10 mayo, 2007

Diplomacia

Ayer decidí que este día lo iba a dedicar a comprobar la eficacia de la diplomacia española en el extranjero, así que me invente una situación ficticia. El caso, que no se parece en nada a la realidad, iba a ser el siguiente: un joven (he dicho f-i-c-t-i-c-i-o) español residente en el extranjero (pongamos por caso, Dublin), solicito el verano pasado un visado para un país anglosajón al que llamaremos simplemente Australia. Ese visado se concede sin mayor problema a nombre del citado ciudadano con su correspondiente pasaporte. Pero en Diciembre el consternado españolito se ve obligado a cambiar el pasaporte puesto que el anterior estaba tan gastado que casi se le caía la foto. Y ese simpático personaje se encuentra meses, y miles de kilómetros, después en Bangkok, como paso previo a su viaje a Sydney y la noche anterior comprueba los detalles de su visado...y descubre que el numero de pasaporte no coincide con aquel de que es titular. Cuando la Embajada le expidió su nuevo y flamante pasaporte estandarizado europeo, le cambio el numero. Si el DNI era para toda la vida, a partir de ahora el numero de pasaporte solo durarara mientras queden hojas en las que estampar sellos.

Que hacer? Madrugar moderadamente y viajar en taxi hasta la Embajada de España donde seguro que pueden arreglar la situación. Efectivamente, explico mi caso a la señora de turno y ella llama a otra funcionaria que, con cara de pasmo, escucha la historia parapetada tras una ventanilla. Un pasaporte con un numero en una mano, un visado para Australia con un numero distinto de pasaporte, en la otra. Eso no esta en el libro, parece decir su boca entreabierta y su mirada de garza tras los cristales de sus gafas. Pero rápidamente se le ocurre la solución: consultar con otro funcionario. Con aspecto de haber encontrado la piedra filosofal, vuelve al cabo de unos minutos y entre ambos resumimos las opciones:

a) Mandar un fax a la Embajada de Dublin para que confirmen que el titular de ambos pasaportes es el mismo y, con dicho documento, presentarse en el Aeropuerto. Inconveniente: un fax no tiene firma y en Bangkok no estaban por la labor de ponerle un sello.

b) Informar a la Embajada de Dublin de lo ocurrido para que ellos rápidamente manden un documento oficial y original con la mencionada certificacion. Inconveniente: la valija diplomatica solo se recibe una vez a la semana y Dublin tendría que mandarlo a Madrid y desde allí a Bangkok. Tiempo medio estimado: 10 días hábiles.

c) Contactar yo con la Embajada de Australia y explicarles la situación. Inconveniente: aparte de mi sonrisa, iban a necesitar algún documento del Gobierno Español jurando por la salud de Castro que el numero de pasaporte 123456 y el 67890 correspondían al mismo y simpático ciudadano respetuoso y cumplidor con la ley (ver puntos a y b)

d) Solicitar una nueva visa. Inconveniente: los 20 dolares australianos de su coste.

Tenéis 1 minuto antes de seguir leyendo y averiguar como la eficaz diplomacia española cumplió con su función tal y como yo anticipaba.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
El consejo de la funcionaria fue bien claro: "Acuda usted a la Agencia de viajes en la que le tramitaron el visado". Ante el descomunal coste de ese viaje hasta Irlanda, me di un señor paseo hasta la sección consular de la Embajada de Australia donde me dieron una dirección de una web de internet en la que admitieron American Express como forma de pago y tras rellenar un formulario, me concedieron (suenen campanas, por favor), el codiciado visado, para un tiempo máximo de tres meses y con múltiples entradas en el país (lo que me permite llegar a Sydney, estar allí cuatro días, volar a Nueva Zelanda y no volver a aparecer por tierras de koalas, kanguros y kokodrilos en un mes)


Nota: Salgo mañana viernes, a las cinco y media de la tarde, y nueve horas y 7530 kilómetros volados después aterrizo, oh, magia de las zonas horarias, a las cinco y media de la mañana en Sydney. No olvido mi intención de ponerme al día con esas dos semanas en blanco, pero me lo tomo con tranquilidad laosiana.

(Escrito por el desde un cibercafe en Bangkok, Tailandia, el jueves 10 de mayo de 2007)