19 febrero, 2007

Nirvana Style

Hoy se cumplen tres semanas desde que iniciamos nuestro viaje y, desde este preciso instante, acabo de penetrar en el paraíso. Esta mañana nos hemos mudado a este increíble bungaló. Atrás quedó la "abominable" playa de Pattaya (claramente el adjetivo es una exageración, porque comparada a playa de las Américas o a playa del Morro de Gos, la de Pattaya se merece una medalla) y el "Thai Style" bungaló del Lee Peah Resort. Por delante de nosotros, cinco días y cinco noches de puro goce (se ruega a aquéllos que hayan encontrado connotaciones eróticas a estas palabras, procedan a leer la nota del autor a pie de página) en Sunrise Beach y en el que yo he bautizado "Nirvana Style" bungaló, del Forra Resort (que no Farra, listillos).

Este bungaló se merece un texto para él solito. Me he gastado lo que me quedaba de batería tomando fotos de cada uno de sus rincones y desde todos los ángulos posibles, pero ninguna le rinde justicia.

Es un bungaló tradicional, construido al estilo de las casas del sudeste asiático. La casa está elevada, descansando sobre una estructura de doce pilares (para que los Astures me entiendan mejor, esto se parece mucho a un hórreo). El principal motivo para este tipo de construcciones es el de protección contra posibles inundaciones (aunque de poco serviría esta medida en caso de Tsunami y toco madera, porque la isla de Koh Lipeh no queda protegida por el escudo geográfico de Indonesia). La elevación ofrece ventajas adicionales, como la ventilación, ya que el aire circula por debajo de la vivienda, y en este caso concreto, las vistas al mar.

Se accede a la casa por una escalera de bambú. La primera estancia es la terraza. Esto también corresponde al estilo tradicional asiático: la terraza sirve para recibir visitas y es también una sala de estar al aire libre, donde las mujeres se pasan el día tejiendo y vigilando a la prole.

Desde la terraza pasamos a la habitación, de techo alto, con cuatro ventanas y dos puertas. El mobiliario es sencillo: un banquillo de bambú, una barra del mismo material con perchas (una comodidad nada común aquí y de la que nos hemos alegrado mucho), dos camas dobles superpuestas. La de abajo tiene mosquitera, mientras que la de arriba (desde la que os escribo) goza de mejores vistas y más aire. La segunda puerta da al baño, un anexo trasero en la planta baja.

El baño no tiene techo y en él hay otra barra de bambú y una cuerda, que se pueden usar para tender la ropa. Lo malo de esa falta de techo es que puede permitirle a algún aprovechado el colarse fácilmente en la casa mientras estamos fuera. La semana pasada se dio un robo, el primero en años (qué mala suerte para los pobres turistas que se quedaron sin tarjetas de crédito ni pasaporte) por lo que nos han recomendado que cerremos bien todas las puertas y ventanas antes de salir (estando yo aquí tumbada, vino un señor esta mañana a instalar pestillos).

Dejando al margen posibles cacos y catástrofes naturales, este lugar es perfecto. Y lo que más me gusta del bungaló, que todavía no he comentado pero que seguramente habréis intuido, es que está enteramente construido con materiales orgánicos: bambú y hojas de palmera. Una auténtica cabaña a lo Robinsón Crusoe.

Esta casa está viva. Respira. El aire entra por todos sus poros. No solo por las ventanas y puertas, que están abiertas a los cuatro puntos cardinales, sino también por el techo, las paredes, el suelo. Un paradigma de Feng Shui.

La verdad, si no fuese porque el hambre aprieta, me quedaría aquí toda la tarde. Mejor voy a comer algo, que pronto van a dar las dos. Eso sí, antes de irme, voy a tirarme media hora cerrando pestillos…

*Nota del autor para los malpensados: Junior está más rojo que una langosta, se queja de quemaduras en la espalda y en las rodillas, tiene un corte en la planta del pie y encima, esta noche volverá agotado de su primer día de inmersión. El que aún crea que mi goce está en el roce, que venga y lo vea.

(Escrito por ella desde Koh Lipeh, Tailandia, 11/02/07)