24 julio, 2007

La Isla del Diablo

He dormido en turismos (asientos traseros, delanteros reclinables y delanteros incómodos), en todo terrenos (sin reclinar asientos y también tumbado en la parte de atrás), en aviones, en trenes (tanto en asientos como en coches cama), pero nunca había dormido en un barco (que no estuviera fondeado)…y menos en un asiento. Pero la Clase Business del ferri “Spirit of Tasmania I” que nos llevó de Melbourne a Devonport tiene unas butacas tan cómodas como las de Primera Clase de una aerolínea, incluso cuentan con una lámpara de lectura, pero no con pantalla de TV. Y no hay azafatas que te traigan el periódico y la comida. Si lo quieres, tienes que ir a buscarlo tú. Y pagarlo. Y además lo que ostentosamente llaman la Clase Business resulta que es la de los mochileros, los pobres, los sin fondos. Los cutres, vamos, que no tienen 100 dólares más para dormir en una litera, en una cabina (aunque si quieren “ojo de buey” tienen que pagar una cantidad adicional). Eso sí, hay dos restaurantes, dos bares, una sala de juegos y una sala de cine (¿de verdad “Eragon” no era una película para niños?) en la que proyectan dos películas durante la travesía. Y en el piso superior hay otros dos bares (ahora cerrados) y una zona cubierta pero aparentemente no climatizada para contemplar el mar durante el viaje. En verano, claro, que hay un servicio diurno porque en invierno a las cinco de la tarde es de noche y no se ve nada. Y además ¿con este frio quien va a querer estar hay arriba?. Por lo menos los pasajes nos han salido con un descuento de casi el 50%, ¡viva la temporada baja y vivan las ofertas!

Después de enamorarme de la Isla Sur de Nueva Zelanda era difícil pensar que podían aparecer paisajes que llegaran a gustarme tanto como aquellos. Sin embargo el mundo está lleno de maravillas y a este asturiano nunca le ha cansado ver montañas, praderas y ríos. Y Tasmania no fue una decepción a ese respecto. Limitadas las comparaciones por la menor extensión y la ausencia de glaciares, aquí volvimos a encontrar la belleza salvaje de las antípodas.

Lo primero que hicimos (en realidad lo segundo, antes alquilamos el coche, un automático Hyundai Accent) fue comprar un pase que nos permitiría visitar todos los parques nacionales de Tasmania, que no son pocos pues el 21% de la superficie de la isla (es decir, uno de cada cinco kilómetros cuadrados) está protegido y mimado con esa categoría. No solo está cuidada la riqueza vegetal sino también la animal. A todos os sonaran (de películas, publicidad y suvenires australianos) esos carteles romboidales que sobre un fondo amarillo presentan la figura de, por ejemplo, un koala y avisan de su proximidad los próximos kilómetros ¿verdad? Pues en Tasmania comprobamos que la fauna está presente, y muy presente, fuera y dentro de sus bosques. Hubo encuentros con wombats, uno a cada lado de la carretera y sin que uno de ellos se decidiera a cruzarla. Aparecieron los “pademelons” (marsupiales de tamaño algo menor que el wallaby, una especie de primo pequeño del canguro aunque todos pertenezcan a la misma familia) a nuestro lado cuando, entrada la noche, llegábamos a visitar las Cataratas Russell. Y no solo ellos, sino también los nocturnos possums, hicieron acto de tranquila y lenta presencia. A mi, que admito abiertamente que me gustan los animales, me pareció una experiencia que no tiene precio el verlos en su hábitat, tan cerca de uno, y además especialmente tratándose de especies únicas, existentes sólo en esta parte del mundo.

¿Conocéis a ¨”Taz”? Si, hombre, El Diablo de Tasmania, el personaje de cómic. Bueno pues nosotros vimos en vivo y en directo, en carne, garras y pelo, al auténtico Diablo de Tasmania. Un oscuro marsupial del tamaño de un perro pequeño y con tanta hambre como este (o como mi amigo David).aunque solo le den de comer dos veces al día (al animal, no a mi amigo) y al que pudimos observar en cautividad en el extenso “Tasmanian Devil Conservation Park”
, al Sur de la Isla, camino de Port Arthur. La docena de ejemplares que se encuentran aquí gozan de todo tipo de cuidados, especialmente médicos pues a sus hermanos en libertad los está diezmando un terrible cáncer que les mata en muy poco tiempo.


T y T, Tontos y Torpes, así son los jóvenes animales que vimos (tres hembras y un macho) en el recinto. Eran tan rápidos como una gallina, y tan listos como ésta. Cuando les dieron la comida ellos se lanzaron ávidamente sobre el suelo….donde no había nada. Tardaron unos divertidos segundos en encontrar, a un metro de distancia, el primer trozo de comida. Eso sí, sus mandíbulas tienen cuatro veces la fuerza de un perro de similar tamaño y daba miedo el ruido que hacían cuando cortaban rápida y metódicamente los huesos, devorando todo lo que se les ponía por delante. Ver a los cuatro aferrando con sus dientes, cada uno en una esquina, el trozo de carne, mientras se intercambiaban gruñidos y tiraban con fuerza de su presa daba escalofríos (imaginaros si fuera una pobre gallina). De todos modos, como he dicho antes, son bastante torpes y esa escena es más que improbable.

Y como sólo comen dos veces al día, el resto del tiempo lo dedican a dormitar, pasear y a…a…a…ejem…bueno…a copular. Delante de nosotros (y de los niños de una familia que también visitaba las instalaciones), el macho requería las atenciones de una de las hembras. Ella se negaba con gruñidos y gestos amenazantes. Él se retiraba, pero al cabo de unos minutos volvía a insistir. Ella volvía a negarse. El se retiraba otra vez…y así hasta que, como os podéis imaginar, venció la resistencia de la hembra y , tumbado a sus espaldas, procedió a…a…a…ejem…bueno, a copular….y a detenerse….y a volver a la acción….y a detenerse….y a volver….y a detenerse….y a volver…. Con ánimos científicos y dado que se trataba de una especie en peligro de extinción, yo grabé la escena para la posteridad y prometo subirla a YouTube
en cuanto tenga ocasión.

Nos fuimos de allí al cabo de un rato para, en otra zona donde la acción era distinta, ver a los canguros de cerca. Tan de cerca que les pudimos dar de comer en la mano y allí se acercaron estos marsupiales permitiendo que también les acariciáramos. Había alguna hembra que aún tenia en su bolsa a un pequeño (“joey” llaman aquí a las crías) y otras con retoños más mayores pero que todavía se acercaban a ellas para mamar, con la cabeza dentro del marsupio.



Como es fácil deducir, Tasmania no es una isla para ver ciudades, sino campo. Edificios, sino bosques. Gente, sino animales.

De las maravillas de la Naturaleza nos dirigimos a ver las obras del Hombre. En Port Arthur visitamos los restos de su famosa y extensa colonia penal e hicimos un pequeño crucero alrededor de "Dead Island" (“La Isla de los Muertos”, como su nombre indica, se usaba como cementerio) y de la que es reconocida mundialmente como el primer Centro Penitenciario para Menores, "Puer Island" (en esa época el Código Penal permitía el ahorcamiento de niños de 8 años y los menores que cometían un delito compartían instalaciones con los presos mayores de edad). Para los que no lo sepan, la colonización de Australia se produjo como consecuencia de convertirla en Colonia Penal a la que deportar a los presos británicos. Ladrones, asesinos, rebeldes irlandeses y prostitutas acabaron en barcos que les llevaron a estas lejanas tierras (el viaje duraba varios meses y no todos los buques llegaban pues la costa está llena de restos de naufragios en las traicioneras aguas) y aquí cumplían su condena. La dureza de la ley era extrema pero también existían las oportunidades para la reinserción y la libertad, dependiendo de la conducta de cada reo. Unos frecuentaban las celdas de castigo donde se practicaba la privación sensorial: se les mantenía completamente a oscuras y en silencio. Otros, mejor dispuestos, podían obtener la ansiada libertad condicional. En el museo de Port Arthur se pueden leer las historias de muchos convictos y comprobar que la cadena “delito-condena-libertad-delito-condena…” no es exclusiva de estos tiempos.




También hay un pequeño jardín que recuerda acontecimientos más recientes pero emotivos y tristes. En 1996 un hombre armado cometió una masacre en la zona y entre las 35 victimas mortales se encontraban algunos trabajadores del enclave. La sangre derramada hace 100 años se encontró con un nuevo caudal a finales del siglo XX.

No puedo terminar mi post de una manera tan triste así que aquí va una anécdota “verdadera y verídica”. Seguro que conocéis este viejo chiste:

Entra un tipo en una librería y le pregunta al vendedor “¿Tiene usted el libro ´Cómo hacer amigos´, calvo de mierda?

Pues bien, la tarde que nosotros embarcábamos en el ferri de vuelta a Melbourne nos paramos en la pequeña ciudad de Latrobe, pocos kilómetros all Sur de Devonport, haciendo tiempo hasta que fuera la hora de devolver el coche y subir al barco. Decidimos visitar la Oficina de Información Turística para que nos dieran información sobre museos o actividades en la zona. Allí dispondrían de información fiable proporcionada por las atracciones turísticas locales y daba por sentado que alguna de ellas sería ciertamente famosa y se nos presentarían varias alternativas para amenizar la espera, y eso era lo que yo quería preguntar. Pero Isabel, que caminaba delante, se acercó al mostrador y le preguntó con nulo tacto a la sonriente morena:


“Bueno, y aquí ¿hay algo que ver?”




Nota: Pasamos unos días en Melbourne al llegar de Nueva Zelanda y después a la vuelta de Tasmania. A ambos nos pareció una ciudad bonita y disfrutamos de muy buen tiempo (y eso que era invierno). He de destacar que las autoridades del transporte metropolitano han dispuesto dos servicios gratuitos por el CBD (Central Business District), un tranvía que hace un recorrido circular y un autobús que lo hace transversalmente. Australianos y turistas por igual los aprovechan para sus desplazamientos por el centro. ¿Qué podéis hacer en Melbourne? Visitad el Queen Victoria Market, un mercado de estilo europeo y hasta algo pijo (tal vez no os lo parezca a vosotros pero es ya medio año viendo mercados asiáticos y se agradece la diferencia que te recuerda el Mercado de El Fontán, por ejemplo). Usad el tranvía gratuito para acercaros hasta los Docklands (me encanta el mar, por si aún no lo había dicho). Aprovechad que hay un tour guiado gratuito del Parlamento. Acercaros a Federation Square e informaros de actividades en la ciudad (en el cercano ACMI – Australian Centre for the Moving Image –nosotros fuimos a una exposición, no gratuita, sobre los 20 años de Pixar, los reyes de la animación, con películas como “Toy Story”, “Monsters, Inc”, “Finding Nemo” y “Cars”).Y no os olvideis de disfrutar de Internet gratis en la State Library, por supuesto.

(Escrito por él entre los exquisitos vinos de los valles de Barossa y Clare y la noche en mitad del Outback en Coober Pedy, South Australia, Australia, los días 25 – 28 de julio de 2007)