28 febrero, 2007

Open Water

Volviendo al tema del buceo, que es lo que ha prolongado nuestra estancia en esta paradisiaca isla de los dos días iniciales hasta los ocho que habrán pasado cuando nos encaminemos a Bangkok, como ya he comentado en Singapur tuve mi primera experiencia de buceo pero aquella media hora me supo a poco. Por eso me he apuntado en Forra para sacarme el PADI Open Water, el segundo nivel (el primero es el PADI Scuba Diver) de la estructura de la internacionalmente reconocida Professional Association of Diving Instructors. La noche del sábado Antoine me dio el libro de texto que me tenía que estudiar y como alumno aplicado que siempre he sido, Isa y yo nos fuimos del bar para cenar en un restaurante en el que proyectaban al aire libre "The Departed" (tenía una cuenta pendiente con esa película de Scorsese: estaba en el menú audiovisual del vuelo de Quantas de Frankfurt a Singapur pero no conseguí ver el final). De vuelta a la habitación, casi a las once, Isa escoge preparar la mochila porque nos mudábamos a la mañana siguiente y a las diez yo salía de Forra, y yo elijo preparar la mochila antes de desayunar y ahora leerme el capítulo 1 para no llegar sin tener ni idea y no pararme ante un tanque de aire y preguntar "¿eso se pone a la espalda o por delante?".

Después de desayunar hay que buscar un taxi, es decir un bote que nos lleve de un lado a otro de la isla. El chaval que lleva el asunto es majete pero me dice que tiene todo comprometido y que tiene que llevar turistas a otra isla y no hay sitio pero me aconseja que pregunte en White Moon, un chiringuito unos metros más allá. Y antes de agradecérselo y seguir sus indicaciones me hago una foto con él porque luce orgullosamente… ¡la camiseta de la selección española de fútbol!. Charlo unos minutos con él pero se me echa el tiempo encima así que a buscar el taxi, como ya he dicho.

Me acerco al chiringuito y veo a tres nativos fumando sentados en sillas de plástico, a dos un poco más atrás atareados con la misma actividad y a la derecha, otros dos que curiosamente no están sentados ni fumando. Me acerco al primero de los tres y le explico que necesitamos un bote para ir de Pataya a Sunrise y llevar a dos personas con su equipaje y que si el nos puedo ayudar con eso.

Entonces se obra el milagro y descubro que por unos minutos soy capaz de entender el tailandés y además con acento del sur del país. Reproduzco a continuación el diálogo que, a juzgar por la entonación, los gestos de las manos y el lenguaje corporal, se produjo dentro del grupo:

(mi interlocutor) "joeeeer…las nueve de la mañana y ya viene uno a darnos trabajo"

(el segundo) "¿Qué pasa? ¿Qué ha dicho el tío ese que está colorado como un tomate?"

(el tercero) "No te enteras de nada, que quiere que lo lleven en bote"

(mi interlocutor) "Pues venga, que lo lleve alguien"

(el segundo) "Yo no, que estoy aquí ocupado con mi cigarrillo y mirando a las turistas blancas"

(el tercero) "La última vez fui yo, a mí no me lieis que es muy temprano"

(mi interlocutor) "No empecemos, coño, que vaya alguien, que si no este pavo no nos deja descansar a los demás"

(el tercero) "Joer, yo he dicho que NO voy, que ya fui la última vez, anteayer"

(el segundo) "Pues yo no voy!!"

(mi interlocutor) "Pues tú vas, y no me calientes más que te meto una yoya que vas a flipar"

(el segundo) "Con lo a gusto que estaba yo" y se levanta refunfuñando.

Mi interlocutor me confirma que me va a llevar el que se ha levantado y mientras él va a preparar su bote yo me voy riendo a buscar a Isa y las maletas. He de aclarar que yo sonreí educadamente durante toda la conversación y que ellos, cuando se dirigían a mí también sonreían los muy vagos. Si es que el calor es lo que tiene, que no anima a hacer esfuerzos…

Una vez llegados a la playa e instalados en la cabaña yo me despido de Isa como si no fuera a verla nunca más (le doy mi pasaporte, una bolsita con dinero y el cinturón monedero con tarjetas de crédito y el resto del dinero) y me voy a Forra. Lo primero, elegir el equipo, un traje corto de neopreno que no deja lugar a la imaginación de ceñido que es, después una máscara que se ajuste correctamente a mi rostro (nariz incluida) y un "snorkel" (¿esnórquel en español?), luego un BCD (Buoyancy Control Device, Dispositivo de Control de Flotabilidad, básicamente un chaleco que se infla con aire de la bombona y se desinfla a voluntad para mantener una flotabilidad positiva o neutra, según se requiera), unas aletas (parezco un payaso con ellas y soy incluso más torpe), un regulador (también básicamente, el dispositivo que lleva el aire del tanque al regulador – lo que se pone en la boca y permite la respiración subacuática), y ya está.

Media hora después llega un bote que nos lleva al otro lado de la isla, a Pataya, para recoger al resto de buceadores y más equipo (hay otra cabaña de Forra en ese lado).Cuando todo está en el bote, nos alejamos de la orilla en dirección a un barco fondeado en aguas más profundas que es el que nos llevará al punto de inmersión, a unos cuarenta minutos de distancia de Koh Lipeh. En mi grupo hay otras tres personas que también se están sacando el mismo título, una pareja suiza y un tipo enorme, André, que viene de Praga. Siguiendo las indicaciones del instructor (Donatien, el delgado y rubio francés que con su novia Pascale llevan el otro Forra) comenzamos a prepararnos pues nos estamos acercando ya. Enganchamos el tanque de aire (que no oxígeno) al BCD, conectamos y comprobamos el regulador, mojamos las máscaras y escupimos en ellas (no es una tradición ni un gesto de gallitos, es que la saliva impedirá que se nos empañen bajo el agua), nos ceñimos (sobre todo en mi caso, que parezco una morcilla) los trajes de neopreno, nos aproximamos a la popa del barco donde hay una plataforma a ras del agua, me coloco torpemente (¿qué esperabais? Es mi primera vez) las aletas y el instructor me dice que salte el primero. Me pongo el regulador en la boca y comienzo a respirar a través de él, la mano derecha sobre la máscara para evitar que se suelte con el impacto contra la superficie, tal y como me ha indicado, adelanto la pierna derecha como si fuera a dar un paso más grande de lo normal o como si fuera un militar en un desfile y…

…ya estoy en el agua pero no en una piscina o en un tanque sino en mar abierto. Inflo ligeramente mi BCD para flotar con comodidad, me quito el regulador y para ahorrar oxígeno respiro usando el tubo acoplado a la máscara. Cuando todos estamos en el agua y el instructor comprueba que no hay nadie con problemas físicos o en el equipo, da la misma señal que los emperadores romanos al gladiador en la arena, el puño cerrado, el pulgar hacia abajo. Desinflamos nuestros BCDs y nos dejamos caer lentamente al fondo, a seis metros de profundidad.

Tal y como nos comentó anteriormente en el barco, allí haremos ejercicios para practicar procedimientos de emergencia, como quitarnos la máscara y volver a ponerla, vaciándola de agua mediante el método de mirar hacia la superficie, apretar la parte superior de la máscara y expulsar aire por la nariz que empujará el agua fuera, también quitarnos el regulador de la boca y dejarlo caer para, sin mirar, recuperarlo y volver a respirar a través de él. También que se siente cuando no hay aire que respirar: el monitor se coloca a tu lado y cierra la válvula del tanque de oxígeno, tú continúas respirando una, dos veces…y de repente no sale nada. Le haces nerviosamente la señal que significa "sin oxígeno" y él rápidamente vuelve a abrir la válvula. Solo pasan dos o tres segundos desde que no puedes respirar hasta que las tranquilizadoras burbujas de aire exhalado vuelven a hacerse presentes y no llegan a ser angustiosos pero sabes que estás a seis metros de profundidad y no al aire libre y eso acongoja un poco.

La mayor parte de la inmersión la dedicamos a eso y después, por fin, una pequeña ruta en la que, sin olvidar los fundamentos (nunca aguantar la respiración, no acercarse demasiado al fondo: la vida marina es frágil) podemos disfrutar del espectáculo que nos ofrecen los corales y sus habitantes: pulpos, caballitos de mar, anémonas (he visto no sólo a un Nemo sino a muchísimos) y peces, de todos los tamaños y colores, grises, azules, rojos, verdes, estilizados, gordos, delgados, pequeños, de casi medio metro…55 minutos pasan volando y hemos llegado a estar a nueve metros.

Por la tarde hacemos una segunda inmersión pero más corta pues otro buceador tuvo un problema con su equipo, nada serio pero la prudencia es la principal regla a seguir cuando uno quiere disfrutar del mar. Apacible a veces, irascible otras, nunca puedes estar seguro de con qué humor te recibirá o despedirá el océano.

El programa del curso incluye tres días de buceo y además clases teóricas. Podrías dedicarle sólo tres días a todo pero salimos a bucear a eso de las diez de la mañana, comemos en el barco, y no volvemos a la isla hasta las seis de la tarde con lo que no quedaría mucho tiempo para estudiar los cinco temas así que la mayor parte de la gente hacemos el curso en cinco días para dedicarle un par de ellos a la teoría. Pasado mañana será mi tercer y último día de inmersiones y cuando volvamos me queda el examen. Son cincuenta temidas preguntas que, si consigo contestar correctamente (un poquito de ayuda divina, por favor), me darán más que un título o un carnet. Me dan la llave a un mundo de ingravidez y vida, de colores y movimiento, de maravillas y novedades por descubrir en mis futuras inmersiones.

Dedicado a mi amigo Sergi, que también ha estado allí abajo.

(Escrito por el en Koh Lipeh, Tailandia, el martes 13 de febrero de 2007)