Vista parcial de la ciudad desde la terraza de mi hostal. Desde la parte de abajo de la fotografía se aprecian ya los gers que pueblan esta zona y otros suburbios en el lado opuesto de Ulaan Bataar.
El ''ger'' es la tradicional tienda cónica mongola. Montada y desmontada en unas pocas horas, es el eje de la vida familiar de los nómadas. Sirve como comedor, dormitorio y lugar de reunión y celebraciones, al refugio del feroz invierno o de las altas temperaturas del verano. Como en cualquier otro país del mundo en que la gente del campo emigra a las ciudades, muchos nómadas han dejado atrás la estepa y la han cambiado por un desierto de hormigón y cemento, trayendo consigo sus enseres, entre los que no puede faltar el ger. Vallan una franja de tierra con listones de madera o troncos (me pregunto de donde los sacan, pues sólo en la mitad septentrional del país se encuentran bosques), plantan su tienda y, cuando han ganado suficiente dinero, se construyen una casa de madera o ladrillo, pero no se deshacen del ger pese a que su mantenimiento exige una constante dedicación. De esta manera, en los arrabales de Ulaan Bataar ha surgido un nuevo tipo de hongo, que no necesita de la humedad para medrar, cuyo número se cuenta por centenares y que alberga no solo vida sino también esperanza de una mejora en su calidad.
A mis espaldas, el templo que alberga la dorada y enorme estatua de Buda asi como miles de figuras a las que los fieles realizan peticiones de fortuna, salud, etc.
Pero el viajero o turista que llega a Ulaan Bataar (procedente generalmente de Moscu o Beijing), no se detiene demasiado tiempo en la ciudad. El Desierto del Gobi, el Lago Khuvsgul o el Parque Gorkhi-Terelj han reclamado su atención desde que comenzó a soñar con la tierra de los Khanes. Ahora tiene la oportunidad de buscar la mejor opción para recorrer cualquiera de esos circuitos o combinar varios, pudiendo estar desde siete hasta catorce días alejado de la civilización, siguiendo las huellas que un día dejaron las hordas que llegaron hasta Europa y el Sur de China.
Nota II: No puedo dejar de mencionar, porque los trenes me encantan (y más en tierras extranjeras) aunque por razones de espacio no sea en un post exclusivo, el viaje entre Zamiin Uud y Ulaan Bataar y mi primer contacto con la hospitalidad y carácter mongoles.
Cuando llega el tren a Zamiin Uud, con una hora de antelación, hay que esperar a que nos abran el vagón. Los porteadores, que se alquilan a aquellos viajeros que necesitan de sus servicios, corren sudorosos con sus pesadas cargas a la espalda. Todo el mundo aparece por la estación llevando no solo equipaje personal, sino también bolsas y cajas con mercancía adquirida en China. En mi designado compartimento hay una pequeña televisión, de pantalla plana, sobre la mesa, y los compartimentos son una mezcla de hard sleeper (por la calidad de la cama y la estancia) y soft sleeper (porque hay cuatro personas únicamente). Las sabanas no están incluidas en el precio del billete, y su alquiler cuesta 60 céntimos. Me rasco el bolsillo. El vagón cumple todos los estereotípos de un producto de fabricación soviética: robusto, funcional, sin lujos ni detalles de diseño. El depósito del agua caliente, en uno de sus extremos, no es eléctrico sino que funciona con una pequeña hoguera alimentada por madera. Entablo conversación, mientras suben sus fardos al tren, con un mongol que sí habla ingles. Me invita más tarde a su compartimento. El tren lleva casi una veintena de vagones y, asomado a la ventana, cuando toma las curvas puedo ver a la vez la cabeza y la cola del convoy.
Esa noche me encuentro en un compartimento con cinco jugadores de póquer mongol, de los que sólo uno habla ingles, y dos espectadores. Veo como juegan y no se parece en nada al póquer que yo conozco. Ni se me ocurre pedir unas cartas porque juegan con dinero y son buenos. Pese a que no me entero de nada de lo que dicen, sí comprendo gestos y tonos, así que pido la cena (aparece una de las azafatas con un carrito y bandejas de poliestireno con ghoulash) mientras saboreo también la situación. Por la mañana acompaño a mi nuevo amigo, Tsend, y sus bolsas de mercancía a coger un taxi (mientras se despide de su
(Escrito por él primero en su inseparable block de notas, en el interior de un ger en Gana's Guesthouse, Ulaan Bataar, Mongolia, el 1 de Septiembre de 2007, transcrito al ordenador en Wuhan, China, el 30 de Septiembre de 2007 y corregido y ampliado desde el tren Xining - Lhasa, el 3 de Octubre de 2007 gracias a que nuestro compartimento cuenta con televisores individuales, tomas de oxigeno...¡y enchufes!)

