02 febrero, 2007

Desde Malacca/Malaka

Esta mañana me he dado mi primera ducha malaya y ha resultado mejor de lo que esperaba. En esta zona del mundo que el agua esté caliente les parece a los locales un absurdo y un gasto superfluo e innecesario. También que el retrete tenga una taza, pero eso es otra historia. Mi experiencia ha sido menos desagradable de lo que me temía, con un comienzo lento y frío pero que al poco rato era bastante más que tolerable (sigo hablando de la temperatura del agua, lo de los servicios y en particular la temperamental cisterna de nuestro hostal ya lo comentaré en otra ocasión). Aseguro sin temor a equivocarme que más fría era el agua de las duchas en la piscina de Hospital de Órbigo.

Si el calor sigue apretando conforme viajemos por Asia, creo que podría llegar a acostumbrarme (nota mental: revisar este párrafo dentro de un par de meses a ver cuan equivocado estoy). Pero de día el calor es un problema entre las diez y las seis aproximadamente. Isa (que ahora duerme apaciblemente a mi lado mientras yo aporreo el teclado lo más silenciosamente posible) y yo iniciamos una rutina en Singapur para intentar que nos afectara lo menos posible: siesta al atardecer. El merecido descanso tras un día de paseos, caminares y visitas y antes de volver a salir del hostal. A eso de las nueve solemos buscar un sitio para cenar, al aire libre como no podía ser menos por el clima y las costumbres locales, y luego paseamos hasta tarde.

Al principio la culpa era del Jet Lag. Aterrizamos en Singapur el lunes a las seis y cuarto de la tarde y llegamos al hostal casi hora y media después, sin haber salido al exterior más que cinco minutos antes de llamar al timbre (todo el trayecto se realizó dentro del Aeropuerto, con el Skytrain que comunica las terminales y luego, con varios transbordos, en el MRT, el maravilloso Mass Rapid Transport que sería la envidia de cualquier sistema de Metro o tren urbano de Europa o USA). El caso es que esa noche no conseguimos, literalmente, dormir. Los siguientes días dormíamos siestas de tarde, salíamos a dar una vuelta y no volvíamos al hostal antes de las tres de la mañana.

Dado que la diferencia con España es de 8 horas, a las 03.00 son en la Península las 19.00 y es una hora tan buena como otra cualquiera para llamar a casa y dar una sorpresa harto agradable tanto a los padres de Isa como a mi madre. Aunque, como queda claro, la idea principal era disfrutar de la ciudad cuando la temperatura, aunque alta, resultaba soportable. Hemos tenido 30 grados de día y sospecho que ha habido momentos en los que llegábamos a los 32. De noche la temperatura baja cinco o seis grados, y, creedme, el cambio se agradece.

No os imaginéis que los cielos están despejados y el sol brilla constantemente. Sí, hay sol, pero alternando con nubes puesto que la humedad ambiente está entre el 70 y 80%. Casi todos los días ha llovido, pero eso es una bienvenida novedad. Además, las lluvias (excepto esta tarde) no han sido ni intensas ni durante largo tiempo. El calabobos, chirimiri o nuestro asturiano orvallo son más molestos que la fina capa de gotas que por aquí llaman lluvia. Excepto en esos momentos en que el cielo abre sus puertas y la jungla y la ciudad reciben en unos pocos minutos lo que en algunas partes del mundo cae en un mes.

Previsoramente, en Singapur todos los centros comerciales y tiendas de mediano tamaño colocan a la entrada de los establecimientos unas fundas de plástico para que los clientes puedan introducir en ellas sus mojados paraguas y, continuando con ellos en la mano en vez de utilizar algún paragüero de manufactura local, realizar sus compras. Y vaya si compran. Y vaya si aquí se vende. Fue en Orchard Road donde me compré las imprescindibles sandalias y ésa, amigos, es una kilométrica calle flanqueada a ambos lados por una sucesión de centros comerciales de respetable tamaño que, a modo de gigantescos y grises árboles, jalonan las aceras hasta más allá de donde alcanza la mirada. Y siguen construyéndolos.

Sí, el crecimiento de Singapur no se detiene y por todas partes se veían grúas construyendo específicamente edificios de oficinas y más, mejores y más bonitos templos al consumismo. Desconozco si los arquitectos son locales o europeos pero sus obras son más que admirables. Pasear entre los rascacielos de Suntec City o del distrito financiero no tiene nada que envidiar a la misma sensación reproducida en Manhattan. Pero el diseño de los edificios es increíble.

Algo de lo que tendrían que tomar nota los ingenieros de otros países: en Europa se construye el Metro con las vías en medio y los andenes a los lados. Consecuencia: si te equivocas al bajar unas escaleras, tienes que dar un rodeo, desandar el camino y perder cinco o diez preciosos minutos. Aquí el andén está en medio y en uno de los lados pasa el MRT en una dirección mientras que en el otro lo hace en dirección opuesta. Sencillo, ingenioso y eficaz.

¿Billetes de Metro tirados por el suelo? Aquí eso no existe pues el papel ha dejado paso al plástico. Puedes optar por una tarjeta EzLink que es recargable y sirve para MRT, LRT y bus o, si la frecuencia de uso de esos medios de transporte no lo justifica, te puedes comprar un ticket de un solo uso…que es una tarjeta de plástico que añade al importe del trayecto la cantidad de S$ 1 en concepto de depósito. Antes de abandonar la estación de destino te acercas a la misma máquina, introduces la tarjeta y te devuelve el importe del depósito. El viajero no pierde dinero, se abaratan costes, el sistema es más ecológico y las estaciones ganan en limpieza.

Tonterías en las que uno piensa cuando da vueltas en la cama a las cinco de la mañana: he visitado cinco países en siete días y las últimas tres veces que me he afeitado lo he hecho en tres países distintos. No, no ha sido una maratón. El viernes pasado volaba, afeitado, de Madrid (España) a Dublín (Irlanda), El domingo, afeitado, de Dublín (Irlanda) a Frankfurt (Alemania), donde cogíamos un vuelo de Qantas a Singapur. Ayer me subía, afeitado, a un autobús que nos llevaba de Singapur a Melacca/Malaka (Malasia). Y, eventualmente, aquí también me afeitaré o Isa me dará más collejas de las que ya me da.

En el siguiente post escribiré algo más de nuestra estancia en Singapur (creedme están mucho más avanzados que en Europa y me imagino que sólo por debajo de Corea del Sur y Japón) y continuaré hablando de Malasia, el país en el que ahora nos encontramos.

(Escrito por él desde Melacca/Malaka, Malasia, 27/01/07)