11 marzo, 2007

La gloria del pasado

Después de la capital tailandesa, abandonamos este país y el siguiente destino era Camboya. Acordamos volar desde Bangkok para evitar las tristemente renombradas (por sus pésimas condiciones) carreteras camboyanas y ganar un día. O no perderlo en un viaje que empezaba temprano por la mañana y hubiera acabado llegando a Siam Reap bien entrada la noche de haber ido en autobús. Pero como ya sabéis, “el hombre propone y Dios dispone” y una de nuestras mochilas decidió quedarse en Tailandia. Eso sí, una vez en el avión el viaje fue tan rápido que apenas nos dio tiempo a rellenar los formularios de inmigración y a cenar, sin ocasión ni de ojear la revista de la línea aérea (para los que volamos mucho y barato, una cena por cuenta de la aerolínea es una grata novedad).

Cambiamos 20 Eur en el aeropuerto, (lo justo para pagar el taxi y la primera noche de alojamiento) y nos llevamos unos 95.000 Riels (desde que las pesetas desaparecieron de España no había vuelto a encontrarme con una moneda que se contara por miles para pequeños gastos). Casi mejor hubiera sido cambiar dólares, pues todos los precios, desde comida a viajes y alojamiento están en esa moneda. Cada vez que pagamos, hay que decir que nos vuelvan a traer la factura pero en rieles (1 Eur = 1,25 USD = 5000 Riels). Los exportadores de nuestro continente materno tienen otra opinión respecto a la fortaleza del Euro, pero para viajar la moneda de la Unión es muy ventajosa. Y creo que los rieles los usaremos en Phnom Penh, aunque veo que a partir de este momento, geográficamente van a coexistir la moneda oficial (riel, dong, kiep).y el omnipresente dólar.

¿Quieres sentirte millonario? Yo lo hice la mañana del domingo cuando salimos de una oficina de cambio con un fajo de un millón de rieles en billetes de 10000. De película de mafiosos verme con eso en la mano. ¿Será suficiente para desayunar? Cada vez que entramos en un país, y ésta es la cuarta en poco más de un mes, hay que reajustarse mentalmente para calcular no sólo cuanto es la moneda local en euros sino si ese precio es bueno o una estafa. Al principio siempre pagas más porque careces de un precio de referencia pero está el constante recurso a preguntar en la recepción del hotel, hostal o guesthouse cuanto habría que pagar para llegar a la zona por la que quieras moverte o algo similar. Va a ser en el transporte donde los primeros viajes te saldrán más caros. Lo sabes y lo asumes, aunque intentes regatear pero como careces de ese precio de referencia, el primer día te piden trescientos, tú regateas y lo bajas a doscientos. Y el segundo día ya sabes que no debes pagar más de 100.

Nadie viene a Siam Reap para ver Siam Reap sino porque está al lado de Angkor. La ciudad vive, se alimenta y ha crecido exponencialmente con la fama internacional de Angkor. Y allí sólo hay dos cosas, y en abundancia, monumentos del fabuloso imperio Khmer en variados grados de conservación y restauración, y gente vendiendo, en puestos, a pie, en bicicleta. Te asaltan fuera de las ruinas, en el camino a ellas, donde aparcan los autobuses, los coches y los moto tuk tuk. Te gritan suavemente con acento meloso “Sel, painapel jus? Banana? Coconut jus? Watel? Big? Small?” y también levantan la mano para atraer tu atención, cuando no se te acercan directa e invasivamente.

Los peores son los niños.

Es muy difícil decirles que no cuando, por ejemplo, te ofrecen 10 postales por un dólar. Pero la misma oferta se repite 30 veces en un día y ni con el mejor esfuerzo de memoria encuentras 100 personas (y recuerdas un centenar de direcciones) a las que mandárselas. Es complicado decidir a quien comprar algo e infinitamente más difícil decidir a quien das limosna y a quien no. No puedes darle dinero, aunque al cambio sólo sean unos céntimos, a todo el mundo y tampoco puedes caminar con una venda en los ojos. Son lástima encarnada en piel canela y grandes ojos almendrados. Tienes que sonreír para decir “no, gracias” porque tampoco puedes rechazarles con prepotencia de bien alimentado, tecnológicamente superior, bien educado occidental. Y al acercarte a un templo pasas delante de un grupo de hombres que tocan una suave melodía camboyana. En una mesa delante de ellos se venden CDs y DVDs de ese grupo cuyos integrantes tienen una característica común: a todos les falta por lo menos una pierna. Para las minas antipersonal, todo el que las pise es un combatiente.

Ese es el triste telón de fondo para un Angkor por otro lado sencillamente espectacular. La cuna del poderoso Imperio Khmer (que abarcaba Camboya, gran parte de Tailandia, Vietnam y Laos), es a Asia lo que Macchu Picchu a Sudamérica, aunque esta última era cien veces más pequeña y fue la tumba de la civilización inca mientras que Angkor nos muestra a otra civilización en todo su esplendor. Recuerdo la emoción que sentí al ver amanecer teniendo a mis pies la ciudad inca, bajo la imponente presencia del Huayna Picchu y es algo parecido a las emociones que te asaltan conforme cruzas el puente sobre la laguna, subes la escalera, atraviesas un oscuro corredor… y ves ante ti el camino de piedra que da acceso a Angkor Wat.

No sólo es el conjunto más conocido sino que además, como parte de la cuna y representación simbólica de Camboya, está presente en la bandera nacional. Podemos disfrutar de la visión de detallados altorrelieves, bajorrelieves, representaciones de Shiva, Vishnu, Krishna, garudas, nagas, makaras, estatuas de buda…la arquitectura, las torres, los pasillos, los muros, todo es digno de admiración.

Pero no sólo Angkor Wat, también Bayon, la Terraza de los Elefantes, la del Rey Leproso, Ta Prohm, Preah Khan, Ta Keo…no olvidemos que estamos, al contrario que en el Escorial, La Basílica de San Pedro o Notre Dame, no ante un monumento o conjunto de monumentos, sino ante la perspectiva de visitar toda una ciudad de la que sólo se conservan los edificios religiosos. Las casas de sus habitantes, sus talleres y locales administrativos eran de madera y no han resistido el paso del tiempo. La piedra se reservaba para los templos y es lo que ha permanecido en pie de todas las obras que se llevaron a cabo entre los años 790 y 1307 de nuestra era.

No puede uno irse sin, con un madrugón de por medio para estar allí a las cinco de la mañana, observar el amanecer frente a Angkor Wat o el Bayon. Es simplemente mágico.

Eso sí, si vais en la estación seca id preparados para pasar calor. En Angkor hemos alcanzado la temperatura record (hasta ahora) de nuestro viaje y también la mayor diferencia entre la mínima y la máxima. A eso de las diez de la mañana el termómetro marcaba 25º y a las tres de la tarde llegamos a los 42º de temperatura: subió ¡¡¡diecisiete grados en cinco horas!!!

Nota: la mejor manera de visitar Angkor desde Siem Reap es contratar los servicios de un guía que con su tuk tuk motorizado te recoge en el hotel por la mañana y te lleva de templo en templo, esperándote mientras tú los visitas, y por la tarde vuelve a llevarte a tu alojamiento. Dependiendo de si es temporada alta o baja, el precio ronda los 12-14 USD por día a los que hay que añadir el coste de nuestro pase a Angkor, de 1 día (20 USD), tres (40 USD) o una semana (60 USD).

(Escrito por él en Siam Reap, Camboya, el 26 de febrero de 2007)