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27 agosto, 2007

Un dragón de tres cabezas

Como si de un legendario y poderoso dragón se tratara, China tiene tres cabezas que controlan este magnífico monstruo. Una de ellas es Hong Kong, la otra Shanghai y la restante es Beijing (anteriormente conocida como Peking o Pequín).

La cabeza que se encuentra mas al sur es Hong Kong. Durante más de cien años, colonia británica de facto y oficializada en 1897, cuando también se acordó que la soberanía volvería a manos chinas en la entonces lejana fecha de 1997. Llegó ese momento y, mediante la fórmula que ya en otro texto he mencionado de ''Special Administrative Region'' y el mandarín adagio ''un país, dos sistemas'' , Beijing puso un pie en la isla. Inicialmente acogido con temor y preocupación, los diez años transcurridos desde entonces no han mermado ni un ápice la tremenda potencia económica de este conglomerado de islas y península en el que conviven la alta tecnología, las elevadas y masificadas torres de viviendas y la extraña sensación de estar en un reducido Londres asiático. Merced a una moderna y eficaz red de metro (MTR) y una extensa serie de líneas de autobús, nunca se está a más de 20 minutos del centro (excepto en hora punta, claro, para el transporte de superficie)

Pasear por sus calles es encontrarse con autobuses de dos pisos que circulan flanqueados por rascacielos y altos edificios de los que cuelgan anuncios de todo tipo de productos y negocios. Si nos apartamos hacia un callejón secundario, nos asaltan los familiares olores de especiada comida que recordamos de Kuala Lumpur o Vientiane. En los comercios no es ningún problema dirigirse a un dependiente en inglés, ya sea para ordenar un sencillo menú o para adquirir una complicada cámara SLR Digital de último modelo (y entre un 20 y un 50 por ciento mas barata que las mejores ofertas online de Europa).

Es una ciudad que nunca duerme. Sus centros comerciales abren hasta medianoche, su puerto no deja de recibir mercancías y a cualquier hora es posible encontrar un establecimiento de comidas en el que recuperar fuerzas con una sopa de fideos o un plato de pato asado con arroz. Según los estándares asiáticos, que no europeos, el alojamiento aquí no es barato pero los precios de un desayuno, comida o cena son comparables a los de Bangkok. Aunque, si uno quiere, también se puede gastar cientos de euros en una opípara comida con un servicio impecable y con unas estupendas vistas a la bahía. Si lo hace a las ocho de la tarde, disfrutara además de un espectáculo de música y luz en el que los intérpretes son rascacielos. Coordinadamente, al compás de melodías clásicas, se encienden luces en las fachadas de distintos y emblemáticos edificios a ambos lados de la franja marina. Es gratuito y dura unos veinte minutos. Mi recomendación es verlo desde la Avenida de las Estrellas, en Kowloon, pues mas lejos (como en el mirador del Monte Victoria) no llega el sonido y la acción es menos espectacular.

Menos espectacular es también la otra cabeza del dragón. Mas al Norte, a un día de viaje por tren, se encuentra su gran rival, Shanghai, con sus fábricas, caos circulatorio, comercios y cerca de dieciocho millones de habitantes. A los ojos de los burócratas y altos cargos del Partido Comunista, ésta es la ciudad que desean se convierta en el nuevo motor económico de China. A diferencia de Hong Kong, la titularidad de la misma nunca estuvo en manos extranjeras y su occidentalización ha sido impulsada, como la del resto del país, por los a veces pragmáticos dictadores que gobiernan por decreto desde Beijing. Rolex, Ferrari, Maserati, Armani son, entre muchos otros (como los omnipresentes KFC y McDonalds) los signos evidentes del fervor con que la China post-Mao se reinventó a si misma tras el previsible colapso del comunismo en Europa del Este. Con banderas rojas y estrellas doradas, con uniformes verdes y muros de silencio, con carros de combate y cámaras de seguridad, se vigila que el capitalismo no arrastre a las masas hacia la democracia.

Dadles teléfonos móviles, canales de televisión, coches y ropa de lujo. Construid rascacielos y urbanizaciones lujosas. Abrid casinos en Macau y que vengan en masa a fotografiarse (de espaldas al arquitectónicamente ecléctico pero histórico Bund) frente a las esferas de la torre de comunicaciones de Shanghai. Cambiadlo todo para que nada cambie, parecen pensar los jerarcas comunistas.

Pero eso provoca el descontento en los campos, con protestas y violentamente reprimidas manifestaciones pacificas, y crea la inmigración ilegal dentro del propio país. No es ninguna peculiaridad, sino algo que es sintomático de cualquier régimen comunista, como China o Cuba. En la difunta URSS existía un pasaporte interno para los que deseaban viajar entre una de las repúblicas y otra. Obtenerlo era someterse a un proceso largo, complicado y en el que la vida propia y de la familia eran sometidas a un detallado escrutinio. En China, cuando alguien quiere mudarse, por ejemplo, de Xiian a Beijing, tiene que obtener la conformidad de las autoridades del lugar de origen y también de las del deseado destino. Pero en el destino pueden rechazarle y esa mudanza no llevarse a cabo nunca. ¿Os imagináis que el Ayuntamiento de cualquier ciudad española le negara el empadronamiento a alguien que viene de otra ciudad?. Tal vez esto podría servirle a Michael Moore como argumento para su próximo publireportaje propagandístico, aunque nunca aceptaría el reto.

Ante la perspectiva de una vida de miseria y pobreza en el campo, muchas son las polillas atraídas por las luces de la gran ciudad.


Nota: Cuando yo subía a Beijing, ellos bajaban desde allí, pero no puedo dejar de mandarle un saludo a Meneleo, Mikaelos, Eva (con los que compartí dos días y una noche bajo el mismo hospitalario techo) y Cosme, a quien conocí en una cena de CouchSurfing. Y, por supuesto, a mi anfitriona y sus dos preciosos gatitos, que nunca se estaban quietos y descubrían en mis playeros, mochila o yo mismo, un nuevo campo de juegos. Sierra solo lleva tres semanas en el país, aprendiendo mandarín a marchas forzadas rodeada de vecinos chinos y dando clases de Historia en un colegio internacional, pero a esta oriunda de Vermont no le arredran los desafíos (como el de hospedar a un español de insaciable curiosidad que no deja de preguntarle por distintos aspectos de la vida cotidiana en China).


(escrito por él desde Beijing, China, el 27 de agosto de 2007, la vispera de iniciar un largo y complicado viaje hasta Ulaan Baator, Mongolia)

18 agosto, 2007

Literas, noodles y un país por comprender

La China que veo pasar fugazmente al otro lado de la cerrada ventanilla está llena de verde y rojo. El primer color es el de sus campos, cultivados casi en su totalidad, y el segundo no es por la bandera, sino por los ladrillos. No hay un solo pueblo de los que vuelan alejándose de mi mirada que no presente uno o dos edificios en distintos estados de construcción. Las estructuras rectangulares parecen un fruto más de la tierra, a juzgar por su continuada y preferida presencia. Este país es un gigantesco mercado, un complicado puzzle de mayorías y minorías étnicas, aspiraciones no satisfechas, corrupción generalizada y un nada oculto deseo de obtener prosperidad personal y de mostrarlo ostentosamente.

Bajo la bruma de la mañana, el tren numero T100 avanza en dirección a Shanghai mientras el especiado olor a ''noodles'' (fideos) y el masivo ruido de sorberlos se propaga por el vagón. Ocasionalmente también lo hace el humo de algún cigarrillo, pues aunque no se puede fumar en la zona de los compartimentos, si está permitido hacerlo en cada extremo del vagón, una vez pasados los baños. Y todas las ventanas están cerradas.



El compartimento número 7 y arriba a la derecha, mi cama, la número 14. Tres literas a cada lado y en el medio una pequeña mesa bajo la cual hay un termo de agua caliente. Se aprecian dos cosas, la luz de lectura individual y cómo se reduce el espacio entre literas desde la de abajo hasta la de arriba. No se nota la altura de la última litera, unos dos metros, ni que la luz individual está tan cerca del colchón que esa noche me golpeé la cabeza media docena de veces.



Me decía ayer John (un profesor de ingles oriundo de Canterbury y que había estado enseñando su idioma natal en, ¡que pequeño es el mundo!, la capitalina Oviedo, con el que entablé conversación durante el viaje) , que antes era mucho peor pues se fumaba en todos los rincones, incluyendo los pasillos de la zona de literas (cuyos compartimentos carecen de puertas). Una nube gris lo cubría todo y el aire era irrespirable, sin que a nadie pareciera importarle lo mas mínimo. Y todas las ventanas estaban cerradas.

Me ha prevenido contra algo que yo había leído y que el me ha confirmado como una realidad y no un estereotipo, aunque haya disminuido en ciudades como Beijing. Se trata de la generalizada costumbre de escupir, sin importar donde se está o a quien se tenga al lado. Cuestión de cultura y de educación, aunque los gérmenes no entienden ni de lo uno ni de lo otro. El caso mas ''sonoro'' me lo he encontrado mientras hacía cola para comprar el billete de metro, en el interior de la estación, cuando el carraspeo del chino que tenia al lado terminó en una blanca masa salivosa que dejó caer al suelo con la mayor naturalidad. Y eso que está prohibido. Lo que no lo está, y se hace también abiertamente y en público, es eructar ruidosamente tal y como comprobé ayer después de la hora de cenar y hoy tras el desayuno.


En esta fotografía se puede apreciar la distancia entre la litera de arriba y el techo del compartimento, bastante mayor que la existente en el caso de los ferrocarriles vietnamitas (como el Hanoi-Sapa). Mis mochilas, a un lado, y parte del equipaje de los otros viajeros, bajo la rejilla del siempre encendido aire acondicionado. No se pierdan el detalle de mis cómodos calcetines verdes.



Y aun así las ruedas de la milenaria china conducen a este país hacia el siglo XXI, queriendo confirmar todos los análisis que la consideran la futura potencia mundial. Y los engranajes de esas ruedas de vez en cuando requieren ''grasa'' para su correcto funcionamiento. El viscoso material se presenta en forma de billetes bancarios, para acelerar o garantizar una resolución administrativa o agilizar un tramite burocrático. Dado que los sueldos son bajos (incluso los de profesores universitarios o directores de sucursales bancarias), cualquier ingreso no ordinario suele ser bienvenido. Después de todo, cuando un funcionario de bajo nivel ve que muchos multimillonarios, propietarios de fabricas, casinos y hoteles resultan ser familiares directos de altos cargos del corrupto Partido Comunista, como van a rechazar ellos lo que sus jefes y líderes han abrazado directa o indirectamente?

Otro estereotipo que me confirma John es el del racismo de estas tierras. Los negros, por ejemplo, son poco mas que animales, aunque los blancos somos distintos, tal vez por la potencia económica de Europa y la militar de Estados Unidos, amén de nuestros siglos de Historia con descubrimientos científicos y exploraciones a lo largo y ancho del globo.





El vagón número 5 del tren T100. A un lado del pasillo, los compartimentos con 6 literas cada uno. Al otro, unos pequeños asientos plegables y sus correspondientes mesas de reducido tamaño




No relacionado con lo anterior, pero superando el nivel de anécdota para llegar al de tragedia surrealista, es el proceso para contraer matrimonio. Primero es necesario conseguir un permiso administrativo para, a continuación, someterse ambos y futuros cónyuges a un reconocimiento medico. En el caso masculino, eso incluye un recuento de espermatozoides y un estudio de su motilidad. En el caso femenino, se certifica si la novia es o no virgen y el novio puede rechazarla libremente en caso de que no lo sea. Si el amor triunfa sobre las connotaciones del rasgado hímen, entonces pueden comenzar los preparativos para solicitar el matrimonio civil.


En los servicios encontramos una práctica redecilla para depositar el móvil mientras estamos...agachados. El recipiente de plástico que vemos en la fotografía se llena de agua y se vierte en la taza, cuando hemos terminado, aunque en realidad no hay taza, sino un agujero en el suelo.


Nota: La ruta Beijing, Shanghai, Hong Kong está
perfectamente comunicada por vía ferroviaria. En lugar de dirigirme directamente hasta la capital china, opté por tomar el tren hasta Shanghai, donde pasaré unos días y luego cogeré otro expreso en dirección a la antigua Pequín. Hay dos clases básicas de compartimentos, ''hard sleeper'' y ''soft sleeper'' conforme a su designación anglosajona, litera dura y litera blanda seria la traducción al español. El segundo es el mas cómodo, con sólo dos literas a cada lado y lujos como pantallas de televisión. También es el más caro, con casi el doble de precio. El primero, el más barato y el único que se pueden permitir la mayoria de los chinos, tiene tres literas a cada lado, variando de precio (disminuyendo) desde la de abajo hasta la de arriba. Por razones de estatura y comodidad, ellos prefieren la primera o la de enmedio. Los extranjeros (que van con el presupuesto ajustado) y los que compran a ultima hora son los que acaban en la de arriba. Para los billetes infantiles, lo que cuenta es la estatura de las criaturas ya que según midan menos de 110 o de 140 cm pagarán una cantidad distinta (gratis en el primer caso, la mitad del billete en el segundo, y el billete completo si se supera esa altura).

En la estación (y hablo por la de Hong Kong) hay que presentarse unos 45 minutos antes de la hora de salida para pasar el control de aduanas (si no se tiene previamente la visa para China, no se embarca). A la hora de salida (con diez minutos de retraso en nuestro caso), una asistente pasa recogiendo los billetes y entregando en su lugar una tarjeta de plástico con la información de vagón y litera. Antes de llegar a Shanghai, pasará a recogerlas y volverá a entregarnos nuestro billete original. En los compartimentos (11 en cada vagón, con 6 personas en cada uno) hay una mesa y bajo ella un termo con agua caliente para poder preparar el te. Con cierta frecuencia, la asistente (una por cada vagón) pasara rellenándolos. también a primera hora de la mañana aparece el correspondiente empleado con un carrito para el desayuno de los que quieran comprarlo y consumirlo mismo (también hay un vagón restaurante, donde se acaba jugando ruidosamente a las cartas hasta altas horas de la madrugada). Un estuche con fideos y carne y un bol con una especie de grumosa sopa de arroz serán la primera comida del día para algunos. Como en cualquier parte del mundo, hay gente que se trae su propia comida y como estamos en China esa suele ser un recipiente con fideos instantáneos, así que hay un deposito de agua hirviendo para añadírsela. Se cierra la tapa, se esperan dos minutos y ya tiene usted listos para servir unos deliciosos ''noodles'' sabor a pollo o a ternera.

Por cierto, a las siete de la mañana vuelve a sonar la música en los altavoces, por si alguien no se había percatado de que es hora de levantarse.

Y a las doce del mediodía, con unos cincuenta minutos de retraso, llegábamos a esa gigantesca y bochornosa urbe que es Shanghai, donde ahora me encuentro.


(Escrito por Él parcialmente desde las alturas de la litera 14, compartimento 7, vagon 5 y finalizado en casa de Sierra, Shanghai, China, el 15 de agosto de 2007)

10 agosto, 2007

Esperando a Pabuk

Tras quedarnos atrapados varios días por temporal de nieve en Wanaka (Nueva Zelanda), parece que la historia se repite. Esta vez en Hong Kong, atrapados en una habitación de hotel de la calle Paterson, mientras esperamos que el tifón Pabuk se nos eche encima a unos 63 km/h.

Hace dos días, subíamos a la cumbre del monte Victoria para hacer unas fotos panorámicas de la bahía, cuando nos encontramos con el primer cartel de advertencia: amenaza de tifón, alerta uno. No nos pareció demasiado inquietante, pero por si acaso, decidimos posponer nuestra excursión a Macao para el día siguiente (en teoría hoy).

Esta mañana, el crepitar de la lluvia nos despertó antes de que lo hiciese el despertador, y un Junior con ojos semicerrados me susurró al oído: “Pichu, ¿qué tal si dejamos lo de Macao para mañana?”. La verdad, estábamos divinamente acurrucados y calentitos bajo la colcha: “Vale cielo, durmamos otro poquito más”.

Como me decía ayer Junior, la pereza es madre de todos los vicios y, como madre, hay que respetarla. En esta ocasión, la pereza ha sido buena consejera, porque de habernos ido a Macao ahora estaríamos atrapados allí, calados bajo la lluvia, sin alojamiento ni posibilidad de regresar a Hong Kong y con todas nuestras pertenencias aquí. A las dos y media de la tarde, el observatorio de Hong Kong declaró estado de alarma ocho y , para las tres, se habían cancelado todos los ferris. ¡De buena nos hemos librado!

Para los que seáis bisoños en tema de ciclones tropicales (nosotros, después de pasar cinco días esperando a que amaine la lluvia en Hong Kong, ya somos expertos), las alertas de tifón están graduadas en una escala de cero a diez. Con una alerta ocho, la velocidad del viento oscila entre 63 y 117 km/h (de momento, estamos en la franja baja del peligro, menos mal) y se recomienda no salir a la calle.

Acabamos de enterarnos a través de un pequeño flash informativo (la televisión nos bombardea con “Typhoon Specials” cada 30 minutos) que una alarma de nivel ocho no se había dado en Hong Kong desde hacía tres años. Por supuesto, nosotros no podíamos dejar pasar una ocasión así…

Mamá, no te preocupes, estamos bien. Seguimos a rajatabla las recomendaciones del observatorio para estas circunstancias. Hace un rato salimos a comprar provisiones y ahora mismo tenemos la nevera llena de embutido, queso, yogures y chocolate. Incluso tenemos una botella de vino blanco y otra de Martini, del mismo color. Así que estamos preparados para pasar largas horas en la habitación. Nuestra ventana, además, da a un patio interior, así que estamos totalmente fuera de peligro (eso sí, nuestra habitación está en el piso 13, pero no vamos a ser supersticiosos, ¿verdad?). Nos enteraremos del tifón por las noticias y por la página web del observatorio (mientras nos dure el internet).

Nota: José dice que no te preocupes, pero que por favor llames a su madre para decirle que la quiere mucho y que, pase lo que pase, recuerde ante todo que su hijo la quiere mucho, mucho, mucho. ¡Que no, boba, que es broma! Eso sí, si hablas con ella, dile que no se preocupe por su hijo. Que se ponga como se ponga, yo no le dejo salir de la habitación para fotografíar escenas dramáticas del tifón, ¡aunque para ello tenga que usar todas mis armas de mujer!

(Escrito por ella desde Hong Kong, 10/08/07)

El ojo del huracán

En realidad debería decir ciclón o tal vez tormenta tropical porque incluso la información del Observatorio Meteorológico de Hong Kong no es muy clara al respecto. En el último texto que publicaba yo, hacía referencia a la llegada del Pabuk como una curiosidad pero hoy ya es una preocupación para la ciudad y para el FC Barcelona que se queda sin jugar un partido amistoso.

Esta mañana hemos ido bajo la lluvia, a la oficina de correos de
Causeway Bay con el objeto de enviar a Avilés y Castellón un par de paquetes con ropa y objetos que hemos comprado en Oceanía. Estaba cerrada, pese a que a la hora en que llegamos las puertas deberían haber estado abiertas y tendría que estar operando con normalidad. Pero la normalidad ha ido desapareciendo paulatinamente conforme el nivel de alerta pasaba primero de T1 a T3 y alcanzaba hoy el T8 (en una escala del 1 al 10) por primera vez en tres años.

Se esperan vientos con una velocidad minima de 63 Km/h y se recomienda cerrar puertas y ventanas, usar cinta adhesiva en los cristales para reducir el daño en caso de rotura de los mismos, aparcar el coche donde sea menos probable que pueda resultar afectado por objetos que caigan sobre él, no permanecer cerca de las ventanas y no salir al exterior si no es necesario. A las tres de la tarde se suspendieron todos los servicios de
ferri con Macao y y los vuelos en el aeropuerto internacional de Hong kong pueden estar afectados. La televisión emite regularmente boletines informativos ("Typhoon Special") con las noticias de última hora respecto a la evolución de Pabuk, que avanza a 8 Km/h en dirección a Guandong (China continental).

Se ha suspendido la sesión de la Bolsa, los comercios están cerrando, hay masas de gente intentando volver a sus casas en M.R.T. (el "metro") y abalanzándose sobre los pocos autobuses que aún circulan por las calles. Nosotros hemos ido rápidamente al supermercado (
Wellcome) que tenemos al otro lado de la calle y había grandes colas en todas las cajas, con gente intentado hacer compras y preparándose para un día o tal vez dos encerrados en casa.

De momento tenemos Internet, televisión, aire acondicionado, comida y vino, así que sólo nos queda esperar cómodamente a que pase lo peor, algo que no nos es nuevo desde que quedamos aislados por un temporal de nieve en Wanaka.

(Desde nuestra habitación del piso 13 del Paterson Building en Paterson Street, CausewayBay, Hong Kong S.A.R., informó nuestro reportero Junior , el 10/8/2007)

08 agosto, 2007

Un país, dos sistemas

Lo bautizaron con el laosiano nombre de Pabuk. Ha llegado hoy a Hong Kong al mismo tiempo que el FC Barcelona aterrizaba en la ciudad para el tercer y último partido de su gira por Asia, y tiene a toda la isla afectada. No es un cantante de rock o un popular actor, sino la primera tormenta tropical severa que la afecta en lo que va de año. De hecho el Observatorio de Hong Kong nos ha puesto en alerta T1 (tal vez esta noche suba ya a T3), y esa "T" es de "Tifón" no de "tormentilla" después de dejar cuantiosos daños materiales y varias víctimas mortales en Viet Nam, Taiwan y las Filipinas). Y a nosotros puede que nos impida viajar mañana a Macao si se suspende el transporte por barco.
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Después de salir del duro y crudo invierno de Brisbane, con su cielo despejado y el sol brillando orgulloso, otorgándonos 24 grados centígrados a diario, volvimos al pegajoso calor asiático que tan bien conocemos y donde la humedad ambiente rara vez desciende del 85%. Otra vez un idioma desconocido con un alfabeto ininteligible y una población local en la que nuestros rasgos caucasianos nunca nos harán pasar por unos simples ciudadanos mas. Hong Kong, con sus siete millones de habitantes, es el tercer centro de negocios mundiales y la cosmopolita puerta de entrada a la milenaria China. Hace ya diez años que este territorio dejo de ser colonia del Reino Unido para volver, mediante la fórmula de "Región Administrativa Especial" (R.A.E.)junto con la ex portuguesa Macao, a los brazos de la China continental. Una década no ha cambiado demasiado la fachada de esta urbe que se ha acogido con gusto al lema acuñado en Pequín (Beijing) de "un país, dos sistemas". Y no le ha ido mal, porque su economía sigue siendo boyante y la calidad de vida no se ha visto mermada por la reunificación, pero se debe fundamentalmente al bilateralmente acordado periodo de gracia de diez años durante el que el Gobierno Central "solo" se ocupara de las competencias de Defensa y Asuntos Exteriores. El sistema monetario, de aduanas, inmigración y legal se mantiene independiente de lo que decida el Partido Comunista. Al menos en teoría y abiertamente.
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Y aquí estamos nosotros, en un minúsculo apartamento (Sra. Trujillo, no se pase por aquí que se le ocurren ideas que luego sufrirán nuestros compatriotas) del "Hong Kong Hostel". Es básicamente un dormitorio-salón con nevera y cuarto de baño. Pero tiene tres características que le hacen especialmente atractivo:
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1) Es barato. 350 HKD (unos 32 EUR) por noche son más que adecuados en esta ciudad en que el alojamiento no es precisamente asequible.
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2) Tiene Internet gratis. Para los mas pobres, dos ordenadores en el tercer piso. Para nosotros, más pudientes, WiFi que disfrutamos con nuestro constante Fede y mi recién adquirido Pep (eso ya lo contare mas adelante).
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3) Nos permite observar las idas y venidas de los vecinos cómodamente tumbados en la cama. Así es, nos hemos convertido en cotillas del canal 8 donde se retransmite en vivo y en directo la imagen de tres cámaras de seguridad, una en cada uno de los dos ascensores y la tercera en el vestíbulo, con su silencioso conserje incluido.


Nota: Este es mi primer texto desde China y lo publico ahora para intentar mantener la menor distancia cronológica entre aquello que vivo y lo que escribo. No, no me olvido de Kangaroo Island ni de nuestro maravilloso viaje por el "Outback" (el desierto) australiano y publicare un par de textos sobre eso, pero será más adelante y os avisare debidamente, para que nos os los perdáis, sepultados bajo los artículos de esa rápida máquina de escribir que es Isabel.
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(Escrito por él desde Hong Kong R.A.E., China, el 8/8/2007 exactamente a un año de la ceremonia inaugural de los JJOO Beijing 2008)