02 febrero, 2007

Esto no es un arrebato

Definirse es tremendamente difícil. Encontrar el término medio entre ser pedante o simple, engreído o demasiado humilde es obra poco menos que imposible...o por lo menos difícil para mí. Así que sin definiciones, allá vamos...

Esto no es un arrebato.

A mí no se me había pasado nunca por la cabeza tamaño despropósito. La increíble idea nunca se había pronunciado en voz alta en mi casa (es decir, la de mis padres), en mi edificio (aquella casa al lado del cementerio), en ningún centro (teóricamente) educativo al que hubiera acudido, en mi bar (nunca tuve uno especial, aparte de aquéllos en los que ocasionalmente trabajaba algún conocido, ¿por qué limitarse a un local cuando había tantos en Sabugo, Mon o Fomento?), sala de juegos (ah, la de las Meanas, cuántas horas de clase allí disfrutadas), círculo de amigos (los estacionales, circunstanciales, y los permanentes), o en el trabajo (cualquiera de ellos, por cuenta ajena o propia).

No, no era algo habitual ni en mi ciudad norteña ni en la provincia de la que ésta formaba parte. Pero las circunstancias de mi vida cambiaron (renovarse o morir) hace ahora algo más de tres años y con ese cambio llegó también otra forma de pensar y la apertura a nuevas (y antes inconcebibles) ideas.

Primero David, al que apenas conocía entonces y que hoy es un gran amigo, lo hizo. Después, Sergi (ascendido inexorablemente a la misma categoría), que, además, con sus emails alimentaba en mí (y seguro que en más de uno) el secreto deseo de emularle. Luego, los tardíos viajes por Sudamérica, siempre pocos, siempre demasiado breves. Y, finalmente, yo mismo me decidí a hacerlo.

El 21 de Enero, volar a Singapur, como primera etapa de un viaje casi alrededor del mundo. Digo casi porque el grueso del mismo se desarrollará en el Sudeste Asiático (Singapur, Malasia, Tailandia, Camboya, Vietnam, Laos, Myanmar, India, Nepal, China, Mongolia, Australia, Nueva Zelanda, Japón) siendo Sudamérica (de Ushuaia a Iguazú) sólo una opción y porque no pretendemos ceñirnos a un estándar no escrito: visitar por lo menos dos continentes y hacerlo en un único sentido (Este – Oeste o bien Oeste – Este).

A mediados de Octubre confirmé (con seis semanas de antelación) en Accenture que me iba y que el viernes 17, no hace ni siquiera un mes, sería el último día de trabajo. A mi madre se lo dije unas semanas después y, creedme, fue mucho más difícil explicárselo a ella. En Dublín mi decisión generó comprensión y sana envida. En Asturias, estupefacción e incredulidad cuando menos.

¿Qué es esta locura? Siempre me gustó viajar pero cuando trabajaba no tenía tiempo, cuando tenía tiempo no tenía dinero, cuando era (¿aún?) joven era… ¿menos atrevido? No lo sé, y no me atrevo a decir ahora que sea más valiente (¡por lo menos con las chicas!, bueno, antes de mi novia) pero, como el poso que lenta pero inexorablemente se asienta en el fondo de la botella, en mí ha calado el ansia por viajar y conocer otras gentes, otras calles, otros paisajes.

Cuando miro atrás sólo veo columnas de humo. Cuando miro adelante, jungla. Las naves ya se han quemado y no podemos volver. Sólo queda erguirse y levantar orgullosamente la cabeza para continuar caminando.

Ya lo había advertido al principio, “Encontrar el término medio entre ser pedante o simple, engreído o demasiado humilde…” etc, etc.

Aclaro que la idea que preside este blog es transcribir algunos de los detalles de nuestros viajes por Asia. Y digo algunos porque ninguno de nosotros es un reportero profesional ni planeamos ganarnos la vida como redactor de noticias de viajes. Nos centraremos en la experiencia de viajar a través de un medio ambiente completamente ajeno para la mayoría de los occidentales con idiomas de grafía diferente, paisajes exóticos, comida sorprendente y, esperamos, amables nativos.

Pero no os creáis que le pondrán nuestros nombres a ríos y valles o que las tribus relatarán a la luz de las hogueras historias sobre los viajeros de piel pálida que llegaron de un país desconocido más allá de los confines de la jungla. No seremos los primeros en llegar a ningún poblado porque Lonely Planet, Rough Guides y otras casas editoriales tienen ya en el mercado suficientes libros como para hacer relativamente fácil para el viajero el seguir una ruta e ir tras los pasos de los que iniciaron la senda.

Además, ver el otro párrafo, nosotros no trabajamos para National Geographic.

Pero viajar es una experiencia en sí misma. Los conceptos de tiempo y distancia se desvanecerán en la mayor parte de los países que visitemos y no será nada extraño encontrarnos con retrasos de varias horas en trenes y autobuses, festividades locales o nacionales que paralizan una zona o país, averías con las que no se cuenta y otras circunstancias que harán variar nuestros planes. Dice un adagio militar que el mejor plan de batalla dura hasta que se dispara la primera bala…después todo es improvisación.

Flexibilidad y tener la mente abierta son las claves, y las herramientas más importantes, para convertir un viaje en una experiencia y hacerla inolvidable.


(Escrito por él en Dublín, Irlanda, el 14/12/06 y revisado en Avilés, España, el 27/12/06)