02 octubre, 2007

La Gran Muralla (versión masculina)

´´Aquél que no ha escalado la Gran Muralla no es un hombre´´.
Mao Zedong


Tras un milenio de abandono y pillaje, los restos de la Gran Muralla se reducen a una fracción de lo que en otros tiempos fue una enorme, pero permeable, barrera que pretendía poner freno a las constantes invasiones de las tribus mongolas. Hoy es un tributo a la férrea voluntad de los emperadores que la construyeron, mantuvieron y ampliaron y a los centenares de miles de esclavos que dieron su esfuerzo, sudor y vida, trabajando bajo el sol más abrasador y el frío más mordiente. Actualmente, hay tramos en mejor o peor estado de conservación aún visibles o visitables desde Jiayuguan (Gansu) a Badaling, a sólo 70 km al noroeste de Beijing. Periódicamente, mediante la revisión de antiguos textos o el uso de modernas técnicas, como las imágenes obtenidas por satélites, los arqueólogos descubren nuevos tramos que habían permanecido sepultados bajo la arena, cubiertos por la vegetación o, simplemente, olvidados. El Gobierno Comunista ha ''restaurado'' (es decir, sustituido materiales viejos por nuevos) importantes tramos de la Gran Muralla, adecuándolos al enorme flujo de visitantes que soporta casi impertérrita esta colosal obra de manufactura humana. Tramos tan lisos como una autopista, y con tanto tráfico (humano en este caso) son los preferidos de las multitudes y, por ende, de los insistentes vendedores de bebida, postales y recuerdos. Para intentar proteger el ecosistema que la rodea, esta prohibido fumar y encender fuego. Por si alguien lo dudaba, el olor a cigarrillo nuncá esta ausente en ningún tramo.

Para visitar esta maravilla, Patrimonio de la Humanidad, decidí formar
parte de un pequeño tour (una veintena de turistas no chinos en un minibús) semi independiente. Es decir, los de la agencia se encargan de llevarte al sitio, te dan unas instrucciones y/o explicaciones y luego tú te haces el recorrido por tu cuenta, limitándote a llegar a la hora acordada al sitio en que te recogerá el autobús para ir de vuelta a Beijing. Contratado a través de un hostal, 150 yuanes incluían el transporte hasta un punto a unos 140 km al norte de la capital, un guía de habla inglesa, y una comida al final del recorrido. No se incluyen las entradas para las dos secciones que visitaremos en Simatai (una ''reconstruida'' y la otra original, un precio total de 90 CNY) ni para un puente colgante (5 CNY) que salva un río al final de nuestro recorrido.La zona a la que nos dirigíamos es mucho menos popular que la masificada Badaling, pero también más cansada y agotadora, y consta de dos tramos , uno parcialmente restaurado y el otro casi completamente respetado en su paulatino decaimiento, y son Jinshanling y Simatai.






Una peculiaridad que me encuentro al principio de la ruta, es este tramo en el que, dentro de la muralla, hay murallas perpendiculares interiores. Su finalidad es ofrecer un refugio a los defensores en el caso de que los atacantes hubieran conseguido acceder a la parte superior de la muralla. Como podéis observar en la fotografía adjunta, hay aspilleras para el lanzamiento de proyectiles y el disparo de armas de fuego. Como nota adicional, se encuentran cuesta arriba, para dificultar aun más el ataque.






A las siete empiezan a recoger gente de sus distintos hoteles y hostales, pero a mí, esperando cerca de casa de Stefi, a las puertas del Sheraton, no me llega el turno hasta las ocho de la mañana. Y no será hasta casi mediodía, con un cielo sin nubes y un sol digno de Sevilla en agosto, que empecemos a caminar. A los pocos minutos se presenta la opción de subir un tramo en teleférico para acortar la distancia y algunos deciden tomarlo (ma
riquitas, deberían haberse ido a Badaling).


Para los que queremos disfrutar de la experiencia como mandan los cánones (no sé quién los habrá e
scrito pero, ¡menudo sádico!), tenemos por delante cuatro horas de pronunciadas subidas y escasas pero empinadas bajadas que, combinadas con una temperatura que ronda los 35 grados centígrados, provocan un constante flujo de sudor en mi espalda. En casi cada recodo del camino alguien ofrece agua (a 4 yuanes la botella de 600 ml, el doble del precio en la Plaza de Tiananmen), coca cola, cerveza, gorras y camisetas. Y postales, claro.






En una parada del autobús, me había aprovisionado de una botella de 1,5 l de agua y galletas de chocolate para reponer energías durante la caminata, aunque ya en los primeros tramos me desaparece el apetito. Cuando leáis que ''la Gran Muralla sube y baja montañas'' no os podéis imaginar lo que eso significa. Tenéis que venir aquí para verlo, entenderlo y sufrirlo. En estas escarpadas cordilleras no hay un tramo recto, ya sea cuesta abajo o cuesta arriba, el camino no se nivela horizontalmente ni por un par de metros. Excepto, claro está, cuando llegamos a las torres que, a tramos regulares, son el único refugio que ofrece sombra y una agradecida pausa. Y donde os esperan los vendedores de bebidas, recuerdos y postales.









Durante cuatro interminables horas, todo lo que veo delante de mí es...más muralla, más camino, más recorrido por hacer. A veces lo que tengo enfrente parece una pared, pero no lo es, sólo es otro de esos tramos cuesta arriba, con unos casi verticales
70 grados de inclinación, que algunos no pueden salvar sin utilizar ocasionalmente las manos. Hay 16 torres en el recorrido y a partir de la número 12, el ascenso es, cuanto menos, precario.














Por fin, el tramo final del recorrido. A la derecha y abajo, el puente colgante que salva un río (la
muralla ha perdido ese tramo), otra subida pronunciada y a la derecha, la bajada al restaurante y el aparcamiento.










La botella de agua ha llegado vacía y por primera vez desde que llegamos a Simatai, he de ir al baño. El litro y medio lo he sudado por el camino, pero ha merecido la pena porque los paisajes han sido espectaculares. Es como cabalgar por el borde de las montañas, casi tocando las nubes.. .


Nota: El año pasado, Mongolia celebraba el 800 aniversario del Gran Estado Mongol, aquel que se extendía desde China hasta Europa. Como la venganza es un plato que se sirve frío, los chinos esperaron varios siglos pero finalmente les despojaron de una parte de su territorio que hoy conforma la provincia china de Mongolia Interior. Allí han aplicado un genocidio cultural similar al que llevan a cabo en el Tíbet desde los años 50, con el agravante de que es una zona menos conocida y menos visitada por los extranjeros.






Estatua de Chinggis Khan en la Plaza Sukhbaatar, Ulaan Bataar, Mongolia













(Escrito por él en Beijing, el 22 de agosto de 2007, después de llegar cansado del trekking, y corregido y ampliado en su litera del tren T22 Chengdu-Lhasa, el 3 de Octubre de 2007 - nunca es tarde...)