28 febrero, 2007

Cerrado por exceso de vacaciones

Cantábrico. Mediterráneo. De Irlanda. Báltico. Negro. Caspio. De Barents. Rojo. Muerto. Egeo. De China. Del Japón. De la Tranquilidad. Bueno, ese está en la luna pero, salvo que me falle la memoria, esos son todos los mares que conocía hasta hace tres días en que uno nuevo se sumó a la lista, el Mar de Adaman. Tal vez no se llame así en español porque sólo he visto su nombre en inglés, Andaman Sea. Se encuentra situado al Norte de la isla de Indonesia y al Sur de Tailandia, en su costa occidental y cerca de la frontera con Malasia. En esa zona se encuentran algunas de las islas más bonitas, conocidas y turísticas de este país asiático. Phuket, Koh Phi Phi, Koh Tarutao o Ko Lanta son nombres que aparecen regularmente y con total certeza en folletos de tour operadores y en lugar destacado en las agencias y libros de viaje.

Pero junto a esos lugares turísticos y conocidos, refugio tanto de parejas y familias como de ese otro tipo de turistas, especialmente inglés, que buscan sol, playa, alcohol y sexo fácil o barato, también coexisten otras islas menos conocidas y que aún ofrecen tranquilidad, relax y calma para los que huimos de las vacaciones estereotipadas y los viajes organizados.

Hace dos días abandonamos la isla de Langkawi en Malasia para venirnos a una de esas perlas, la isa de Lipeh (que también aparece en carteles y mapas con otras grafías Koh Li Pe/Koh Lipeh/Lipeh/Lepae/Lee Pae). Palmeras hasta el borde de la playa, aguas cristalinas con multitud de variantes de los colores verde y azul, una población nativa de algo más de seiscientas personas, menos de tres kilómetros cuadrados de extensión, sin coches ni carreteras, cubierta de jungla, recorrida por una serie de estrechos senderos que permiten ir de un extremo a otro en unos 25 minutos de paseo…No es La Isla de Di Caprio pero es una buena aproximación. No hay hoteles, incluso los resorts que ofrecen el alojamiento más caro lo hacen en bungalows con vistas al mar sino directamente a unos pocos metros de la playa. 50 metros en línea recta separan nuestra espaciosa cabaña de una arena blanca y fina como polvos de talco.

Y para contárselo a los amigos hay Internet, pero es vía satélite y cuesta la friolera de 130 Baht (2,95 Eur) los 30 minutos así que sólo lo hemos usado la media hora justa que necesitábamos para reservar el hotel de Bangkok, nuestro siguiente destino, y decirle a la familia que estábamos bien pero básicamente aislados. De hecho la isla no tiene ni un solo puerto en el que atraquen los barcos de pasajeros, aunque aquí el ferri es más bien una lancha rápida que bajo cubierta podría transportar un máximo de unos cien pasajeros y que nunca viene lleno. Cuando fondea a unos centenares de metros de la costa, es recibido por un grupo de largos botes de madera a motor, tradicionales en la zona, que se encargan de transportar a los recién llegados y sus equipajes a la playa de su resort, por 50 Baht por persona.

Pero más vale que vengan con la batería de su cámara de fotos cargada porque en los resorts de la zona sólo hay electricidad desde las 6 de la tarde hasta las 6 de la mañana.

Vinimos para sólo dos días (nos la recomendó un inglés afincado en Ibiza que cierra su negocio y recorre el mundo durante meses cuando en esa isla es temporada baja) y hemos decidido extender nuestra visita otros seis. Como recordaréis, una de mis resoluciones era conseguir la titulación PADI Open Water, el nivel de entrada en el mundo del submarinismo. Originalmente íbamos a hacerlo en otra isla pero ésta nos ha encantado tanto que hemos preguntado precios en las varias empresas (es decir, cabañas con cartel) que hay por aquí y nos hemos decantado por FORRA Diving (aquí me imagino que en Dublín los Siths se están riendo y se oyen gritos de Juniooooor! Forraaaaaaaaa! en los pasillos de Bisys y Merryl Lynch, ¿eh, Sergi, Charrua, Mel, David, Manu?), tras la recomendación de Javi y Elena, los primeros españoles con los que coincidimos en tres semanas de viaje. Ellos llegaron ayer a Koh Lipeh junto con, por lo visto, más gente de Ibiza. No estamos muy seguros de a qué se dedican pero todos los años tienen tres o cuatro meses de vacaciones o lo que quieran. Yo le digo a Isa que esa cantidad de días de asueto y trabajar en Ibiza significa que se dedican a la hostelería, son hippies con un puesto en la playa o trabajan en algún otro negocio que sólo funciona a toda máquina en temporada alta. Y Febrero no es temporada alta en Ibiza, ¿verdad?

Nos hemos enterado de que la isla ha puesto el cartel de "Completo". Hoy no han permitido que saliera de Satun (en la costa de Tailandia) el ferri que hace el trayecto diario hasta aquí porque no queda ni una habitación disponible para alojar a nadie. Las plazas son limitadas y siempre se juega con que hay gente que se va y que deja una cabaña libre pero por lo visto ayer por la noche hubo problemas con los alojamientos y hoy está todo completo. Así que, literalmente, Koh Lipeh está cerrada por exceso de turistas de vacaciones.

Nosotros estamos alojados en un bungalow "Thai Style" en la costa Sur, en el Lipeh Resort, en frente de la playa de Pattaya. Pero queremos mudarnos porque es impersonal y muy caro (750 Baht habitación y desayuno), la playa no es muy "nadable" (no hay manera de meterse en el agua y que te cubra por encima de la cintura sin recorrer trescientos metros) y FORRA Diving está en la costa Norte, a 25 minutos andando de aquí y a sólo quinientos metros de una cala estupenda.

Esta mañana a las nueve hemos visitado varios resorts pero todo estaba completo así que el mal menor será alojarnos en uno de los bungalows de bambú de FORRA que, desgraciadamente, no están en la línea de la playa. De todos modos, tendremos un 25% de descuento porque ya que me gasto 12000 bahts en el manual, las seis inmersiones y el titulo, Antoine (el francés que gestiona el rentable negocio) tenía que estirarse un poco. Y hemos de dar gracias porque sino nos veíamos durmiendo en tienda de campaña (se alquilan, por 100 Baht la pequeña y 150 Baht la grande, en uno de los resort que también tiene una playa estupenda y, como no, esta a 25 minutos andando de donde yo haré el curso).

Ayer Antoine me explicó en que consistía el curso, las prácticas, que bucearíamos en arrecifes de coral, que estaría a un máximo de 18 metros de profundidad ("¿disculpe? ¿eso quiere decir que hay 18 metros de agua sobre mi cabeza? ¿Qué si me descuido y bajo a más profundidad luego tengo que subir por etapas para evitar una peligrosa descompresión súbita?"), que haríamos ejercicios en los que me prepararía para emergencias como perder mi máscara (la pienso atar con cinta aislante, vamos) o quedarme sin oxígeno (¡glups!), etc.

Una de las preguntas que me hizo fue si me sentía cómodo nadando unos centenares de metros en mar abierto o teniendo la cabeza bajo el agua. Yo contesté con rapidez que sí y por el rabillo del ojo vi que Isabel ponía cara de incrédula y giraba la cabeza en mi dirección, como diciendo "Pero si tú sólo sabes nadar treinta segundos seguidos y además estilo perro. Encima, tú sólo estás cómodo cuando te haces el muerto, boca arriba".

Después, ya a solas hablamos sobre el tema y le aclaré que había habido una confusión, que ella lo había entendido mal. Obviamente el que va a ser mi instructor se refería a si yo estaría cómodo en bañador en mar abierto. Yo, obviamente respondí que sí puesto que es una prenda que te permite una amplia libertad de movimientos y pensé que incómodo, lo que se dice incómodo, estaría si me encontrara en mar abierto con, por ejemplo, un traje de flamenca que no es lo más adecuado para esas circunstancias.

Pese a mi concienzuda explicación Isabel lleva desde ayer diciendo lo mismo: 18 metros, 18 metros, 18 metros…y mirándome con cara de viuda, no sé porqué.

(Escrito por él en Koh Lipeh, Tailandia, el 10 de febrero de 2007)