30 junio, 2007

Nievan las palabras

Cuando uno lleva una temporada en estado de inanición, voluntaria o no, darse lo que vulgarmente se conoce como un atracón le lleva casi con toda seguridad a un sitio en el que ya no se siente ni hambre, ni sed, ni frio, ni calor…

Después del tiempo transcurrido desde mi último texto, aparezco de repente con SIETE relatos (que, además, aparecen de una manera estupenda en mi Word e incluso en la vista preliminar del Blogger pero luego, por lo que veo, las fotos se dan un paseo por el texto). A Dios le pido que ninguno de mis (¿dos, tres?) lectores sufra el terrible destino que menciono en el primer párrafo.

¿Por qué tanto tiempo sin escribir? Por un lado al separarme de Isabel también lo hice de Federico y entonces tuve que recurrir a escribir las cosas dos veces. La primera, a mano, en una pequeña agenda. La segunda en cualquier Cyber Café, a modo de borrador al que unir fotografías que dieran vida a las palabras. Eso consume tiempo y dinero. Por otro lado, me he recorrido toda la Isla Norte haciendo una actividad tras otra, lo que deja poco tiempo para escribir. Además, en Nueva Zelanda y Australia el acceso público a Internet es relativamente caro, desde los 3 NZD (un euro y medio) la hora hasta los 2 NZD (un euro) los veinte minutos, según como esté de aislado el pueblo en el que pernoctas. Y, lo creáis o no, invierto también tiempo en leer y contestar emails :)

Cuando vino Isabel, obviamente, es ella la que compartía el ordenador conmigo así que siempre he dependido de su generosidad…y esta última semana he abusado por completo de ella. El resultado, aparte de un nada traumático divorcio en el que se establece que la custodia de Fede es compartida pero con preferencia materna, es que por fin me he podido dedicar a contar mis idas y venidas por el Norte. El problema es que aún me queda el Sur…pero me consta que no soy el único


Al respetable, sólo le pido paciencia


Y si esta me la ha de negar


Suplico, humildemente, clemencia


Que por mucho abarcar


No se acaban los cabos de atar


Y sin más desvaríos,


Me despido


Para seguir mi camino


Y narrar mis destinos



(Escrito por él desde Christchurch, Nueva Zelanda, el 30 de junio de 2007, mientras en la cocina un irlandés me recuerda con su impenetrable acento barriobajero en una charla con un escocés, una de las cosas que no echo de menos de Dublín)