10 diciembre, 2007

Nada es imposible

El lunes 15 de octubre, llegábamos al campamento base del Everest, por su vertiente tibetana, tras dos días de ruta en todoterreno.
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De derecha a izquierda: José, Isa , Clara y Nial, dando saltos de alegría ante nuestra primera visión del Himalaya.

Esperaba quedarme sin aliento y con dolor de cervicales, al pie de este gigante pétreo (8844 metros, según las últimas mediciones), desafío supremo de tantos alpinistas profesionales y aficionados. Sin embargo, el Everest no me causó mayor impresión.

"La verdad, me hizo más efecto el Mont Blanc" – le comenté desdeñosamente a José, mientras éste ametrallaba la nívea cima con mi cámara. Claro que en aquellas vacaciones de esquí en los Alpes, yo tendría a lo sumo siete u ocho años (unos cuantos menos que ahora), una edad mucho más impresionable.

La imagen colosal que yo me había creado del "techo del mundo" era puro producto de mi ingenuidad. Obviamente, el campamento base no está precisamente al nivel del mar, con lo que del Everest sólo percibimos los últimos 3000 y pico metros que llevan a su cima, trazando un perfil de ascendente verticalidad.

Si bien la visión del Everest no llegó a marcarme, no así la historia de estos tres alpinistas, cuyos nombres – Grania, Erik y Sabriye – quedarán para siempre inscritos en los anales montañeros del Himalaya. En común a todos ellos, un mismo lema: "nada es imposible".
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Tuve la suerte de escuchar en directo a Grania Willis en el 2005, elocuente y entretenida oradora, durante una conferencia celebrada en la sede dublinesa de Microsoft. Acababa de regresar de su increíble expedición por el Himalaya. En Junio de ese mismo año, Grania logró superar su desafío personal, demostrando ser la primera mujer irlandesa capaz de alcanzar la cima del Everest por su vertiente norte, técnicamente la más dura.

Imagino que estaréis pensando a santo de qué os vengo a contar la historia de la primera mujer irlandesa en escalar el Everest por su vertiente norte, ¿acaso no sería mejor narrar la hazaña de la primera mujer (la surafricana, Cathy O’Dowd) en alcanzar esa misma meta?

Cierto. Pero si he elegido hablaros de Grania, es por la peculiaridad de sus circunstancias personales, que hacen su desafío y proeza aún más espectaculares.

A saber:
- Grania W. cumplió su objetivo a la edad de 49 años
- Sufría graves secuelas físicas en la espalda, tras dos caídas a caballo que por poco le costaron la vida y…
- ¡Nunca había practicado alpinismo antes de proponerse escalar el Everest!

Como podréis suponer, muchos intentaron desanimarla de su despropósito. Pero Grania, fiel a su lema, no quiso darse por vencida antes de darlo todo en el intento.

Deja su trabajo como corresponsal ecuestre del Irish Times en septiembre del 2003 y, cinco meses más tarde, empieza su entrenamiento intensivo. En septiembre del 2004, se estrena como alpinista en el Himalaya, escalando Cho Oyu (8189 metros), la sexta cima más elevada del mundo.

Avalada por este primer éxito, Grania se siente preparada para el gran desafío. Empieza a ascender el Everest a principios de junio, algo tarde, pues acaba de terminarse la temporada de escalada. Pese a los fuertes vientos y otras inclemencias del tiempo, Grania alcanza la cumbre el domingo seis de junio del 2005, a las ocho de la mañana (hora nepalesa).

Nota: Tal vez os estéis preguntando qué reto puede quedarle a uno tras haber escalado el pico más alto del mundo. Tras lograr su objetivo, Grania ha puesto por escrito todos los detalles de su epopeya, en un libro publicado bajo el título de "Total High: my Everest challenge" (bastante difícil de conseguir en su versión original, dudo mucho que exista su traducción al castellano). Grania sigue escalando. En marzo de este año, haciendo equipo con otro irlandés, Ian McKeever, se ha convertido en la primera mujer irlandesa en alcanzar la cima de las pirámides Carstensz (4884 metros), en Indonesia. Una hazaña nada despreciable, aunque esta vez no haya hecho portada en la prensa celta.

Erik Weihenmayer, de nacionalidad norteamericana, perdió la vista a la edad de doce años. La desgracia a veces se ensaña injustamente sobre un mismo individuo. Al poco tiempo de quedarse ciego, Erik perdió a su madre en un trágico accidente de carretera. En un esfuerzo por levantar la moral de su reducida familia, el padre de Erik llevó a sus tres hijos adolescentes en expediciones montañeras por Suramérica, India y Nepal. Fue gracias a estos viajes que la autoestima, autoconfianza y espíritu de superación crecieron en Erik, empezando a retomar gusto por la vida.

Pese a su discapacidad, Erik logró superar dificultades y obstáculos, hasta convertirse en uno de los más afianzados atletas de nuestros días. Entusiasta y experto practicante de paracaidismo acrobático, delta plano, esquí, ciclismo y carrera de fondo, sus logros más extraordinarios se adscriben sin embargo a los grandes hitos de la escalada.

El 25 de mayo del 2001, Erik alcanzó la cima del Everest, siendo el primer hombre no vidente en lograr este reto.

El 5 de septiembre del 2002, al erguirse sobre la cumbre de Kosciusko, en Australia, Erik se unió a los 150 alpinistas cuyo record consiste en haber escalado la montaña más alta de cada continente, en total siete.

Mientras escribo esto, pese a que nos separen más de 600 kilómetros de distancia, me parece estar oyendo las quejas del Junior: "¿Cómo que siete continentes?". Aún recuerdo una discusión en el que él sostenía que los continentes, de toda la vida, habían sido sólo cinco, mientras yo me emperraba en que fuesen seis. Pues ya ves, Juni, "ni pa tí, ni pa mí", resulta que son siete.

Ahí van:
1. Asia (su cima más alta, con sus 8844 metros, como bien sabemos todos, es el Everest)
2. Suramérica (Aconcagua, 6961 metros)
3. Norteamérica (McKinley, 6193 metros)
4. África (Kilimanjaro, 5894 metros)
5. Europa (Elbrus, 5641 metros)
6. Antártica (Macizo Vinson, 4897 metros)
7. Oceanía (Kosciusko, 2230 metros)

La trayectoria de Sabriye Tenberken, de nacionalidad alemana, estaba destinada a convergir con la de Erik. Al igual que éste, Sabriye había perdido totalmente la vista con 12 años, a consecuencia de una enfermedad reticular, degenerativa e implacable.

Tras leer un artículo sobre las hazañas montañeras de Erik, Sabriye compartió el inspirador relato con sus alumnos de la escuela para ciegos, en Lhasa. Los niños quedaron tan impresionados que, durante semanas, no dejaron de hablar de su nuevo súper héroe.

Animada por el efecto que Erik producía en la autoestima de sus alumnos, Sabriye le escribió una larga carta, invitándole a visitar su escuela. Una invitación que no sólo fue inmediatamente aceptada, sino correspondida con otra más osada: ¿por qué no acompañarle en una de sus expediciones?

Así pues, Sabriye, guiada por Erik y acompañada por seis adolescentes, cuatro chicos (Gyenshen, Dachung, Tenzin y Tashi Pasang) y dos chicas (Sonam Bhumtso y Kyila), ciegos todos ellos, se aventuró a ascender, no el Everest, sino otro pico himalayo, Lhakpa-Ri, cuyo nombre traducido del tibetano significa "Montaña Tempestuosa". Con sus 7010 metros de altitud, la montaña tempestuosa es más elevada que cualquier otra cima fuera del Himalaya.

Nota 1: Para quién quiera ser testigo de esta increíble aventura, permaneced al acecho del estreno de la película "Blindsight", un galardonado documental que a pesar de haber sido rodado en el 2004, todavía no se ha estrenado en la gran pantalla española.

Nota 2: El ascenso de Sabriye por el monte Lharkpa-Ri, en la vertiente norte del Everest, no es ni de lejos su mayor logro. Dentro de unos días y en un texto aparte, os contaré la increíble odisea de esta mujer excepcional, tras haber tenido el placer y honor de entrevistarme personalmente con ella en Kerala.

Nota 3: Nada es imposible. Tampoco lo es morir en el intento de tocar nuestros sueños. El éxito de estos valientes aventureros, si bien debe inspirarnos a ensanchar nuestros límites, no debe hacernos olvidar los peligros que conlleva el ascenso a vertiginosas altitudes. La densidad de oxígeno en la cima del mundo es de 7,7% (al nivel del mar, 23% aproximadamente). El 20% de alpinistas que han intentado alcanzar dicha cumbre, han perecido en el camino, como atestiguan las lápidas encontradas en su campamento base.

Tal vez no tengáis en mente escalar el Everest, pero sí hacer senderismo en Nepal, como lo hicimos nosotros. Tampoco aquí os confiéis demasiado. Durante el breve periodo de tiempo en el que José se encaminaba hacia el paso de Thorung-La y yo llegaba a Jomsom, tres personas se dejaron la vida en el Anapurna. Un sherpa nepalés y dos turistas franceses.

Un hombre mayor, entre 70 y 78 años (según dos versiones distintas), empezó a manifestar síntomas del mal de altitud, en el ascenso que lleva de Manang a Thorung-La. Haciendo caso omiso a estos síntomas, siguió ascendiendo hasta desplomarse. Intentaron en vano organizar una operación de rescate por helicóptero. Tras tres horas de espera, el hombre expiró su último aliento.

Una mujer joven, de 28 años, viajaba con su pareja, curtido senderista. Se llamaba Olivia y se parecía a Cameron Díaz. Había superado el paso de Thorung-La y alcanzado Muktinath. No había manifestado ningún síntoma, ningún malestar. Sin embargo, por la mañana, su novio se despertó con el ruido de una respiración ahogada. Olivia estaba ya inconsciente, pero aún debatiéndose por arrancarle al aire una última bocanada de oxígeno. Ni siquiera con la intervención de un médico japonés, que la providencia había enviado a la habitación contigua, lograron reanimarla.

Sed valientes, pero nunca temerarios.



(Escrito por ella desde Delhi, India, 06/12/07)





04 diciembre, 2007

La vuelta al mundo de Theo

“Yo quiero viajar, porque viajando se conoce a gente que uno nunca hubiese conocido de haberse quedado en casa” – con estas palabras resumía mis ganas de viajar hace ya casi un año, tres semanas antes de embarcar en nuestro maravilloso periplo por tierras asiáticas y australes.

Más profunda que el recuerdo de los paisajes, monumentos, colores y aromas que han impregnado nuestro viaje durante estos últimos diez meses “on the trail”, es la huella de otros pasos que nos acompañaron durante mágicos tramos del camino.

Conocí a Theo en una sala de espera, frente a la puerta de embarque del diminuto aeropuerto de Pokhara. En Nepal, hasta el más impaciente aprende a tomarse la vida con calma. Tu comida, por ejemplo, nunca llega a tu mesa con menos de 30 ó 40 minutos de espera (el record lo vivió mi amigo Vincent en Bhulbule: una hora y media, para un simple pedido de pan con queso). No es pues de extrañar que uno tenga tiempo de echarse amigos mientras espera su turno de embarque. En mi caso, el pequeñísimo aeroplano de propulsión a hélice, destinado a despegar a las seis y media de la mañana, no me llevó a Jomsom hasta pasadas las nueve.

Con más de tres horas de retraso, Theo y yo emprendimos juntos nuestra ruta por el Anapurna. Nuestro pequeño itinerario tenía como meta para el primer día Muktinath, una aldea agarrada a las rocas, a 3710 metros de altitud, pero no la alcanzaríamos hasta el día siguiente. Entre el retraso y un ritmo marcado por más pausas que pasos, nos vimos “obligados” a hacer noche a medio camino, en el encantador pueblecito de Kagbeni.

Nuestros caminos se separaron en Muktinath para volver a encontrarse tres días más tarde, de pura chiripa, en Tatopani. Así pues, terminamos juntos nuestra ruta, llegando hasta Beni para, desde ahí, volver a Pokhara.

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Durante esos cuatro días de camino compartido, disfrutamos de un rico intercambio de vivencias, anécdotas, impresiones, proyectos e ideas. De aquellas conversaciones, quisiera rescatar una historia para vosotros: la vuelta al mundo de Theo.

Theodor M. Schlaghecken nació hace 40 años en Kleve, un pueblo alemán, limítrofe con los Países Bajos. Hijo de granjeros, disfrutó de una infancia feliz y sana, creciendo en el campo. Junto con su hermano menor, ayudaba a sus padres en el negocio familiar, limpiando pocilgas y alimentando a los más de 500 cerdos que criaban en su granja. Un trabajo “sucio”, que no satisfacía el espíritu romántico de Theo.

Tras graduarse en empresariales, Theo se mudó a la gran ciudad. Atrás quedaron los cerdos, el tractor y el mono sucio de mierda y fango, sustituidos por clientes, coche de empresa e impecable traje diplomático. Durante diez años, trabajó para una consultora, en Frankfurt, resolviendo problemas de gestión, maximizando rendimientos y asesorando a sus clientes por el “módico” precio de 2000 euros al día.

Fueron diez años monocromáticos, en los que cualquier día se parecía al siguiente. Un monótono desfile de hombres trajeados, teléfonos móviles, portátiles, presentaciones en PowerPoint, hojas de cálculo, vuelos en clase “business” y hoteles de cuatro o más estrellas. Un trabajo “noble”, pero al fin y al cabo vacío.

Theo buscaba “algo más”, pero sin saber exactamente el qué. Tal vez fuese la crisis existencial de los 40, tal vez el vacío sentimental dejado por una ruptura reciente, tal vez su sed espiritual nunca debidamente saciada, lo que le impulsó a romper con todo.

En una página web sobre motociclismo, su única pasión y pasatiempo fuera del trabajo, leyó un artículo firmado por Joachim von Loeben. Joachim, un abogado alemán, empleado por una compañía de seguros, había dejado su trabajo en el año 2004 para recorrer África en moto, y estaba dispuesto a repetir la experiencia este año, superando su anterior proeza con una odisea motera… ¡alrededor del mundo! El artículo ofrecía un email de contacto. Theo se puso a escribir de inmediato, ofreciéndose como compañero de carretera para esa gran aventura. Así pues, un pequeño clic en el botón de envío marcó el principio de una nueva vida para Theo.

Theo y Joachim empezaron su viaje el pasado mes de junio, atravesando Europa en dirección a Oriente Medio. Su trayectoria les llevará por cuatro continentes, Europa, Asia, América y África, libres de ataduras y lastres occidentales durante dos años.

Dar la vuelta al mundo está de moda. Durante este viaje, José y yo nos hemos encontrado con muchas parejas y viajeros solitarios, poseedores de un “Round the World ticket”, un producto turístico muy popular en países de influencia anglosajona. Se trata de un paquete de billetes aéreos, válido durante un año, que ofrece la posibilidad de circunvalar el planeta por un precio asequible, calculado en función del número de millas o de escalas.

Mucho menos ordinaria es la vuelta al mundo de Theo. No sólo porque se propone hacerla en moto, sino sobre todo por su carácter humanitario. He aquí la propuesta original de Theo: dar la vuelta al mundo, regalando a su paso sonrisas, bienestar y alegría.

Un solo hombre difícilmente puede erradicar la miseria, el hambre y la enfermedad de la faz de la Tierra. Pero sí puede aportar su pequeño grano de arena para que otro hombre se sienta menos pobre, menos triste o menos solo.

En sus primeros seis meses de viaje, Theo y Joachim han apoyado seis proyectos sociales, contribuyendo a mejorar las condiciones de vida de muchos niños.

En Tiblissi (Georgia), visitaron una escuela para discapacitados, en la que gastaron 500 euros para la compra de juguetes y de una maleta especial, que sirve para estimar el grado de discapacidad motriz.

En Amán (Jordania), se acercaron a una escuela para niños huérfanos. Su director mencionó la necesidad de platos para la cantina. Compraron 400 platos de plástico, gracias a los cuales los niños pueden ahora disfrutar adecuadamente de sus comidas y cenas.

En Sanaa (Yemen), compraron material pedagógico por un valor de 1000 euros, para una escuela en la que huérfanos, niños abandonados o procedentes de familias sin recursos reciben acceso a una educación básica.

En Lhasa (Tibet), Theo puso su mente consultora al servicio de Sabriye Tenberken, diseñando un modelo de recaudación de fondos para su escuela para ciegos.

En Kerala (India), visitaron un orfanato en el que los niños dormían sobre esterillas en el suelo. Compraron 20 colchones, almohadas y colchas, dibujando amplias sonrisas en los rostros de estos niños.


En Katmandú (Nepal), gastaron 500 euros en la compra de 50 jerséis, 100 pares de calcetines y 50 botes de crema hidratante, para ayudar a los 43 niños de un orfanato a sobrellevar las inclemencias del invierno.

Vosotros también podéis aportar vuestro granito de arena. Os animo a que visitéis la página web de Theo y Joachim, www.triparoundtheworld.de, donde los kilómetros recorridos por estos dos moteros están a la venta. Por diez céntimos de euro podéis comprar un kilómetro y estar seguros de que vuestro dinero llegará a buen puerto, sirviendo enteramente a una buena causa.


Nota: Theo se encuentra actualmente en Pokhara, esperando piezas de repuesto para su moto desde hace un par de semanas. Mientras conducía por el Parque Nacional de Chitwán (Nepal) en dirección a Darjeeling (India), un adelantador temerario le obligó a lanzarse por la cuneta. A juzgar por sus últimas noticias, recibidas hace un par de días, se encuentra mejor y está dispuesto a reemprender su viaje muy pronto. Que Dios esté contigo, Theo.


(Escrito por ella desde Jaisalmer, India, 04/12/07)

Adiós con el corazón

Flexibilidad y capacidad de adaptación sirven para un viaje de un año por Asia y Oceanía y para la vida en común o en solitario. Durante diez meses habéis asistido al descubrimiento de dos continentes por parte de esta pareja (de Castellón ella, de Avilés él) y con Isabel y José viajasteis por la jungla malaya de Taman Negara, al fondo del mar en la paradisiaca isla de Li Peh, acariciasteis tigres en Kanchanaburi, os estremecisteis de horror en los campos de la muerte de Camboya, disparasteis un Kalashnikov a las afueras de Saigón, volvisteis a celebrar el año nuevo bailando abrazados en Luang Prabang, comprobasteis que la Ópera de Sídney y su bahía son tan bonitas como en las fotos, os lanzasteis en paracaídas sobre Nueva Zelanda, disteis de comer a canguros y wallabies en la Isla de Tasmania, recorristeis el desierto en autocaravana para ver el sol del amanecer teñir de rojo la sagrada Ayers Rock en medio del desierto, os encerrasteis en una habitación de hotel mientras un tifón azotaba Hong Kong, un policía chino os tapó con su mano el objetivo de la cámara en la mancillada Plaza de Tiananmén, recorristeis esforzadamente el Circuito del Anapurna y llegasteis a la misteriosa, mística, majestuosa, India.

Y en ese increíble caos que es un país en el que las vacas tienen preferencia de paso sobre cualquier vehículo, trenes incluidos, es cuando los caminos de los dos viajeros se separan. Definitivamente. Esta vez no se trata de una diferencia de opinión sobre la ruta a seguir. Tampoco de un desvío para poder ver a unos amigos que viajan desde Europa. A menos de dos meses para terminar el viaje, pues el día diecinueve volamos desde la ex colonial Singapur a la ex metrópolis Londres (yo llegaré a mi Avilés natal dando un intencionado rodeo para visitar a amigos en Dublín y Madrid, ella pasará por Valencia - qué remedio - para ir a Castellón), hemos decidido que sólo un par de días más verán nuestros pies siguiendo el mismo camino.

En mi caso, desde India volaré fugazmente a Bangkok, ese gigantesco nudo aeroportuario que conecta a medio mundo con Asia, para, menos de veinticuatro horas después, coger otro avión con destino a un país casi completamente aislado de las influencias, especialmente democráticas, del mundo exterior. Como si de una Albania en 1980 se tratara, o de una más dura (si tal caso es posible) Cuba, en ese país Occidente y Maldad son sinónimos, pero con la habitual hipocresía del Comunismo cuando llega al poder, los sucios dólares y los pragmáticos euros de los turistas son siempre más que bienvenidos. Os mantendré informados antes de cruzar la frontera y cuando vuelva a Tailandia, pues el acceso a Internet y a páginas tan peligrosas como Hotmail o Google es ilegal en el país. Y, aunque imagino que ya lo habréis adivinado, os diré su nombre sólo después de una llamada telefónica a mi madre, para tranquilizarla, que ya sabéis todos como se pone una madre cuando uno no avisa de que llegará tarde a cenar o que se va a una ciudad en la que el Ejército dispara y mata a manifestantes pacíficos.

En el caso de Isabel, ella continuará por India, pasando otra vez (pero con más tiempo ahora) por la crucial y definitiva Varanasi, un símbolo de tantas cosas, y llegando tan al Sur como Kerala. Y después, la alegría de encontrarse con sus padres y, durante un mes, llevarles en un vertiginoso recorrido para mostrarles los mejores rincones que nosotros descubrimos durante nuestro viaje. Estoy seguro de que la tranquilidad de Luan Prabang y el relax de Koh Li Peh, serán de su agrado.

No es éste el final de nuestra aventura, no dejamos de ver cosas nuevas, de visitar templos y junglas por primera vez y de intentar, casi siempre con vergonzoso retraso, compartirlas con El Mundo, esa entelequia que es algo más que una I.P. en las estadísticas de SiteMeter. Vosotros sois de carne y hueso y por eso entenderéis que nosotros también lo seamos. Tal vez nada cambie, porque seguiremos publicando relatos de la gente a la que hemos conocido y los sitios en los que hemos estado. Tal vez, sólo notéis que desaparecen las referencias que uno hace del otro y que los textos, ejem, no llegan al blog con la premura que lo hicieron en otros tiempos.

Tal vez no notéis nada, porque todo seguirá "casi" igual que antes.

Desde la ventana veo un milenario fuerte, en el interior de mi habitación duerme profundamente una bella mujer.

Un saludo desde Jaisalmer, Rajastán, India.


(Escrito por él desde Jaisalmer, India, el sábado 1 de Diciembre de 2007)

Sordo y ciego


Un vendedor ambulante pasa, apurado, con su mercancia en un carrito, por delante de puestos de venta de dulces y postres en Delhi.

Cuando uno piensa en India, se le vienen a la cabeza imágenes como la majestuosidad del Taj Mahal, la pacífica lucha de Gandhi, la opulencia de los Maharajas o bien cazadores británicos de la época colonial, a lomos de un elefante en busca del codiciado tigre. Aunque esas imágenes ocurrieron y son ciertas, la India de hoy se autoproclama “la mayor democracia del mundo” (a juzgar por el número de votantes), es una potencia nuclear que rivaliza peligrosamente con Pakistán (con quien mantiene un enfrentamiento soterrado por Cachermira y a quien se ha enfrentado bélicamente en el pasado, así como con China), un país cuyos 4 mayores multimillonarios tienen tanto dinero como los 40 mayores multimillonarios chinos juntos, un país con un sorprendente crecimiento económico de casi el 10% anual y que competirá reñídamente con China como potencia regional, y mundial, en el siglo XXI, pero también el hogar de 300 millones de personas que a duras penas sobreviven con 80 céntimos de Euro al día.

Y cuando el hambre aprieta, lo hacen también la picaresca y el ingenio.


Baños públicos en Delhi. Separado por una pared de los otros usuarios, pero dándole únicamente la espalda a los peatones, un hombre utiliza el lavabo en una calle.

A veces solo mendigan. De repente tienes a tu lado a una escuálida mujer que sostiene a un niño y con cara de desesperación te pide una limosna. Otras, es un minusválido el que extiende su brazo hacia tí en busca de unas rupias. Pasas al lado de un muro en el que se apoyan casi indolentemente un grupo de mendigos y eres el objeto de sus llamadas de pena. Porque la miseria te grita y se te cruza, se pone a tu lado, y te acompaña durante varios minutos, incluso te bloquea el camino. Para quien nada tiene, nada se pierde.

Niños en un transporte escolar, impulsado por los músculos de las piernas del conductor.

Otras veces, intentan timarte. En Asia siempre hay dos precios, uno para los locales y otro para los extranjeros. En la India, por ejemplo, no importa el tiempo que lleves aquí o la cantidad de veces que hayas visitado el país, en un autotrickshaw siempre pagarás unas 20 rupias más que un hindú. Y, naturalmente, eso será después de regatear desde un precio absurdo a algo más verosímil. Yo nunca les dejo propina a los conductores, porque ya lo estoy haciendo en el precio pactado. Bien, "nunca" es un poco extremo, a veces lo he hecho cuando he visto el empeño que ponen en encontrar la dirección correcta de mi destino, cosa nada fácil cuando desaparecen los números de las casas, o cuando tardamos demasiado tiempo por causa del tráfico, o si la distancia es mayor de lo que ambos esperábamos. Por cierto, si ellos os dan un primer precio demasiado bajo va a ser porque a la ida a vuestro destino parareis en una tienda en la que él se llevará una comisión si compráis algo. Y no penséis que os va a ser fácil volver a salir por la puerta del establecimiento con las manos vacías.


Vacas, perros, conductores de bici trickshaws. Visiones comunes en casi cualquier calle de la India

Y las menos, intentan robarte. Ayer en Agra, la ciudad del Taj Mahal, a una turista rusa intentaron arrancarle la mochila de un tirón, pero al resistirse ella los agresores, tres motociclistas, le arrojaron un líquido ácido a la cara y ella está ahora mismo en el hospital. Sin embargo, no hay más violencia contra los turistas aquí que la que puede haber en Madrid, porque ¿cuantas veces se lee la noticia en el periódico de que un
intento de robo por el procedimiento del tirón acaba con una anciana arrojada sin compasión al suelo rompiéndose la cadera y sufriendo hematomas varios?

Un conductor transporta mercancías y a dos personas en su triciclo con plataforma. Para combatir el frió de la mañana en Delhi, todos van abrigados.

"¡Amigo! ¡Eh! ¡amigo!", "¡Hola amigo!", "¡Disculpa, amigo!", "¡Amigo, pasa, pasa a mi tienda!"...casi más que las bocinas de los vehículos en el caótico tráfico, ese es el ruido que más te asalta por la calle. Todos intentan reclamar tu atención, y el 95% de las veces con un único propósito: que unas cuantas rupias pasen de tu bolsillo al suyo. Puede ser inmediato, tardar un minuto o diez, pero llegará el momento en que la conversación pase a tratar de algún negocio, oportunidad o comisión para ellos a cambio de que tú te informes, visites o compres algo. China estaba llena de estudiantes de Arte que llegaban a la Gran Ciudad para exhibir sus Obras de Arte en un Museo, y tú te los encontrabas por la calle al día siguiente de que las hubieran trasladado a un edificio cedido por el Ayuntamiento y justo, justo, el día anterior a que se llevaran las obras no vendidas a su Ciudad De Provincias. Practican su inglés, te hacen una visita guiada sin compromiso y te intentan vender un horrible cuadro, escultura, pergamino o el infumable objeto de turno.

Las sagradas vacas comparten calles y aceras con vehículos, aparcados o en movimiento.

Aquí, los estudiantes sólo quieren Practicar Inglés, ese idioma tan socorrido cuando uno viaja fuera de España y que ayuda a encontrar un trabajo en el país o en el extranjero (caramba ¡como yo!). No van a venderte nada y la conversación es siempre muy educada, te preguntan de dónde eres, si es tu primera visita a la India (¡NUNCA lo es! mentid como bellacos: esta es mi tercera visita, vengo cada año y ya he estado en Goa, Pondicherry, Bombay, Calcuta, me conozco tu barrio mejor que tú, chaval...), cuanto tiempo te vas a quedar, a que te dedicas, etc. En algún momento de la conversación te sugieren acercarse hasta la Oficina de Turismo, donde tendrás la oportunidad de conseguir información sobre los monumentos locales e incluso contratar un guía, excursiones, billetes de avión, autobús, tren...pero lo curioso es que el sitio al que te llevan se encuentra en una dirección que no corresponde con la de la Oficina de Turismo oficial, tal y como consta en tu Guía de Viaje. ¡Ah, caramba! ¿es una agencia de viajes? Entonces alguna comisión se llevará nuestro nuevo amigo. Y eso cuando no te llevan directamente a una tienda donde te prometen descuentos que les van a dejar a ellos en la bancarrota.

En una calle de Jaipur, una vaca y un cerdo, se dedican a buscar su alimento entre la basura.

Ayer, en Jaipur, un indio me paró por la calle y me pidió que le escribiera una carta en i
nglés para un amigo nepalí...y me llevó a una joyería pero allí estaba otro turista, suizo, y creo que eso le sorprendió porque no entramos en detalles, sino que se puso a hablar con él. Me he quedado con la duda de que tipo de timo quería hacer, si la venta de piedras preciosas de baja calidad directamente, o la del timo de las joyas que comenta la Lonely Pedante (la que incluye comprar joyas valiosísimas a un precio ridículo para vendérselas al representante del joyero en tu país).

Antes un tipo me había preguntado que porqué los turistas no hablan con los hindúes y yo le contesté "¨Porque siempre acaban pidiendo dinero".

Asi que, la mayoría de las veces, cuando paseas, la única manera de no perder los nervios es comportarte como si fueras sordo y ciego.

Para evitar que se resfríen, muchas de las cabras que he visto en Jaipur están vestidas con jerseys, como en el "Wally-ejemplo" de la foto

Nota: Las calles de cualquier ciudad india son un cúmulo de estímulos sensoriales que no tienen parangón con Occidente. El segundo día de mi estancia en Jaipur (el día anterior no tuve energía ni tiempo para salir, después de unas seis horas en autobús desde Delhi, y no haber encontrado habitación hasta eso de las siete y media) salí a dar un paseo y, como siempre en una ciudad nueva, disfrutar de la sensación de perderme por sus callejuelas. Objetivo conseguido al cabo de media hora y tomar una desviación a la izquierda, quinientos metros antes de donde debería haber girado, si hubiera seguido las indicaciones de mi Lonely Pedante. Me encontré, de repente, en pleno barrio musulmán al estilo hindú, con sus cabras atadas a las puertas de las casas o, como las vacas, paseando y rebuscando entre la basura cuando no comiendo las hierbas que les da la gente. Mujeres con multicolores saris dieron paso a ropa cuyo objetivo no era estético, sino religioso: velos que cubren el pelo, los hombros o, en más de un caso, la cara, dejando solo los ojos al descubierto. Las chicas jóvenes combinaban esas prendas con vaqueros y playeros. Las madres eran más tradicionales. Los hombres, en aceras y soportales, se tomaban el tradicional "chai" (un rico té con leche), atendían a sus pequeños negocios (panaderías, carpinterías, talleres mecánicos).Y los niños, como en todas partes, jugaban. Paradójicamente, es la parte más tranquila de la ciudad (¡de unos dos millones y medio de habitantes!)porque en cuanto sales de las pequeñas callejuelas, toda la circulación motorizada es un caos...¿sabéis cuantas cifras y letras se combinan en los últimos vehículos matriculados en este Estado? Ni más ni menos que ¡once!. Imaginaros lo que representa eso en cuanto a la cantidad de coches, bici rickshaws, auto rickshaws, motocicletas, ciclomotores, camionetas, furgonetas, camiones...que salen a la carretera y con los que compites, en inferioridad de condiciones, para cruzar la calle.

(Escrito por él desde Jaipur, Rajastán, India, el 30 de Noviembre de 2007)