07 agosto, 2008

Comienzan los Juegos

Con pompa y esplendor, con la participación de miles de bailarines, actores y figurantes. Con la presencia de Jefes de Estado, de Gobierno, Altezas Reales, Diplomáticos, Millonarios, Empresarios y Ministros.

Cien mil efectivos del Ejército de Liberación Popular, 400.000 policías y voluntarios y vecinos que hacen las veces de "chivatos" están desplegados por la capital, sobrevolada por helicópteros que maniobran en círculo sobre el centro de Pekín.

Con un espectáculo de luz, color y sonido que hará empalidecer los de ediciones anteriores, mañana se celebrará la gala de apertura de los Juegos Olímpicos 2008 en Beijing.

Televisiones de todo el mundo conectarán en directo para ofrecer el espectáculo a millones de personas en Asia, Oceanía, África, América y Europa. A través de Internet, podrán verlo otros varios millones, en teléfonos y ordenadores, en casa y en el trabajo.

Pues bien, yo no seré uno de ellos. Yo no pienso ver la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos.

no veas los juegosNo estoy en contra de los Juegos Olímpicos, no estoy en contra de los deportistas, no estoy en contra del espíritu de los JJOO, y por eso, aunque puede que siga alguna de las competiciones, no voy a ver la inauguración.

¿Por qué? Razones no me faltan, y tienen nombres como Darfur, Tíbet, Tiananmen o Birmania.

El gobierno de China, y su régimen de dictadura comunista, ha encontrado en el consumismo el nuevo opio del pueblo y son ellos los que se lo proporcionan. Para mantenerse en el poder, con pan et circus, necesitan energía y materias primas. Y para conseguirlas no repara en nada, ni en aliarse con otros asesinos.

Apoya al gobierno de Sudán y sus milicias, empeñado en negar la importancia (y la ayuda para resolverla) de la crisis humanitaria de Darfur, con más de 300.000 fallecidos y 2,5 millones de refugiados. China tiene lazos importantes con el régimen africano por el oro negro, que supone el 75% de los ingresos del país, y ha realizado millonarias inversiones en su industria petrolífera. A cambio, hace la vista gorda sobre las violaciones de los derechos humanos.

En el año 2004, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas impuso un embargo de armas a todos los grupos combatientes en Darfur, y al año siguiente lo extendió al Gobierno. Sin embargo, China ha vendido en la zona alrededor de 150 millones de dólares en armas en la última década. Según la ONU, China ha sido la responsable de suministrar el 90% de las armas ligeras de Sudán entre 2004 y 2006.

El Tíbet vivió sus peores protestas contra China en dos décadas el pasado marzo, en las que según Pekín murieron una veintena de civiles, mientras que el gobierno tibetano en el exilio dice que fueron más de 200 los muertos por la represión militar china.

Desde 1951, año de la invasión del Tibet por parte de tropas chinas, las autoridades han incentivado la emigración "interior" a esa región montañosa. ¿El objetivo? Usar la demografía como arma contra los tibetanos. Hoy en día, Lhasa tiene un 80% de su extensión dominada por barrios y comercios no tibetanos.

En su propia casa, los chinos también tienen mucho de lo que avergonzarse.

plaza de tiananmenEn Junio de 1989, los estudiantes que pedían pacíficamente democracia en la Plaza de Tiananmen recibieron la respuesta comunista en forma de tanques y disparos. Se calculan en cientos los muertos y en miles los desaparecidos y torturados. El Gobierno chino niega esas cifras pero no permite investigar las suyas, muy inferiores en víctimas.

Según la ONG Centro sobre los Derechos de la Vivienda y los Desalojos, vinculada a la ONU, desde que Pekín ganó la candidatura olímpica en 2001, más de 1,5 millones de personas han sido desalojados para dejar paso a las obras olímpicas.

En China se censuran páginas de Internet de periódicos, foros, blogs, medios de comunicación y organizaciones pacifistas. La única noticia es la que emite, aprueba y supervisa el Gobierno.

En Birmania, en 1988, más de 3.000 personas murieron por los disparos de los soldados, a los que se ordenó abrir fuego contra los civiles desarmados que pedían reformas democráticas al Gobierno.

Desde entonces, China ha sido el principal suministrador de armamento a la dictadura del General Than Shwe con más de 2000 millones de dólares en carros de combate, vehículos acorazados, aviones, patrulleras, armas ligeras y equipo logístico y de transporte, así como consejeros militares.

Merced al apoyo chino, el régimen comunista birmano ha cuadruplicado el tamaño de sus fuerzas armadas, hasta llegar a 450.000 efectivos, incluyendo aproximadamente a 70.000 niños soldados. Ha destruido u obligado a abandonar más de 3000 pueblos en el este del país, más del doble de las que se han destruido en Darfur. Han provocado el éxodo de más de 1,5 millones de personas, refugiados en paises vecinos o escondidos en la jungla.

A cambio de su apoyo, activo y pasivo (la política de China en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es negarse a cualquier resolución contra Birmania), se le ha vendido 180 mil millones de metros cúbicos de gas natural durante los próximos 20 años a un precio inferior al que ofertaba India y por debajo del de mercado. Mientras tanto, en el interior de Birmania se multiplicaba por cinco el precio del gas natural y se doblaba el precio de la gasolina y el diesel. Y más de la mitad de los birmanos sólo tiene un dólar al día para vivir.

La única forma de hacer negocios en Birmania es hacerlos con la Junta Militar. La Heritage Foundation, en su Índice de Libertad Económica de 2007, colocaba a Birmania como la quinta economía más represora del mundo, por detrás sólo de Corea del Norte, Libia, Cuba y Zimbawe. La economía centralizada y controlada, asegura que sólo los líderes militares y sus lacayos se beneficien del comercio y las inversiones (China representa el 31% de las importaciones de Birmania). China está involucrada en más de 62 proyectos hidráulicos, petrolíferos, de gas o mineros en el país, sin preocuparse por la destrucción de tierra, los trabajos forzados o las cuestiones medioambientales.

China es el único país del mundo que se niega a apoyar el llamamiento del Secretario General de la ONU para que se libere a Aung San Suu Kyi, ¡la única Premio Nobel de la Paz encarcelada!.

¿No te parece que hay suficientes razones?

¿A quién apoyas tú?

juegos sangrientos

Webs, US Campaign for Burma (inglés), Amnistía Internacional, sobre China (español)

18 julio, 2008

Nos hemos ido de crucero

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Acabamos de volver de crucero (en realidad lo hicimos el 27 de Junio, pero parece que fué ayer) y toca contar un poquito el porqué, el por donde y el "por cuando". Durante una semana, entre el 20 y el 27 de Junio, recorrimos una pequeña parcelita mediterránea a bordo del MSC Orchestra.

¿Los méritos? Haber realizado, con esfuerzo e ilusión, un blog sobre nuestro viaje de un año por Asia y Oceanía, que me sirvió de trampolín para incorporarme al voluntarioso equipo editor de Viajablog.

¿El gancho? Pues yo no pensaba comprar nada :)

Los organizadores son Logitravel, una mallorquina agencia de viajes, que han invitado a 18 bloggers españoles (y a sus parejas) a un encuentro marítimo en el que habrá charlas, ponencias, e intercambio de ideas sobre la web, la blogosfera, etc. y hasta un seminario de Marketing Social impartido por Internet Advantage.


En un loable esfuerzo para acercarse a ese mundo aparte dentro de Internet que es la blogosfera, la agencia de viajes mallorquina Logitravel decidió invitar a dieciocho de los bloggers más influyentes de España a un crucero por el Mediterráneo. El objetivo que perseguían era aprender un poquito de la experiencia de estos escritores, sin reconocimiento oficial o Colegio alguno del que formar parte, durante las ponencias diarias que se desarrollarían en el barco.

Aún sorprendido por estar incluido en esa lista, y como 50% de elyellaonthetrail y con una experiencia de unos meses escribiendo en Viajablog, me llevé a Isabel (no precisamente a rastras) para que el otro 50% no protestara de una manera no violenta (collejas, malas caras, falta de cooperación en tareas domésticas y esas otras armas femeninas en las que podéis – mal – pensar)

Como 50% de Él y ella on the trail, y con una experiencia de unos meses escribiendo en Viajablog, me llevé al otro 50% y juntos cerramos las sesiones de trabajo poniéndoles los dientes largos a los otros asistentes con anécdotas y la historia de nuestro viaje de un año por Asia y Oceanía (y dejando unos minutos para resumir algunas ideas que debemos tener presentes cuando participamos y creamos contenido en Internet). La idea era harto original y resultó ser un éxito, pues todos pudimos debatir casos prácticos con los que nos habíamos encontrado y creo que nadie salió sin haber aprendido algo nuevo y útil.Algunos de los otros temas tratados fueron la optimización de blogs y páginas web, la importancia del Page Rank, Google y su influencia en las agencias publicitarias, Web 2.0, inseguridad jurídica de los bloggers, LSSI y LPD, y el desconocimiento del medio por parte de los legisladores.

Y es que escribir en serio (aunque no necesariamente con serenidad) en España en un blog tiene hoy más trabas y responsabilidades ¡que crear una empresa!

En próximos posts os contaré algo más sobre cómo es la experiencia de viajar en crucero y los puertos en los que hicimos brevísima escala.

crucero logitravel para bloggersSi bien es cierto que he usado transbordadores y ferris (con varios viajes nocturnos a mis espaldas) y que hice una excursión fluvial de tres días/dos noches por el Yangtzé y la presa de las Tres Gargantas (aún me río al releer el texto de Isa), la idea de embarcar en un buque de lujo para recorrer durante una semana una parte del Mediterraneo, nunca se me había pasado por la cabeza.

La oportunidad, que se presentó gracias a Logitravel, tal y como comenté en un post anterior, aparte de las charlas y ponencias de y entre bloggers, me ofreció la ocasión de poder hablaros, con conocimiento de primera mano, sobre la experiencia de viajar en un crucero que partía de Barcelona y recalaría en Marsella, Génova, Palermo, Nápoles, Túnez y Palma de Mallorca antes de volver a su punto de orígen.

Aterrizando a primera hora de la mañana en El Prat, la mejor manera de dirigirse a la ciudad condal es usando el Cercanías de RENFE primero y el Metro después, siendo la forma más económica la Tarjeta T-Día de 1 zona (sólo cuesta 5,50 euros y permite viajes ilimitados, en una zona, en RENFE Cercanías, Metro, Autobús, Tranvía y Ferrocarril de la Generalidad) y que a mí me permitió reunirme con Isabel en la parada de Metro de Drassanes, hacia el final de Las Ramblas.

Para llegar al barco, anclado en la Terminal A del Muelle Adosado, cogimos la lanzadera azul que para casi a la sombra (poca) de la estatua de Colón, cerca del quiosco de información (tal y como nos confirmó uno de los trabajadores de las golondrinas que hacer cortos recorridos por la boca del puerto). Dos euros por persona nos evitaron una caminata que hubiera sido de más de media hora, arrastrando pesadas maletas bajo un sol brutal que no distingue a barceloneses de foráneos.

crucero msc orchestraConforme la ruta del bus nos permite una vista del lado de estribor primero, la popa después y luego el lado de babor, donde finalmente pararemos, el barco se nos antoja un coloso. Una cosa era leerse en Internet las dimensiones y otra, muy distinta, levantar la mirada desde el muelle, buscando abarcar el equivalente a varios edificios de una quincena de pisos puestos unos al lado de otros.

El MSC Orchestra, la nueva joya (tiene poco más de un año de antiguedad, pues fue botado a mediados de Mayo de 2007) de la naviera italiana MSC, Mediterranean Shipping Cruises, es capaz de transportar a un máximo de 3013 pasajeros en sus confortables 1275 cabinas (de las que 18 son suites de lujo en la cubierta 15).

Las formalidades para subir a bordo, a partir de una hora prefijada, son similares a las de los aeropuertos. En este caso particular nosotros no llevabamos ningun billete sino que nos lo entregará Fátima, de Globally, la empresa que le ha gestionado el evento a Logitravel. Con el documento en la mano, en un mostrador adyacente dejamos el equipaje, que es identificado con claridad por parte del personal de tierra. No volveremos a ver nuestras maletas hasta que, un rato después, nos las dejen en la puerta de nuestro camarote.

tarjeta cruceroA continuación pasaremos por un arco detector de metales y una máquina de rayos X, un procedimiento ya habitual para cualquier viajero, vaya por tierra, aire o, como en este caso, mar. En los mostradores de MSC nos identificamos y nos entregan, en una carterita de tela azul, más documentos (plano del barco, copia de las condiciones generales, dos postales, una guía introductoria sobre los servicios y la vida a bordo) y una tarjeta de la que no debemos separarnos mientras dure el viaje. En su plástico rectangular aparece impreso nuestro nombre, número de camarote, restaurante (y mesa y turno en el que cenaremos) y un código de barras que permite, con un aparato lector, desde cargarnos en nuestra cuenta las consumiciones, excursiones y compras no incluidas en el paquete contratado (de ahí que sea muy importante tratarla como si de una tarjeta de crédito se tratase), hasta el acceso y salida del barco cuando atracamos en los puertos (tomad nota de que se os hace una foto al embarcar y ésta aparecerá en la pantalla del ordenador cada vez que os lean la tarjeta: cuidado no os lleveis por error la de vuestro compañero/a de camarote).

En el puerto de Barcelona, como los demas que visitaremos, hay tiendas duty free en las que podemos hacer compras antes de subir al barco. Nosotros nos aprovisionamos de media docena de botellas de agua mineral de 1,5 litros (si bien alojamiento, desayuno, comida y buffet de medianoche se incluyen en el precio, la consumición de líquidos es un gasto aparte). Aviso para los listillos, las únicas bebidas alcohólicas que se pueden consumir en el barco son las que se sirven en cualquiera de los 18 bares y restaurantes del mismo. Si compramos, en aguas internacionales, una botella de un ron añejo, no nos será entregado hasta que lleguemos al puerto en que finalizamos viaje. Del mismo modo, cualquier bebida alcohólica comprada en las ciudades que visitaremos, será recogida al volver al barco y hará el viaje fuera de nuestro alcance, no volviendo a abrazarla hasta el final del viaje.

Para facilitar el movimiento y la orientación de los pasajeros por sus kilométricos pasillos, el número de los camarotes (habitaciones) nos indica la cubierta (el piso) en que se encuentran. Por ello, el 12062 situaba nuestro alojamiento para la semana de vacaciones (y algo de trabajo) en la cubierta 12, llamada Clarinetto. Para nuestra sorpresa, la habitación no tenía nada que envidiar a la de un hotel de 4 estrellas, y, lo mejor de todo, es que ¡teniamos nuestro propio balcón!

Para facilitar el movimiento y la orientación de los pasajeros por sus kilométricos pasillos, el número de los camarotes (habitaciones) nos indica la cubierta (el piso) en que se encuentran. Por ello, el 12062 situaba nuestro alojamiento para la semana de vacaciones (y algo de trabajo) en la cubierta 12, llamada Clarinetto. Para nuestra sorpresa, la habitación no tenía nada que envidiar a la de un hotel de 4 estrellas, y, lo mejor de todo, es que ¡teniamos nuestro propio balcón!

crucero

24 febrero, 2008

Curiosidades

Más que las maravillas monumentales y los grandiosos paisajes, creo que lo que realmente hace interesante viajar es descubrir las pequeñas idiosincrasias de cada pueblo.

He aquí una ínfima recopilación, las cinco curiosidades más simpáticas con que me tropecé en Asia:

1. En Malasia, los semáforos animados. También los vimos en China, pero los malayos nos parecieron más divertidos. Cuando el semáforo se pone en verde, se enciende un personajito con sombrero triangular, que va caminando tan panchamente hasta que sólo le quedan siete segundos para pasar a rojo, cuando se echa a correr como un descosido.

2. En Vietnam, el doblaje. Increíble. En lugar de ponerle subtítulos a las películas extranjeras, ellos optan por rebajar el volumen de la versión original y grabar la voz del doblaje por encima. Digo bien “voz”, que no voces, porque la dobladora (que, para más inri, es siempre la misma para todas las pelis) lee la parte de TODOS los personajes, ya sean hombres o mujeres. Y cuando digo “lee”, también es literal, porque se limita a leer el guión, sin ponerle ni entonación, ni sentimiento, ni chicha, ni ná de ná. Vamos, que lo mismo le da estar leyendo el monólogo de Hamlet que el listín de las páginas amarillas. Ya no me extraño de que los vietnamitas les ganasen la guerra a los americanos: es el mismo pueblo que tiene la capacidad para tragarse “eso” y encima llamarlo entretenimiento.

3. En Laos, di que sí. Primera lección de comunicación intercultural. Para decir que sí en Laos lo que procede es emitir un sonido gutural, cuyo fonema soy totalmente incapaz de transcribir. Es más un ruido que una palabra. Para que te hagas una idea, te propongo que visualices esta escena: el día de tu boda (por ejemplo), el cura acaba de hacerte una pregunta importante, pero tu ex te ha amordazado la boca y tu suegro te está apuntando la sien con un revólver calibre 38. ¿Ya estás puesto en la tesitura? Bueno, pues ahora, intenta contestar afirmativamente a la pregunta y así es como se dice que sí en laosiano (creo que tendremos que subir un vídeo, porque esto no hay quién lo entienda).

4. En India y Nepal: sí, no, tal vez. Segunda lección. Aquí, para decir que sí se usa de un “meneillo” lateral de la testa, rápido y sin rotación del cuello (creo que va a hacer falta vídeo aquí también). La primera vez que te contestan así, como no vayas avisado, te quedas un poco a cuadros, porque no sabes si te están diciendo que sí, que no o que tal vez. Para decir que no, en cambio, lo que se usa es o bien un fuerte parpadeo con los dos ojos simultáneamente (como si estuviesen jugando al mus o algo); o bien un alzar de hombros que a nosotros más que una negativa, nos comunica un “ni lo sé, ni me importa”; o bien ambas cosas a la vez (sólo para fuertes disentimientos).

5. En China, los altos pagan. Los descuentos y gratuidades no dependen de tu edad, sino que están en función de tu estatura. Yo intenté aprovecharme, pero no coló…


(Escrito por ella desde casita, en Castellón de la Plana, 24/02/08)

22 febrero, 2008

Preguntas del montón

Cuando uno vuelve a casa después de haberse tirado un año de paseo por el mundo, lo primero que hace es repartir besos y abrazos. Lo segundo es someterse a un chaparrón de preguntas. Lo tercero, tratar de contestarlas.

Aquí va mi mejor intento por atender a las diez preguntas más destacadas del montón.

1. La pregunta más frecuente, la que TODOS te hacen, y que nunca sabes si es por interés o cortesía: “¿Qué tal el viaje?”

Viajar durante doce meses a lo largo y ancho de doce naciones (catorce en el caso de José) no es lo mismo que tomarse una semana de vacaciones en la manga del mar Menor. Y no lo digo por despreciar a mis amigos murcianos, que para el caso lo mismo me da poner como ejemplo la Costa Blanca que la Azul. A lo que voy es que no son experiencias comparables y que, en nuestro caso, no sabríamos ni por dónde empezar, por lo que es prácticamente imposible dar una respuesta que medianamente se ajuste a la realidad.

A los corteses, contestaré con una sola palabra: “GENIAL”.

En cuanto a los genuinamente interesados, confío en que sabrán valorar nuestras impresiones en los tropecientos folios de este blog, ¡que para eso lo escribimos!

2. La pregunta de los que gustan de ir al grano: “¿Qué país te ha gustado más?”

Ésta también es de las duras. Curiosamente, parece que a José le cuesta menos decidirse que a mí. En una postal que me envió desde Bagán, me comentaba el muy “jodío” que Birmania era el país que más le había gustado, seguido muy de cerca por Mongolia y Nueva Zelanda.

¡Vaya hombre!, precisamente los tres países en los que yo no estuve (salvo por Nueva Zelanda, de la que sólo me perdí la isla norte). La verdad, no sé qué pensar: o soy una pobre desgraciada y me he perdido lo mejor; o el prado parece más verde y el paisaje más hermoso cuando yo no salgo en la foto (será por no hacerles sombra, claro); o el Junior me está vacilando. ¿Vosotros qué opináis?

Bueno, a lo que íbamos. Me resulta muy, pero que muy difícil quedarme con uno solo. Si me apuráis mucho, poniéndome una pistola en la sien o amenazándome con comerme las acelgas, os diré (mintiendo tal vez) que mi preferido fue el Nepal.


3 & 4. Las dos preguntas preferidas de los pragmáticos: “¿Compraste muchas cosas?” y “¿Cómo te las arreglabas para cargar con todo?”

No sólo compré muchas cosas, sino demasiadas. Aunque creo que, por una vez sin precedentes, mi fiebre consumista fue superada por la del Junior. No pudimos resistirnos a la tentación de traernos unas cuantas antigüedades (la mala influencia de mi amigo Vincent), libros, cámaras y otras maravillas de la tecnología digital, variopintas camisetas locales (colección del Juni) y trapitos de última moda oriental (colección primavera-verano de esta servidora, que nunca podrá lucir en Irlanda). Y ya que hablamos de textiles, todavía no sabemos cómo deshacernos de las veinte colchas que compramos en Laos (huy, he hablado demasiado… es igual, vosotros id practicando ya la mueca de agradable sorpresa, que aún quedan diez meses para Reyes).

En cuanto a lo de cargar con peso, el Junior os lo podrá contar mejor que yo. Creo que batió todos los records en Nepal, con cuatro o cinco bolsos a cuestas: delante, detrás, de lado y colgando de cada brazo. Parecía una mula humana. Fíjate si lo vería cargado, que de no ser por el pelo rubillo y los ojos azules, hubiese podido confundirlo con un sherpa.

El mejor remedio para el sobrepeso fue ir enviando cajas a casa, generalmente por mar y por certificado. Antes de hacer un envío conviene enterarse bien de las regulaciones y tarifas locales, pues pueden variar mucho de un país a otro.

Los mejores países para descargar: Tailandia y Vietnam. Ojo con las restricciones en éste último, donde la suma de los dos laterales más largos de la caja no debe rebasar los tres metros (y no vale pasarse ni de un par de milímetros). Que os cuente José la odisea que fue mandar sus dos ballestas desde Hanoi…

El peorcito, con diferencia: Nepal (nada es perfecto). Enviar un paquetito de siete kilos de nada, me salió por 75 euros con cinco céntimos: un precio totalmente desproporcionado al nivel de vida del país. Encima, me vaciaron la caja, registraron cada bolsa, abrieron cada envoltorio… y me prohibieron enviar un par de cartones de Marlboro, con cuya venta en Irlanda esperaba amortizar mi coste de envío. Vamos que, desde Nepal, no vuelvo a enviar ni una postal.

5 & 6. Las dos preguntas preferidas de los hipocondríacos y fatalistas: “¿Te pusiste enferma?” y “¿Te pasó algo malo?”

Me he puesto enferma menos veces viajando por Asia que trabajando en Irlanda (como decía mi abuelo, que era muy sabio, trabajar es la salud y no trabajar es conservarla). En todo un año, recuerdo haber pillado un solo catarro (con síntomas magnificados por la altitud, en el Tíbet). En cuanto a problemas gástricos, sólo he sufrido las típicas y esporádicas diarreas del viajero, pero ni un solo vómito. Peor lo tuvo José en India, que sí se puso muy malito.

En cuanto a la segunda pregunta, creo que fui yo la que corrió peor suerte. Al mes de empezar el viaje, mientras estábamos de camino al aeropuerto de Bangkok, mi mochila se cayó a la autopista (perdida para siempre). También en Tailandia y a punto de despedirme de Chiang Mai, fui víctima de una agresión, con nocturnidad, alevosía y tentativa de robo. Resultado: unas magulladuras y un dedo roto (otro día os cuento los truculentos detalles).

El Junior, en cambio, estuvo algo gafado con sus cámaras digitales. La que se compró en Singapur sufrió varias averías y, en Delhi, fue diagnosticada con un defecto de fábrica. Las dos cámaras que le prestó su amiga Stefi en Beijing se le estropearon estando en la Gran Muralla (sí, ambas). La que le prestó Vincent en el Anapurna se le murió en las manos. Y la que le presté yo en China, logró zafarse de su “torturador de gatillo”, quedándose en el tren que cubría la línea Beijing-Xi’an.

Me he reído mucho con los amores no correspondidos del Juni por la tecnología (sin hablar de los suyos con los bancos, tarjetas de crédito, administraciones, motos acuáticas y hospitales, que son otros tantos filones de temática guasona), así que no gastaré la bromita que se me estaba ocurriendo (no vayamos a liarla…).

7. Pregunta de mujer a mujer: “¿Y no te daba miedo viajar sola?”

No, principalmente porque casi nunca he estado sola. Es más, en ocasiones me he esforzado por conseguirlo y, ni poniendo mi peor cara de malas pulgas, me ha sido posible. Hasta en el rincón más recoleto, siempre hay alguien con ganas de charlar, de preguntarte de dónde eres, qué haces y adónde vas.

José y yo nos separamos en varias ocasiones, siguiendo cada cual su ritmo y rumbo. Una actitud abierta y flexible a la hora de hacer planes conjunta y separadamente me parece vital para llevarse bien.

Creo que el pasar las 8760 horas del año en estado simbiótico con tu pareja tiene que dar mucho más miedo que viajar sola, ¿no crees?

8 & 9. Las que todos se hacen, pero pocos se atreven a preguntar: “¿Cómo te financiaste el viaje?” y “¿Cuánto dinero te gastaste?”

Nuestro planteamiento fue clásico y conservador: ahorro. Yo me aproveché de la política anti inflacionista irlandesa, abriéndome una cuenta de ahorro a plazo fijo (cinco años) que ofrecía unos intereses de escándalo (25%). Podría haberme gastado ese dinero en un cochazo o, más sensatamente, en amortizar la hipoteca. Sin embargo, me había prometido que, de llegar a los 35 sin hijos, la hucha no se iba a romper sino para este viaje.

Lo más duro fue dejarse el trabajo (paradójicamente, también fue lo más fácil), pero no había otra opción. Quiero recalcar que esto que en España parece una locura, en Irlanda es de lo más normal. Incluso es bastante común para los bancos de allí el conceder créditos personales con fines de tomarse un año sabático de viaje alrededor del mundo.

En cuanto a la dolorosa, mi presupuesto para once meses (nuestro objetivo inicial, que acabamos extendiendo hasta el mismísimo límite de nuestro billete de vuelta) era de 15.000 euros (todo incluido, vuelos, seguro, etc.). Haciendo recuento de gastos, al final, me he ventilado, aproximadamente, la cantidad de 14.976 euros con 36 céntimos. Perdón, miento, 38 céntimos.

Dije “aproximadamente” y, pese a las apariencias, no estaba de guasa. La cifra no es exacta porque habría que añadirle los gastos de tarjeta (que no ascienden a mucho, porque casi no tiré de cajeros automáticos, sino que me llevé bastante dinero en efectivo – principalmente euros, pero también algunos dólares – y en “traveler´s cheques” – llamadme anticuada, pero a mí me fueron divinamente). También habría que descontar unas tasas que nos debe la galería de arte aborigen "Maruku Arts" y que llevo reclamando en vano desde hace más de seis meses (si hay que volver a Ayers Rock para que me hagan caso, pues nada, yo vuelvo y ¡que me oigan!), las indemnizaciones que nos debe nuestra compañía de seguros (esos sí que me van a oír), y los beneficios que aún espero hacer con la venta de mis Marlboro y colchas laosianas (que algunos gastos fueron inversiones, oiga).

A priori, estoy por debajo de mi presupuesto. Lo cuál no dice necesariamente mucho a mi favor, en parte porque estuve ampliamente subvencionada el último mes (durante el tiempo en el que mis padres viajaron conmigo, no me dejaron soltar la mosca ni para pagar un café) y en parte porque podría haber hecho con menos.

Algunos gastos (perdón, inversiones) pueden considerarse “superfluos”, con lo que hasta cierto punto falsean mis estadísticas: cursillo de cocina en Singapur (una auténtica pijada, por 50 euros); tour VIP al zoo de Taronga en Sídney (que no tenía precio, pero que me costó 38 euros); el vuelo en helicóptero por el glaciar de Franz Joseph en Nueva Zelanda (170 euros, sin remordimientos); el cuadro aborigen (316 euros); la cámara digital comprada en Hong Kong (318 euros); el último modelo Nokia, con MP3 y altavoces (250 euros) y el disco duro externo de 500 gigas (100 euros), últimos excesos del viaje, en Singapur; chequeo médico integral en el hospital Bumrungrad International
de Bangkok (306 euros, porque yo lo valgo); y un largo etc.

Los dos países en que nuestros gastos se dispararon desproporcionadamente y a la par, fueron Australia y Nueva Zelanda (allí me pulí 4.483,67 euros en tan sólo dos meses, poco menos del tercio de mi presupuesto global).

El país donde menos gasté fue la India (442,49 euros en un mes y porque me pillé un par de vuelos), donde un café te sale por 17 céntimos, una comida te puede costar entre 50 céntimos y dos euros, y una habitación doble, un par de euros y medio (a dividir entre dos). Y conste que se podría haber negociado mejor (la rupia es la rupia).

Vietnam también fue muy, pero que muy barato. Recuerdo que comiendo en un puestecito callejero en Saigón pagamos 50 céntimos por cabeza. Y en la misma ciudad, invité a cenar a José y Vincent, en un restaurante con mantel y carta en inglés, por menos de 15 euros (con sus tres chuletones y su botella de tinto malísimo, que una es así de espléndida). Por hacer la misma comparación de precios, el café en Vietnam costaba unos 47 céntimos (como los que se toma nuestro presidente Zapatero) y una habitación doble, unos cuatro o cinco euros. Pero en este país hay que estar muy atentos con la “inflación discriminada”, porque los precios pueden llegar a multiplicarse por 20 para turistas con aire bisoño.

Cerrando el apartado monetario, creo que ya os comenté que nuestro vuelo de ida y vuelta a Australia, con tres paradas en Asia, fue una auténtica ganga (1.075 euros cada uno, con las tasas incluidas), comprado a través de la agencia USIT. El seguro de viajes todo riesgo, con la compañía AXA, también nos pareció un chollazo a la compra (402 euros por persona), aunque me parece que en esta ocasión lo barato nos ha salido caro.

10. La del millón: “¿Y ahora qué?”

Esa es la pregunta que también nos hacemos nosotros. La respuesta se va perfilando poco a poco.

En el caso de José, su prioridad es encontrar trabajo lo antes posible en Dublín. Por mi parte, me estoy planteando prolongar el viaje, aunque trabajando esta vez.

Ya os iré comentando mis proyectos más adelante (los que hayan leído mi anterior texto, “Entrevista a dos viajeros” sabrán que sobre mi cabeza pende la espada de Damocles, así que no hagáis más preguntas en este sentido, que por ahora mi vida es secreto de Estado).

Nota: si tenéis alguna pregunta que se salga del montón y que, por lo tanto, no haya contestado en este texto, me la podéis enviar directamente a la dirección de
isabelonthetrail@gmail.com o a elyellaonthetrail@gmail.com – estaré encantada de ayudarles con lo que sea (y si queréis pasar pedido de una o más colchas laosianas, por Dios, ¡no dudéis en escribirme!).


(Escrito por ella desde casita, en Castellón de la Plana, 21/02/08)