24 febrero, 2007
Ya no me pongo al día
23 febrero, 2007
Poniéndome al día (IV): La Jungla de Taman Negara
No hay fotografía que pueda hacer justicia a la belleza que nos rodea durante horas, pero los disparadores de mi Samsung y la Canon de Isa son testigos de que nos esforzamos en intentarlo a sabiendas de que no lo lograremos. No hay una imagen ni mil palabras que puedan atinar a emular nuestras sensaciones durante ese tiempo en que invadíamos una escenografía que parecía especialmente dibujada por la mano de un Dios que quisiera recrear el Edén.
Como en su viaje en busca del Coronel Kurtz, nosotros emulamos a Martin Sheen subiendo en bote por un río desconocido de un país extraño. En lugar de un M16 nosotros vamos armados con cámaras fotográficas. Al final no nos encontraremos a Dennis Hopper ni a Brando pero nuestro viaje, lo tengo por seguro, ha sido muchísimo más placentero.
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Una cosa bastante graciosa de nuestro resort de alto “standing” (lo de pagar 25,50 RM por una lata de cerveza Tiger y una lata de 7Up no es nada gracioso, pero las vistas y la tranquilidad desde la terraza del restaurante merecían la pena, aunque Isa me ganara al “Scrabble”) es que tenían un cartel en el que informaban a qué horas y en qué zonas de las instalaciones se podían ver determinados animales salvajes (o más o menos salvajes). Dado que están protegidos, campan a sus anchas sabedores de que nadie les va a hacer el menor daño y que los disparos, de haberlos, serán fotográficos (salvo que se acerquen a un poblado Orang Asli, claro está).
20 febrero, 2007
Taman Negara
Con este texto cierro el capítulo de Malasia, por la que viajamos del 26 de enero al 8 de Febrero, visitando Melaka, Kuala Lumpur, Taman Negara, Penang y Langkawi.
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Me limitaré a daros tres consejillos de nada, por si algún día os animáis a pisar suelo malayo:
- Incluid Kuala Lumpur en vuestro itinerario, pues ninguna opinión se merece más crédito que la vuestra.
- Dedicadle un par de días, cuestión de visitar las torres Petronas sin prisas.
- Ofreceos un alojamiento de categoría medio-alta, alejada de los barrios chinos/indios, que os permita olvidar momentáneamente la mediocridad que es vivir en una ciudad ruidosa, sucia y caótica.
Amén de subir a las torres gemelas, lo mejor que hicimos en KL fue contratar una excursión para Taman Negara, el parque nacional más grande de Malasia, cuyos 4343 kilómetros cuadrados de superficie se extienden mayormente sobre el estado de Pahang. La excursión era de tres días y dos noches, con el primer y último día dedicados a desplazarnos. La verdad, un día más en el parque no hubiese sobrado.
Cómodamente sentados en el suelo, la cabeza reclinada sobre el respaldo de madera, los pies descalzos y asomados fuera de la barca para recibir las salpicaduras del agua, los ojos intermitentemente cerrados, alternando entre la relajación más total y la visión hechizante de un horizonte de vegetación, y en la mente, no más de tres palabras: ¡esto es vida!
Nuestro destino, Kuala Tahan, era un pueblo de cabañas de madera, con cuatro o cinco restaurantes flotantes. Nosotros estábamos alojados en la ribera opuesta, en la zona pobre de un lujoso resort.
No habíamos contratado bungaló, sino un dormitorio en teoría compartido con otras seis personas. Encontramos el ala de dormitorios frente a la zona de lavandería del resort y, para nuestra gran sorpresa, sólo la compartimos con las decenas de monos que pululaban por esa zona. Lo mejor del dormitorio: cerrar los ojos y quedarte dormido mientras escuchas concentrado la sinfonía nocturna de grillos, geckos y demás residentes de la jungla.
Como cualquier tour organizado, el nuestro estuvo repleto de actividades:- Paseo nocturno por la jungla. Impresionante la capacidad de nuestro guía para divisar animalitos que incluso de día son difíciles de encontrar, como el escorpión o el insecto palo.
- Paseo matutino por la jungla. El sendero está perfectamente señalizado, con lo que este paseo puede hacerse por libre. Sin embargo, merece la pena tener guía para aprender sobre las propiedades y usos de las plantas.
- "Canopy Walkway". Un puente de 530 metros de longitud, construido con madera y cuerda, y suspendido a 40 metros de altitud. No sé qué temblaba más, si el puente o mis piernas.
- Rafting por los rápidos. Lo único rápido de la actividad fue su duración, pues la diversión se acabó justo cuando pensábamos que lo "bueno" estaba empezando. Y para que yo lo diga…
- Visita de un poblado "Orang Asli". Fue la parte más interesante de la excursión, aunque el sentimiento de intrusión me resultó violento. Me sentí algo avergonzada de formar parte de esa horda de turistas que, armados con cámaras, de pronto irrumpieron en la intimidad de sus vidas, rompiendo el ritmo de una tarde apacible.
De los Orang Asli, aprendimos muchas cosas, como su habilidad para producir fuego, sus técnicas de caza, sus costumbres, creencias y ritos funerarios.
No practican ningún tipo de religión organizada, ni veneran a un Dios, pero sí creen en los espíritus. Cuando un miembro de la tribu muere, consideran que un espíritu maligno le ha quitado la vida y, rápidamente, migran a otro lugar para evitar que otros corran la misma suerte. Antes de marcharse, colocan al difunto en lo alto de un árbol, de manera a facilitar la ascensión de su espíritu al cielo. Esta costumbre también tiene una finalidad práctica: darle al muerto una oportunidad de volver a la vida, de la que carecería si fuese enterrado o incinerado.
En cuanto a las técnicas de caza, consisten en disparar dardos envenenados con la ayuda de una caña de bambú de unos tres metros de longitud. Se nos dio la oportunidad de practicar, apuntando a unos peluches. El Junior, como si llevase toda la vida ejerciendo de hombre primitivo, cogió el arma, apuntó, sopló y zas, ¡premio! Bueno es saber que, de haber sido Orang Asli, esa noche se hubiese cenado pingüino en mi casa.
Si bien mi hombre para la caza tiene puntería, para el vestir no siempre da en diana de mis deseos. Menudas pintas las del Junior cuando se cambió para la excursión a los rápidos. De pronto me lo vi llegar con sus botazas de trekking, sus calcetas de la mili, su bañador, su camiseta, su bolsito gay y su infame "bunny hat" (lean nota aclarativa a pie de página): un sombrero militar de colores kaki, marrón y negro, usado por las fuerzas armadas americanas para camuflarse en la jungla (porque de todos es sabido que uno de los objetivos principales de las excursiones organizadas por la jungla, es volverse invisible para el guía y el resto de excursionistas, por obra de las virtudes miméticas de un sombrero).
Cuando el amor no es ciego, a veces tiene que cerrar los ojos. Y mira que yo lo intenté, haciendo de todo para desterrar de mi mente esa visión del Junior en su "honey butt" (vuelvan a la nota aclarativa), tratando de focalizar mi atención sobre otras cosas: Isa, concéntrate, admira la vegetación, no dejes de mirar al río, fíjate en los rápidos, en la barca, en el guía… hasta que llegó él y, con una sola frase, echó por el suelo mis esfuerzos y vanas esperanzas de olvido:
"Isa, ¿me haces una foto?".
Nota aclarativa: ya sé que es "bonnie hat", pero la gracia está en vacilar al Junior.
(Escrito por ella desde Bangkok, Tailandia, 20/02/07)
19 febrero, 2007
Feliz Año Nuevo
Por si el desfase horario no bastase para confundirme (siete horas más aquí en Bangkok con que, si no me equivoco, en España serán ahora las dos menos veinte de la mañana del domingo y debéis de estar dormiditos, o de juerga, mientras os escribo), en esta parte del mundo existe otro calendario, el chino, en el que hoy es año nuevo.
Por cierto, un año muy especial éste. Entramos en el año del cerdo, ¡nuestro año! José y yo, curiosamente, compartimos signo zodiacal tanto en casa (virgo) como aquí (ambos nacimos en el 71 y eso, por lo visto, nos convierte en un par de cerdos).
Ayer de madrugada, llegamos a Bangkok con la intención de respirar un poco el ambiente de fin de año. El año nuevo se celebra este año del 16 al 18 de Febrero (el calendario chino no es de 365 días, con lo que el año que viene empezará, creo, sobre el 8 de Febrero… mira que son complicados estos chinos) y eso genera muchos desplazamientos por todo el país. Muchos tailandeses han venido a pasar estas fechas con sus familias en Bangkok y me parece a mí que la fiesta verdadera sucede de puertas adentro.
Por la noche nos dimos una vueltecilla por el barrio chino y, a parte de mucho tráfico, vendedores ambulantes de dragones de papel, vendedores ambulantes de ropa, vendedores ambulantes de castañas, vendedores ambulantes de dulces, vendedores ambulantes de pollo, vendedores ambulantes de todo (¿os he comentado alguna vez que los chinos, a parte de ser muchos, son muy comerciantes?), mucho chino vestido de rojo y muchas decoraciones del mismo color, por lo demás no notamos nada demasiado festivo en el ambiente. Creo que la acción está reservada para esta noche. Según nuestra parejita de holandeses de Langkawi (que por pura casualidad encontramos ayer en medio de esa increíble pululación china), a media noche tirarán cohetes y desfilarán dragones.
Hablando de dragones, ¿sabíais que el dragón representa a oriente? ¿Y que la representación de occidente es el tigre? Bueno sabiondillos, pues yo no lo sabía, pero ya me voy enterando de algunas cosas. Ayer sin ir más lejos, después de comer, le eché un vistazo a una gacetilla tailandesa (encontramos periódicos locales escritos en inglés) y leí un artículo muy instructivo sobre astrología china.
Aprendí que el zodiaco chino consta, al igual que el occidental, de 12 signos. Estos signos están relacionados con los cinco elementos de Feng Shui: tierra, agua, fuego, madera y metal. El cerdo, que es el signo que aquí interesa, es un signo de agua.
Ya, ya sé que suena raro, yo también hubiese pensado en el cerdo como un signo de fango. Pero pese a la mala reputación que le hemos dado al cerdo, en su estado salvaje, es un animal muy limpio. Otras de sus características son la independencia, ya que come de todo (aunque de José y yo no pueda decirse lo mismo), la humildad y la bondad. Se dice de los cerdos que son buenos amigos y leales. Si es que no nos merecéis.
Este año se presenta más bien mal para los cerdos, ya que es un signo de agua y, paradójicamente, el 2007 es año de fuego. Se produce un choque de elementos y no se sabe si el agua conseguirá apagar el fuego. Se prevén disputas y conflictos. O sea, que el Junior y yo empezamos bien el viaje, pero no sabemos como lo acabaremos.
Para contrarrestar un poco la mala suerte, se nos recomienda que practiquemos los consejos del Feng Shui y que vistamos de colores que contrarresten nuestra naturaleza acuosa. Nada de azules (lo siento José), este año se llevarán el verde, el rojo y, mi color preferido, ¡el amarillo! Anda que vamos a parecer la trilogía del semáforo.
Bueno, no está todo perdido para los cerdos. Los lechoncillos que nazcan este año gozarán de muy buena estrella. Con esto no quiero decir nada ni asustar a nadie, pero bueno es saberlo por si acaso.
Me pregunto si los chinos tendrán costumbre de escribir sus resoluciones para el año nuevo. Para mí que me encanta hacer planes y escribir listas, es una tentación difícilmente resistible. Claro que viendo el éxito que de momento estoy teniendo con mis resoluciones de enero (mi Biblia se está dando un buen paseo este año, pero todavía no la he abierto ni una sola vez), no sé si será sensato añadir nuevas resoluciones a las viejas. Claro que el Junior hizo 12+1, ¿y porqué iba yo a ser menos?
Venga, resoluciones de año nuevo chino:
La primera es una resolución pequeña y a corto plazo: poner al día el blog antes de irnos de Bangkok. Me prometí hacerlo en Koh Lipeh, pero la isla me sedujo con sus encantos. La culpa la tienen Xavi, Laia y Vanesa, un grupo de ibicencos majísimos, que me introdujeron a las maravillas del "snorkel".
La segunda es más un deseo que una resolución: convencer a mis padres para que se apunten a un viaje desorganizado conmigo. Papá y mamá, he pensado mucho en vosotros desde Koh Lipeh. Me encantaría enseñaros una pequeña selección de los mejores rincones del mundo y volver a hacer un viaje juntos, como solíamos hace ya unos cuantos años.
La tercera es un secreto.
(Escrito por ella desde Bangkok, Tailandia, 18/02/07)
