18 abril, 2007

Karaoke

Una de las empleadas del hostal se acercó y depositó sobre la mesa el plato con la cena de Isabel (un lujo de patatas fritas que escoltaban merecidamente a un hermoso bistec poco hecho – aunque demasiado para su gusto, la señorita es sanguinariamente carnívora - con una salsa de bechamel y champiñones). Acompañó el gesto con una sonriente advertencia “Si no está rico es porque el cocinero está borracho”. Lo sorprendente hubiera sido que no lo estuviera y no porque el chaval fuera un adicto a la cerveza local, sino porque la familia dueña del establecimiento y los empleados estaban festejando el Año Nuevo recién estrenado. Si en Europa por esas fechas todos andamos más que abrigados, en Laos estamos en plena temporada seca y por encima (para no variar…) de los habituales treinta y pocos grados.

Yo acababa de sentarme enfrente de Isa para robarle alguna patata y al oír el comentario de la chica y ver al otro lado a casi una decena de laosianos bailando en torno a un karaoke, deduje que no nos esperaba mucho descanso. El principal acto del día (como de costumbre, no empezó hasta las dos de la tarde ¿para qué hacerlo a las nueve o diez de la mañana?, estos laosianos si que entienden las prioridades) había sido un desfile cívico religioso en el que la estrella principal era Miss Lao, acompañada de sus damas de honor y todas ellas subidas en una carroza con forma de pavo real, que había recorrido Luang Prabang desde el templo Wat Pha Mahathat, al comienzo de la villa hasta el Wat (templo) Xieng Thong .


El desfile no iba acompañado de una tregua, antes al contrario. Todos los participantes, policías que aseguraban el perímetro incluidos, se convirtieron en perfectos objetivos para recibir calderadas de agua y puñados de polvos de talco que eran arrojados desde aceras y terrazas
. Los espectadores tampoco nos libramos y todos, en mayor o menor medida, acabamos el desfile empapados y cubiertos de polvos de talco. Y para volver a las habitaciones tampoco hubo descanso, en todas las calles del pueblo había grupos de personas (como las peñas o cuadrillas que nosotros conocemos), uniformadas con camisetas del correspondiente establecimiento, que se dedicaban a continuar la faena con cubos y mangueras que no dudaban en introducirte por el cuello de la camiseta.

Nosotros nos habíamos cambiado ya de ropa y sólo pretendíamos descansar un rato pero eran poco más de las cuatro de la tarde y no íbamos a tener ocasión de hacerlo. Por cierto, asturianos, he descubierto que aquí hacen con la cerveza como nosotros con la sidra, una botella, un vaso…y se bebe de golpe. Efectivamente, pronto se me acercaron con una Beerlao (la famosa cerveza local), llenaron 2/5 de un vaso y me lo dieron a beber, mientras esperaban a que yo lo terminara para proceder con otra persona. Y así toda la tarde, y yo en mi segundo día de ayuno por problemas de estómago, y sin poder negarme, por aquello de la cortesía. En la mesa conocimos al matrimonio que hace ahora dos años abrió esta casa de huéspedes (guesthouse u hostal) y algunos familiares. La barrera idiomática, nosotros no hablábamos laosiano y ellos muy poco inglés y algo de francés, no impidió que, con mímica y buena voluntad, nos riéramos un rato.

Después, todos a bailar lo que parecía música pop laosiana (creedme, me puse a mirar los VCDs pero no recuerdo ninguno de los nombres de los artistas, como tampoco recuerdo los de los cinco o seis laosianos que me presentaron) y a hacer nuestros pinitos con unos movimientos lentos y acompasados pero no carentes de belleza. No los nuestros, claro, que parecía que estábamos bailando la Macarena. Y además, mal. (he grabado un par de vídeos, que subiré a YouTube aunque no va a ser precisamente “mañana”, sobre como bailaban ellos aunque no pude captar los mejores pasos…porque yo los estaba intentando). Como los laosianos no trasnochan, por cultura y por ley (en Vientiane sólo había dos locales con licencia de apertura hasta las 23.30), la fiesta acabó relativamente pronto según los estándares europeos, y nosotros nos retiramos a eso de las ocho y media (realmente huíamos de la Beerlao y de bailar con el cocinero, al que yo le caí especialmente bien) y dejamos de escuchar los desacordes de la música a eso de las nueve y media.

Los únicos que se levantaran temprano al día siguiente serán, como siempre, los monjes budistas, que también participaron en el desfile y fueron convenientemente remojados.


Nota: Los precios suben y las condiciones siempre empeoran pero la oferta suele aumentar. Es una regla de oro tanto para el alojamiento como para la comida. Por lo que a nosotros se refiere, como tantas veces, nos alojamos en un sitio que no aparece en la Lonely Planet. Es una guesthouse compuesta de dos edificios, a la entrada de Luang Prabang y a unos 100 metros del comienzo del Mercado H´Mong. Se llama Villa Philayack, no tienen página web, y están en Ban (calle) Wat That, localizada casi enfrente de las escaleras de acceso a ese templo. El precio que hemos conseguido para una habitación doble con baño es de 8 $ (de los 10 $ originales) para los días que no es Pi Mai y de 20 $ (aparentemente en otros sitios, en los que admiten reservas por adelantado al contrario que aquí, el precio es de 25 a 35 $) para los tres días oficiales de fiesta, en los que todos los hoteles y hostales suben exageradamente sus precios. Desayunar, comer y cenar lo estamos haciendo muchas veces aquí, no sólo por comodidad (ni por lo cariñoso que es el cocinero) sino porque la comida es abundante, muy buena y no más cara que en otros sitios más céntricos.

(Escrito por él en Luang Prabang, Laos, el Día de Año Nuevo Laosiano, 16 de abril de 2007)