24 octubre, 2007

"Chinglish"

Uno de los inconvenientes de viajar por China, indudablemente, es la barrera idiomática.

Bastante problemático cuando uno se encuentra en una comisaría, intentando explicarle a un par de pasmados polis que o bien has perdido tu cámara o bien te la han mangado en la estación (Xi’an) o, aún más difícil, que la recepcionista de tu hostal te ha timado 100 yuanes por la cara, cobrándote dos veces el depósito de las llaves (Lhasa). Todo ello con gran gestualidad, para mayor entretenimiento de nuestros amigos de la seguridad y orden público.

Mucho más divertido cuando uno se halla en un restaurante callejero, enfrentado a una carta de la que sólo los precios resultan inteligibles. Para tales ocasiones, hay que echar mano a la imaginación. Recursos no nos han faltado:

1. Cuando los ingredientes están a la vista del consumidor, basta apuntar con el dedo para lograr un plato aproximado a lo que uno tenía en mente.

2. Cuando no, te das un paseo por las mesas, husmeando lo que otros clientes están comiendo, hasta dar con un plato apetecible y, nuevamente, recurrir al viejo método de señalar con el dedo.

3. Si en ese momento eres el único cliente del establecimiento, la situación se te pone un poco más peliaguda, pero no por ello desesperada. Con un poco de suerte, la camarera te introduce en la cocina, donde vuelve a funcionar el primitivo método.

4. Si no cayó esa breva, no pasa nada. Un sistema que nos dio muy buen resultado fue sacar un pequeño bloc de notas y un boli, para dibujarle a la camarera nuestro plato deseado (obvio que uno se tiene que conformar con expresar conceptos básicos, tipo “pollo” o “ternera”, porque tampoco es plan de ponerse a dibujar una fabada asturiana). Por cierto, este método también contribuye a crear buen rollito con el personal: hasta el chef y sus pinches desertaron de su cocina para admirar nuestras creaciones artísticas.

5. Si no tienes ni bloc, ni boli, ni arte… bueno, todavía te queda la mímica. Parece difícil, pero da resultado y es divertido. No hace falta llamarse Marcel Marceau para hacerse entender. Estando en Güillín, conseguí llevarme un sándwich de jamón, tomate y pepino, tras pasar cinco minutos mimando el concepto de “bocata para llevar” (con prisas encima, porque se me iba el tren).
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Para bien o para mal, estas situaciones tan simpáticas se van haciendo cada día menos frecuentes. Gracias al fuerte influjo del turismo internacional, una nueva lengua está empezando a cobrar forma y fuerza.

Amigos de la filología moderna, permitidme que os haga una breve introducción a este fascinante y revolucionario idioma, que he bautizado con el nombre de “chinglish”, por ser puente vivo entre el pensamiento de Confucio y la lengua de Shakespeare.

El chinglish es indudablemente superior a todos los demás idiomas en cuanto a su flexibilidad creativa. Pongamos un ejemplo práctico. Supongamos que uno quiera producir un anuncio publicitario que haga elogio tanto del talento musical (“melody”) de su monarca, como de su olor corporal (“smell”), pero que se encuentre limitado por restricciones físicas de imprenta. Bien, gracias al chinglish, este problema queda rápidamente resuelto. En lugar de descartar uno de los atributos del monarca, a fin de ajustarse al espacio disponible del cartel, el chinglish ofrece el recurso creativo de la libre fusión semántica de palabras. Así pues, durante nuestra visita a los guerreros de terracota de Xi´An, nos encontramos con este mensaje: “Qin smelody”, en lugar de “Qin smell and melody”.

Traducción literal: “Olor y melodía de Qin”. Más claro, agua.


Otra ventaja del chinglish es su carácter altamente intuitivo. Las erratas no impiden la comprensión del texto. Ilustraré este concepto con otro ejemplo real. Durante nuestro crucero por el Yangtzé, fotografiamos este cartel: “CROW ROOM”.

Traducción literal: “Habitación de cuervos”. Obviamente, por “cuervos” se entiende la tripulación (“crew”). Chupado.


No me cansaré de recalcar las ventajas que representa el carácter intuitivo del chinglish. Gracias al mismo, la dislexia ya no supone ninguna traba para la comunicación. Vean si no este texto, encontrado en una agencia de viajes de Chongqing: “FANTSATIC MOUNPAINS AND WATERS”. La intención es obvia. Lo que se pretendía escribir era: “Fantastic mountains and waters ”.

Traducción literal: “Fantásticas montañas y aguas”. Ésta era facilona.


Por cierto, ya que estamos en el tema de las disfuncionalidades lingüísticas, una de las originalidades del chinglish consiste en que la tartamudez trasciende del nivel oral al escrito. Así lo demuestra este párrafo, tomado del folleto de nuestro hotel en Wuhan:

“Wanguo Hotel on No.297 youth road Hankow, distance Hankow train station only 5 minutes car distance, being apart from an an an an an an an an an an an a day river international airport only 30 minutes distance, travel for business guest and sightseeings provided to have most the geography environment of the advantage”.
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Me ahorro la traducción puesto que se trata de un texto de nivel avanzado. Si bien el chinglish permite la comprensión global del mensaje dentro de su contexto, lograr su entendimiento profundo y pormenorizado es algo más complejo, requiriendo, como en cualquier otro idioma, algo de estudio. A este respecto, el segundo párrafo del previamente mencionado folleto, resulta jugoso:

“The hotel presses star class standard to repair to reform, environment grace, gather the guest room, the meal drinks, amusement business in integral whole, 24 hours provide the thoughtful and small synthesizing the sex wine shop ministrantly for the guest”.

Si entre nuestros queridos lectores, alguien pudiese traducirnos estas últimas líneas, Junior y yo le quedaríamos profundamente agradecidos, pues nos hemos quedado con las ganas de saber qué es exactamente eso del “sex wine shop” (mira que buscamos la prometedora tienda, pero no la encontramos).

Traducción literal: “sexo vino tienda”.

Nota: Para aquellos que deseen profundizar sus conocimientos del chinglish, recomiendo las siguientes páginas web:

(Escrito por ella desde Gyantse, Tíbet, 13/10/07)