27 agosto, 2007

Arte, copas y sexo en Shanghai

Mi primer día en Shanghai no es precisamente corto. Con una hora de retraso hemos llegado a la estación y nuestro equipaje es olfateado por perros policía (como no llevo chorizo ni jamón, no hay problema). Al igual que en el aeropuerto de Hong Kong y en la terminal del ferri procedente de Macao, hay detectores de la temperatura de los pasajeros (cámaras térmicas) para identificar posibles casos de SARS.

La salida a la calle es precedida del habitual apelotonamiento y en el exterior me reciben con fuerza el sol y la muchedumbre que se agolpa en sentido contrario al mío, buscando esforzadamente un hueco para entrar en el edificio. Me cuesta un poco orientarme con tanto letrero en mandarín pero afortunadamente en el metro (ditie, señalizado por un cartel de fondo azul con una D blanca, en el interior de un semicírculo del mismo color) me encuentro con carteles en ingles, aunque el pronunciar en chino el nombre de la estación de destino me resulta difícil. Llego sano, salvo, sudoroso y cansado a casa de Sierra que, muy maja ella, me ha dejado una nota en la puerta y una llave escondida en la maceta, bajo su ventana. Al abrir la puerta, dos bolitas de pelo negro se me quedan mirando con sus enormes ojos gatunos. Los siguientes días, esté donde esté dentro de la casa, ellos encontrarán una manera de jugar a mi alrededor (coincidiendo con mi llegada, descubrieron como abandonar el encierro de la cocina y acceder al salón - y yo no tuve nada que ver en el asunto)

Esta tarde llegarán Meneleos, Eva y Mikaelos, los tres griegos que me toman el relevo en casa de Sierra. Nos vamos todos a cenar a un sitio caro, moderno, pijillo (no hay mas que ver las flores y velas en el baño). Demostramos que cuando queremos, podemos y se acaban pidiendo cuatro platos de pasta y una ensalada César (para Sierra, aunque lo descompensa bebiendo un batido de chocolate). Claro que hay postre, y todo aquí gira en torno al chocolate. A mi se me cae en el plato una cosa negra, enorme, a la que llaman Chocolate Therapy. Hace un rato que pensaba reventar pero increíblemente encuentro hueco para el monstruo. ¿Un paseito para hacer la digestión? Mientras los otros tres vuelven a casa, Meneleos me acompaña al Bund, a hacer fotos nocturnas. No sé cuando ni desde dónde hicieron las suyas los de Lonely Planet pero sólo hay un edificio iluminado y nada espectacularmente. El verdadero espectáculo está en la orilla, con la correspondiente torre de comunicaciones, media docena de rascacielos y una pantalla gigantesca en la fachada de uno de los edificios con algo que parece un anuncio (¿publireportaje?) sobre la naturaleza, a juzgar por la de pajarillos que salen en él. También hay espectáculo en esta orilla, humano. Por un lado, son legión los turistas que hacen fotos nocturnas de lo que tenemos delante, incluso con flash, en un alarde de ignorancia, fe o tecnología fotográfica que desconozco. Por otro, donde hay algo que fotografiar hay siempre alguien que quiere vender algo. Viscosos muñecos que se estampan contra la pared y el suelo recuperando su forma original. Fuera de temporada, y parece ser que es un éxito entre los niños, aros para la cabeza con un par de cuernos rojos. Iluminados. Increíblemente horteras reproducciones de la torre de comunicaciones de unos doce centímetros, incrustadas en un bloque de plástico. Iluminadas. Con varios colores. A la vez. también esta el que no tiene ingenio, ganas, o interés en vender algo y directamente se limita a pedir limosna. También en la variante que incluye a un niño en brazos. Y son todos tremendamente insistentes.

Por la mañana tengo dos tareas: conseguir dinero y dar dinero. Primero a buscar un cajero en que funcione mi estúpida Visa Diez del BBVA (''no, gracias''). No tengo suerte en el primero, pero en el segundo se me alegra el día (pese a los mas de 35 grados de temperatura). Saco 2000 CNY, otros 2000 CNY y, por si acaso, otros 2000 CNY. Casi 600 Eur, una fortuna aquí. Con eso debería tener para Shangahi, Beijing, el tren a Mongolia, el visado e incluso para Mongolia, aunque allí buscaré un ATM otra vez. En el que funcione mi tarjeta. Teniendo en cuenta que me quedan varios viajes en tren, la cantidad no es tan exagerada, aunque no me gusta llevar tanto efectivo encima. Pero gracias a esos inútiles de BBVA Responde, no hay más remedio. Encuentro la oficina de venta de tickets que me había comentado Sierra y compro mi billete a Beijing. No quedan hard sleepers así que tendré que darme el lujo de ir en soft sleeper. Si no hay mas remedio... Después de mi doble felicidad, me auto premio con un completo menú en Burger King por dos euros (¿no estaréis pensando que todo iba a ser fideos y arroz?). Entro en el Parque del Pueblo y una chica sentada me pregunta en inglés que de dónde soy. Al oír mi respuesta, un señor sentado cerca me saluda con un ''Hola'' en español. Curioso. El parque es un remanso de tranquilidad rodeado de rascacielos. Cuenta con un pequeño lago en el que hay un restaurante nada barato.


Al salir del verde pulmón de la ciudad, esperando en un paso de cebra, una chica y un chico se paran a hablar conmigo. Son estudiantes de empresariales y quieren saber de dónde soy, qué me parece Shanghai, cuanto llevo aquí, si he ido ya a Beijing, cómo es mi ciudad, etc. El semáforo se pone verde dos veces antes de que me despida de ellos. No se si esto es normal.

Luego, paseando en dirección al Bund me paro a hacer una foto y se me acercan dos chicas. Una es tímida y de Shanghai, la otra no tanto y es la que mas habla conmigo. Son estudiantes y me preguntan de dónde soy, qué me parece Shanghai, cuanto llevo aquí, si he ido ya a Beijing, cómo es mi ciudad, etc. Luego dicen que si vamos a tomar algo, un café o una cerveza. Esto ya me suena, así que me excuso diciendo que acabo de comer y no me apetece tomar nada. Me despido amablemente de ellas.

Continúo mi paseo hacia el Bund y una chica se me acerca y me pregunta de dónde soy, qué me parece Shanghai, cuanto llevo aquí, si he ido ya a Beijing, cómo es mi ciudad, etc. Es una estudiante de arte de provincias y ha venido con algunos compañeros y profesores a exhibir sus obras aquí. Se le une una compañera suya. Hace dos días que trasladaron sus obras al edificio que tenemos enfrente y me invitan a visitar la exhibición. Acepto encantado (siempre hay tiempo para el arte local) y subimos en ascensor varias plantas hasta una pequeña habitación cuyas paredes están cubiertas de trabajos sobre rollos de seda. Hay otros tres extranjeros escuchando las explicaciones de otros estudiantes mientras las chicas que me han acompañado me muestran sus obras. En cierto momento oigo a uno de los otros turistas decirle a una chica que en este país nada es gratis. Empiezo a comprender de que va esto, pero siguen las explicaciones de mis dos guías. Al cabo de un rato, la otra pareja no china dice que ellos viajan con un presupuesto ajustado y que no se lo pueden permitir. Se confirma. Cuando hemos recorrido toda la habitación me preguntan cúal es mi obra preferida y yo digo que todas son preciosas, que no puedo decidirme por una en concreto. Me preguntan por la temática que me gusta más y yo les digo que todas las representadas lo están muy bien. Finalmente me dicen que en China la educación es muy cara, que las familias son pobres, que cuesta mucho mandar a alguien a estudiar y que les compre alguna obra. No puedo hacerlo, porque aún me queda subir a Beijing, dos semanas en Mongolia, volver a Beijing, de alli a Xian...no pensaba hacer mis compras en China el segundo día, sino poco antes de irme al Tibet. Además, las obras son bonitas pero ninguna me ha dicho ''cómprame''. Son más de cinco minutos los que dedicamos a pedir que les compre algo y yo a decirles con firmeza que no. Las pinturas eran bonitas y estaban bien hechas. Fueron interesantes las explicaciones sobre los símbolos que allí se representaban (los caballos al galope en dirección a uno son un presagio de éxito, un tigre subiendo una montaña es buena fortuna...especialmente si va en dirección opuesta a la tuya) y las pinturas, insisto, eran guapas (al menos para un profano). Nos despedimos sin mayores problemas pero aquí he aprendido en persona la primera y triste lección del viajero en China. Desconfía de quien se te acerca. Unas veces solo querrán practicar su ingles o ver de primera mano a un extranjero. Pero otras acabarán pidiendo dinero.

Nota: Esa noche, durante la cena, Sierra me ha explicado un par de cosas sobre mi repentina popularidad y mis encuentros. Las razones que llevan a un chino o china a parar a un extranjero son principalmente:

Practicar inglés. Los domingos en la Plaza del Pueblo es el día del inglés.Cualquier ''lao wai'' que se acerque por allí sabe que enseguida se vera rodeado por ansiosos estudiantes que desean practicar el idioma. Aunque su nacionalidad sea alemana, francesa o, como es mi caso, española. Es solo divertido al principio y un poco cansado al final el ser el foco de tanta atención. Pero son inofensivos.

Vender algo. Aparentemente, China está lleno de estudiantes de arte que no tienen dinero y que venden sus obras de arte gracias a la gentileza de las autoridades locales, que les ceden una oficina en un edificio donde también hay oras empresas. Te abordan en la calle y te dicen que son de provincias, que han estado sus obras expuestas en un museo y que ayer las cambiaron de sitio a una nueva ubicación, donde, sin pagar entrada, tu podrás verlas con ellas ejerciendo de guías. Y ten en cuenta que es el ultimo día, que no puedes dejarlo para mañana. Al final, insisten en que les compres algo, aunque solo sea por lástima. Pueden ser muy pesados y, en realidad, China no tiene tantos estudiantes de arte genuinos.

Que les invites. Es otro de los motivos para acercarse a un extranjero. Charlan contigo un rato, pasean a tu lado, te proponen ir a tomar algo y te encuentras con que, a la hora de pagar, ellos no llevan dinero encima (por cierto, cuando después llegué a Beijing, visité la Ciudad Prohibida dos días seguidos y la misma chica que se me acercó a la salida en el primero, lo hizo también en el segundo: no debería tener muchos ''objetivos'' españoles porque con mis primeras respuestas se percató de su error...así que rápidamente se trajo a otra amiga a la que ''empujó'' a darme la misma conversación de la víspera). Sirve para una cerveza de 12 CNY o un menú de 120 CNY. Generalmente es una chica la que entabla conversación, te lleva a un sitio que escoge ella y puedes recibir la cuenta de media docena de amigas que ya estaban allí. No es inofensivo en absoluto, te deja con mal sabor de boca y una aversión al siguiente hijo de Confucio que se te acerque sonriente y te sugiera tomar algo juntos.

Tener novio. ¿Que ilusión y que bonito, verdad? Sobre todo si incluye que te regalen joyas, paguen cenas y te lleven a clubes. Ademas, miel sobre nata sobre tarta de queso, una boda les puede permitir salir del país y de la situación de pobreza y dictadura.. De todos modos, el sexo no tiene que llegar necesariamente la primera cita porque sino, ¿qué les queda a ellas para atraer al novio? Eso no quita para que haya chicas chinas muy modernas que comprendan y participen del concepto ''one night stand'' (¿''sexo de una noche'' en español?). Olvidaos de Europa del Este y veníos aquí a buscar novia. Aunque os saldrá caro, y no me refiero al coste del viaje.

(Escrito por él desde Beijing, el 11 de Septiembre de 2007)