otro lado, hemos tenido que hacer muchas renuncias por falta de tiempo. No hemos subido a Darwin, ni hemos visto la Gran Barrera de Coral. Y en cuanto a mi respecta, dejando aparte su capital, no he visto nada de la isla norte de Nueva Zelanda. Para otra vez será y es que está claro que hemos de volver, aunque no sea en un futuro muy cercano.

Última consideración de mi pequeño balance final. Algo que realmente he agradecido durante este par de meses ha sido la sensación de normalidad que da el viajar en un país culturalmente occidental, en el que hemos disfrutado de gestos tan familiares y triviales como hacer la compra en un supermercado, preparar la cena y hacer la colada. En cierto modo, ha sido un pequeño paréntesis dentro de nuestra odisea asiática, que nos ha permitido recobrar fuerzas para la segunda mitad del viaje.
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Dentro de unas horas, estaremos de vuelta al calor pegajoso, a las picaduras de mosquito, a las cucarachas como animales de compañía, a los perros como animales de consumo, a los carteles ilegibles, a la mímica de los diálogos para besugo, a los eternos regateos, a los retorcijones de barriga en letrinas inhóspitas…

Se terminaron las vacaciones.


(Escrito por ella desde el Boeing 767-300, vuelo 97 de Qantas, que hace un par de horas despegó de Brisbane con destino a Hong Kong, 05/08/07)